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Desde que Jennifer contorneó sus majestuosas caderas a ritmo de salsa para encarnar a la malograda Selena en el cine, la carrera de esta puertorriqueña de rasgos latinos, insaciable ambición y adicta a las emociones fuertes y las malas compañías, es imparable. A Jennifer Lopez, bautizada irónicamente "Lopatra" por sus aires de inaguantable Diva, no se le resiste ni nada ni nadie, y como el Rey Midas, tiene la propiedad de convertir en oro todo lo que toca (tendríamos que someter a un examen anatómico a su Ben Affleck). Sin embargo, los orígenes de este ciclón de rebosante sexualidad y apetito voraz, no se sitúan en el rico Manhattan, sino en el humilde barrio del Bronx, donde nació un caluroso 24 de julio de 1970. Convencida desde niña de sus dotes de bailarina y cantante, Jennifer buscó su sitio en este competitivo mundo entrando por la puerta de servicio: audiciones, papeles secundarios en series de televisión hasta que consiguió el papel que marcaría el punto de inflexión en su vida: Selena. Le valió una nominación a los Globos de Oro, la disolución de su primer matrimonio, un sueldo de 1 millón de dólares y un contrato para grabar su primer álbum, On The 6. El resto ya es historia: el éxito más rotundo, unas horas en la cárcel junto a su ex Puff Daddy por tener el gatillo demasiado suelto, la calificación de latina más poderosa de Hollywood por la revista People y además, el sambenito de ser una de las mujeres más sexys de la faz de la tierra. Ahora, consolidada su carrera cinematográfica, musical y su faceta de empresaria, Jennifer parece decidida a pasar por tercera vez por la vicaría. El afortunado es Ben Affleck, que ha tenido que aceptar un contrato prematrimonial de aúpa. Todo sea por amor...
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