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Había una vez una jovencita inglesa que quería ser famosa. Una amiga la animó a participar en una sesión de fotos con un fotógrafo y, de la noche a la mañana, se encontró posando para la página tres del diario sensacionalista británico Sun, puerta a la fama para no pocas compatriotas suyas. De hecho le cogió tanto cariño al medio que Jordan se ha convertido en una experta en utilizar el escándalo en letras de tinta como el camino más corto hacia la popularidad. Romances sonados con varios futbolistas (no eras nadie en el vestuario del Manchester si no habías salido con ella), cantantes de rock, presentadores de televisión y broncas con otras famosas como la ex-Spice Girl Victoria Beckham, con quien se enzarzó en una discusión porque Jordan dijo que con mucho gusto saldría con el futbolista David Beckam. Pero para recrear las polémicas historias de sexo y dinero que acapararan portadas, Katie Price necesitaba un personaje, alguien que tapara lo que realmente pensaba y sentía la jovencita nacida el 22 de mayo de 1978 en Brighton. Y a su lado oscuro, lo llamó Jordan. Neumática, sensual, sin pelos en la lengua, promiscua, sin intimidad, rica y famosa... El personaje más agradecido de la comedia de la vida del famoseo, la chica que fue capaz de saltar de un catálogo de sex-shop a pasearse como una diva entre los paddocks de la Fórmula 1 seduciendo con su desparpajo y sus curvas a la cámara. Y es que el animal más fotogénicamente sexual (después de Pamela Anderson) es esta inglesa exuberante. Todavía como Katie Price se hizo unas fotos para un especial de Playboy, aunque no sería raro que pronto la veamos como chica importante en la revista del conejito, porque ya ha aterrizado en la Mansión de Mr. Hefner, tomando posiciones. Katie Price es una superviviente descarada de sólo 23 años que vive deprisa e intenta buscar su sitio en el mundo por la vía rápida. Su alter-ego, Jordan, es una pin-up construida (literalmente) para hacer realidad los sueños húmedos de cualquier hombre.
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