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Su imagen está presente en los dormitorios de los y las adolescentes, desde América a Ásia, y su estilo se ha convertido en moda, casi en idolatría. Las cancioncillas comerciales y su coreografía sexy pueden no convecer a alguien que haya pasado la veintena, pero lo cierto es que hay que reconocer que Britney es toda una empresaria. O por lo menos su madre, que ha guiado sus pasos artísticos desde que la niña gateaba. Era casi una lactante y ya cantaba en el coro de una iglesia. Así que a los ocho años, su madre la llevó a un concurso de nuevos talentos y a un casting de presentadoras del Mickey Mouse Club, pero no fue la escogida por ser demasiado joven. Sin embargo, un avispado ejecutivo se dio cuenta (ya es mucho prever) que la niña prometía, así que la ayudó a buscar un agente y la enroló en una escuela de Danza y Arte de Nueva York. Y como quien la sigue la consigue, tres años más tarde pudo entrar en el Mickey Mouse Club, donde hasta los 14 años demostró que había nacido para actuar delante de una cámara. Tras dejar la familia Disney tuvo un inicio en la adolescencia más o menos común. No obstante, Britney tenía muy claro dónde quería llegar y siguió luchando por conseguirlo. A los 17 años la ficharon en la discográfica Jive Records, y en 1999 lanzaron su Baby one more time. Se presentó ante nuestros ojos como una pícara colegiala con coletas, blusa desabrochada para lucir unos pechos demasiado desarrollados para su tierna edad y perversa minifalda a lo lolita. Y así fue como vestida con uniforme de escuela católica, Britney Jean Spears se convirtió en el icono estético y musical de una generación que pugnaba por ir de niña a mujer. Había nacido una estrella. Desde entonces ya ha sacado dos discos más, ha rodado su primera película, Crossroads, y ha cautivado hasta a la que fue su modelo aspiracional, Madonna. Incluso ha tenido tiempo de mantener una relación estable y casta, aunque ahora ha revelado, por fin, que mantenieron relaciones sexuales, con Justin Timberlake. Dejando de lado el morbo sobre el origen de sus pechos, crecidos de la nada según ella y operados según la lógica Barrio Sésamo (antes-después, pequeño-grande), lo cierto es que si admitimos que hay un Imperio de la Globalización, tenemos que admitir que su reina se llama Britney Spears. Y ahora, con 22 añitos y tras superar su ruptura sentimental-sexual con Justin, parece dispuesta a no dejar títere con cabeza. Temblad, hombres, que Britney ha regresado y está hambrienta de besos.
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