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Charlize Theron ha conseguido demostrar que es mucho más que un rostro bonito, unas piernas interminables y un cautivador trasero. Y es que lo primero que conocimos de Charlize fue su indómito culo que, ajeno a lo que ocurría en su retaguardia, se asomaba tímidamente de entre la falda mientras ésta se deshilachaba. Era el primer anuncio de la nueva campaña Martini, y Charlize se encargó de lanzarlo a la fama. Contra todo pronóstico la historia de esta afrikaner de 26 años no es la de la típica chica mona de California que pasa su adolescencia entre playas de dorada arena, clases de surf y concursos de camisetas mojadas. De padre francés y madre alemana, Charlize nació el 7 de agosto de 1975 en Beloni, Suráfrica, criándose en una solitaria granja alejada de las playas, el bullicio y la dictadura de la belleza. A pesar de este idílico entorno, su infancia no fue precisamente un cuento de hadas. Cuando era una adolescente su madre mató de un disparo a su padre, un trágico incidente que alejó a Charlize de su hogar, y con sólo 16 años se trasladó a Milán a trabajar como modelo. Su carrera de maniquí fue muy corta, sólo un año aguantó bajo los focos, porque no quería crecer como "una chica guapa que no sabe articular una palabra". Y consiguió distanciarse años luz de este estereotipo, ya que actualmente conoce a la perfección 2 lenguas y chapurrea otras 26. Sin palabras no se quedará. Tras abandonar la pasarela, y con tan sólo 18 años, Charlize decidió retomar su gran pasión: la danza. Sin embargo, el futuro le reservaba a esta musa de belleza griega un devenir alejado de las zapatillas de punta. Una lesión en la rodilla le apartó definitivamente del ballet, pero otra puerta se abrió ante sus azulados ojos: el cine. Charlize no tardó en meterse en la rueda de la fortuna del celuloide, y a las pocas semanas su boleto resultó agraciado. Un agente la descubrió en la cola de un banco de Los Angeles mientras, descontenta porque no aceptaban abonarle un cheque, entró en cólera y montó una rabieta que hizo las delicias del agente. Su buena estrella empezaba a iluminarse. Tras trabajar con Woody Allen en "Celebrity", una lluvia de ofertas empezó a caerle del cielo y Charlize supo aprovechar la racha eligiendo con acierto los proyectos en los que tomaba parte. Prueba de su talento como actriz está que Woody la volvió a llamar para participar en la película "La maldición del escorpión Jade". Un papel que se aleja de la personalidad de esta adorable criatura, ya que Charlize es una belleza de ensueño que se comporta, fuera de escenario, como la chica pueblerina que es: "en mi vida diaria estoy deseando ponerme los vaqueros, llevar zapatillas y conducir mi Harley". ¿Me subes, baby?
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