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Alejada de las pasarelas, Naomi Campbell invierte su tiempo entre gestos solidarios, idilios de pasión y compromisos profesionales. Se ha ganado el mote de Diva, neurótica de carácter imposible y enemiga número uno de la prensa. Sin embargo, Naomi tiene algo especial que nos arrastra a su paraje de tierras movedizas para pasar a ser la presa de su festín. Su belleza étnica, cóctel explosivo de las raíces jamaicanas y chinas de sus ancestros, es su carta de presentación. No obstante, su currículum no tiene desperdicio: top model, empresaria, eterna aspirante a actriz, protagonista de idilios tempestuosos, acusada de agredir a un ayudante, sospechosa de peligrosos flirteos con la droga... Y es que el mote de la Pantera Negra y promete ser de garras y fauces muy afiladas. Definitivamente, hay algo especial en Naomi Campbell, algo que va más allá de su facilidad para seducir, desfilar y mantenerse en la cresta de ola a sus 31 años. Ese algo suyo es, por descontado, su aura, su atracción por el riesgo y una aplastante seguridad en todo lo que hace, "siempre doy lo máximo, es una actitud que me divierte, me reafirma como mujer y rompe los esquemas a la gente de lengua viperina". Y es que parece ser que sólo Naomi posee este don animal. Descubierta a los 15 años, esta británica de cuerpo atlético, piel de chocolate agridulce y apetecibles labios, siempre ha estado en el ojo del huracán. Primero, vinculada al mundo de la moda, consolidándose como una de las top models de los 90. Años más tarde, y cuando la treintena empezaba a asomar la nariz, apostó por acercarse al cine, sin mucha suerte, ya que sus intervenciones han sido en papeles más que minúsculos. Aunque si los rumores no mienten, pronto la veremos en un papel con más metraje. Más recientemente, se ha unido a la Fundación Nelson Mandela, con la que organizó en Barcelona Frock& Rock. Y siempre, entre los brazos de quienes han conseguido sobrevivir a sus devastadoras garras. Entre ellas, el bailarín Antonio Cortés, que rompió el corazoncito a la Diosa de Ébano. Sin embargo, Naomi sale al paso de su mote de devora hombres, y asegura que "no soy la bruja mala malísima que va enamorando hombres para después abandonarlos cuando le place. La vida no es un cuento de hadas, y a veces las relaciones funcionan, y otras no".
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