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Sin embargo, Anna no es sólo una atleta, una cara bonita de anuncio o una lolita terriblemente seductora. Peor aún, es todo eso y más. Nacida el 7 de junio de 1981 en Moscú, Anna empezó en el tenis por prescripción familiar, porque creían que era un deporte muy sano. Cosas de la vida, a la joven Anna se le daba bien eso de darle a la pelotita y empezó a despuntar en torneos locales y menores en la Madre Rusia. Hasta que en 1992 se trasladó con su madre a Florida para entrenarse en la Academia de Tenis de Nick Bolletieri. Fue tres años más tarde cuando Kourni se convirtió en jugadora de tenis profesional, y aunque cosechó algunos títulos, nunca se caracterizó por su juego brillante. Quizás los destellos de su dorada cabellera al viento le impedían ver la bola en la cancha. Sea como sea, en un plis plas Anna pasó a convertirse en el rostro más buscado en los torneos, en la foto de portada de la prensa deportiva, en el bien más preciado de las marcas publicitarias (Adidas, Omega, Berlei...), que estaban dispuestas a pagar cifras prohibitivas para tener a Anna entre sus adquisiciones, e incluso el sitio de Internet Lycos la nombró la atleta más popular de Internet, relegando a la segunda posición a Michael Jordan. Había nacido una estrella, aunque su estela se pronosticaba efímera. No para ella, que parece desconocer lo que es la humildad o, al menos, el sentido común, cuando sentenció: "soy bella, famosa y espléndida". Ni más ni menos. Ésta es la escueta, eso sí, prepotente, carta de presentación de la que ha sido reina de la cancha de tenis durante más de cinco años. Y enfatizo HA SIDO porque a la bella Anna se le empiezan a tambalear los cimientos de su Olimpo de Diosa de Tenis. Las alarmas se dispararon en el pasado Torneo de Wimbledon: Anna no sólo quedaba descalificada en la primera ronda, sino que además, era desbancada de su 'pole' de reina de la belleza por la eslovaca Daniela Hantuchova, bautizada como las "Piernas de Eslovaquia". Los fotógrafos dejaron de rendirle pleitesía ciega a Anna y sus objetivos empezaron a buscar con ansiedad a esa Daniela que, además de poseer cualidades estéticas, juega al tenis, que por algo es tenista. Sin embargo, la alerta roja la dio el periódico británico 'Daily Mail', que aseguraba que Daniela había sido votada como "la tenista cuya mera presencia conseguía acaparar las más altas cotas de interés sexual de los torneos". Definitivamente, Anna tenía un problema, porque su gran reinado de naipes se sustenta, en gran medida, en ser la reina de corazones y del 'glamour' de la cancha, y si la reina se queda sin trono, la corte de anunciantes se esfuma. Al menos así se lo ha comunicado Adidas, que podría rescindirle el multimillonario contrato si no empieza a ganar torneos. Aunque para ello, la bella y delicada Anna tendría que transformar su armónica figura femenina en una anatomía más angulosa y musculosa, trámite por el que ella no está dispuesta a pasar, "¿como Serena o Venus? Ni hablar, no quiero ser una marimacho", sentenció en una ocasión. Es muy fina, la niña. En esta encrucijada se encuentra Kourni justo el año en que todo parecía irle de maravilla. Había conseguido hacer un cameo en una película (su gran sueño es ser actriz), había participado en el vídeo 'Escape' de Enrique Iglesias, con el que además, iniciaba una tórrida relación sentimental dejando a la estacada al que se rumoreaba como futuro marido, Sergei Fedorov, y la revista 'FHM' la situaba en la primera posición de las 100 mujeres más sexys de 2002. Llegan malos tiempos para la tenista más fotografiada e idolatrada de la historia de este deporte. Aunque quien tuvo, retuvo.
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