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Algo pasa con ella. Parece un angelito azucarado, pero bebe como una esponja, fuma maría y sale de feúcha en películas independientes. La niña preciosa de Hollywood, la rubita angelical, la novia de América con permiso de Julia Roberts, parece que le tiene alergia al mote de sex symbol. ¿Por qué Cameron no es tan dulce en la vida real como en la pantalla, al estilo de la Roberts? Pues todo es cuestión de carácter y de educación. Creció en las playas de California, pero no salió vigilante, ni surfista ni patinadora. En sus años mozos y aunque cueste de imaginar, era bastante patito feo (los niños le llamaban "skeletor"). Así que Cameron creció bastante lejos del mito de adolescente guapa, pija y tontona de California. El azar, como en la mayoría de los casos, hizo que se tropezara con un cazatalentos que quedó admirado ante la incipiente belleza de porcelana que tenía delante. Así fue como con 16 años se vio, de la noche a la mañana, en Japón haciendo anuncios de lavadoras. Cameron se curtió en la segunda división B de la publicidad, hasta que su agente tuvo una revelación, ya de vuelta a los Estados Unidos. "Preséntate a este cásting", le dijo. Estaba habituada a casi todo, pero le pareció una idea bastante lamentable. Pero lo hizo y salió bingo: la eligieron para acompañar a Jim Carrey en "La máscara". Y eso que sólo aspiraba a un papelito pequeño, pero cuando la vio el director le desmontó los esquemas. "Ésa es la prota, la quiero". Hollywood tenía una nueva muñeca. Una sensual belleza de pelo dorado, sonrisa cegadora y cinegenia apabullante. Su estrella empezó a subir con papeles como "La última cena" o "Ella es única". Pero el momento de la rubia californiana le llegó de la mano de dos perversos y perturbados hermanos que respondían al nombre de Farrelly. Su carrera empezaba a despegar y un guión llegó a sus manos: "Algo pasa con Mary". Los Farrelly le dejaron claras un par de cosas antes de empezar: "No era cuestión de llegar al set de rodaje y soltarle de golpe a tu estrella que se tiene que poner semen en el pelo". Esa hilarante escena ya es parte de la historia escatológica del cine. Cameron ha demostrado ser inteligente y se ha sabido mover perfectamente entre las cenagosas aguas de la meca del cine. Es una estrella admirada por su perfecta belleza que la asemeja más a una Barbie de Matel que a una mujer de carne y hueso, sin embargo, ella continúa haciendo lo que más le gusta: actuar, salir de noche, tener sus ligues y por su puesto, ser una deslenguada.
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