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Adriana Lima no es una modelo al uso. Su voz es aún la de una adolescente, con extraños es muy tímida y una de sus pasiones es zamparse comida china a medianoche. Esta joven promesa de las pasarelas, nació hace apenas 20 años en una pequeña localidad brasileña donde la marginalidad estaba al orden del día, y por descontado, la posibilidad de verse sobre una pasarela luciendo los mejores trapos de los diseñadores más cotizados internacionalmente no entraba en sus planes de futuro. Sin embargo, el azar y su incipiente belleza púber, jugaron a su favor. Tras quedar en segunda posición en 1996 en el Ford Supermodel of the World Contest con apenas 16 años, la agencia Elite le puso el ojo a esa jovencita de figura atlética que exhalaba erotismo por cada poro de su acanelada piel. Fue entonces cuando el destino de Adriana cambió de rumbo radicalmente. Abandonó su ciudad natal para trasladarse al corazón del 'glamour', Nueva York, donde empezaron a lloverle los contratos con las firmas más 'in' del momento: Guess, Emporio Armani, Valentino, Fendi... Su belleza exótica fue portada de un sinfín de revistas, tanto de moda como masculinas, que habían hallado en Adriana la esencia del espíritu salvaje y libre. A pesar de estar subida en el dólar, esta modelo no ha olvidado sus orígenes humildes y, como otras celebridades al estilo de Penélope Cruz, Salma Hayek o Angelina Jolie, dedica parte de su tiempo libre y de sus arcas a ayudar a los huérfanos y niños de la calle de Brasil. Sin embargo, la consolidación de Adriana en el mundo de la moda llegó hace un par de años con el Show de lencería de Victoria’s Secret. "¿Quién era esa chica descarada y de mirada felina?", se preguntaban los pocos que aún no la conocían. Adriana empezó a brillar con luz propia esa noche, y aunque su popularidad no es equiparable a la de su compatriota Gisèle, forma parte del selecto club de modelos brasileñas que han sepultado bajo sus pies los hieráticos cánones de belleza de la moda. Ahora, el exotismo cotiza en la pasarela, y este clan de preciosidades tiene mucho que ver.
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