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Rebecca es de esa clase de mujeres con las que, si tuvieras la oportunidad de pasar una hora a solas, no sabrías por dónde empezar. Sus ojos de un onírico azul turquesa, su figura atlética aunque delicadamente femenina, su dorada melena cual campo de trigo en verano, sus labios de un sabroso melocotón silvestre… Cuando consigues desprenderte del embrujo que exhala su belleza de altura el tiempo se ha agotado y ante ti sólo queda un reloj que te recuerda que 'tempus fugit', y el sabor amargo de quien tuvo a su alcance a la novena maravilla del mundo. Y es que ante esta diosa incluso las brújulas pierden el norte. Quizás por eso Melanie Griffith no se apartó ni un segundo de Antonio durante el rodaje de 'Femme fatale', no fuere que la tal Rebecca la obligara a deshacerse del tatuaje hortera 'Antonio forever'. Aunque antes, Banderas se las tendría que haber tenido con John Stamos, marido de Rebecca desde 1998 y del que ha adoptado además el apellido. Rebecca Romijn, antes de ser Stamos, era una chica californiana nacida el 6 de noviembre de 1972 en el seno de una familia hippy, para quien la moda se cernía a elegir sus zapatillas deportivas. Eso cambió en 1995, cuando decidió firmar un contrato por una modesta agencia de modelos de San Francisco con el fin de poder pagar sus estudios de música. En poco tiempo, Rebecca pasó de ser una estudiante modélica a una modelo estudiantil. Sin embargo, no se dejó impresionar por el mundo de la alta costura, que la tentaba con sus mejores contratos, y decidió tomarse su tiempo para terminar sus estudios. Pero sin dejar de trabajar: en 1996 se convertía en modelo del catálogo de lencería de la prestigiosa firma Victoria’s Secret, un privilegio limitado tan sólo a las mujeres más bellas del planeta. Equivalente tal vez al de aparecer en el especial Bañadores de Sports Illustrated. Su debut fue en 1996, aunque se ha convertido en casi una incondicional de esta publicación que, en 1999, la eligió chica de portada ataviada con un bañador pintado sobre su piel desnuda. Como de ambición no le falta a este bellezón, le echó el ojo al mundo del espectáculo, y tras hacer algún que otro cameo en las series 'Friends' y 'Just shoot me', así como participar en la primera película de la saga 'Austin Powers' haciendo de ella misma, Rebecca tuvo por fin su oportunidad. Fue en 'X-Men', aunque ni sus dotes comunicativas ni su hipnótica belleza tuvieron mucho que ver en el cásting, ya que interpretaba al mutante Mystique: un bicho azul que no articulaba palabra. ¿Quién dice que los inicios son fáciles? En su anterior film, Femme Fatale, Rebecca ha recuperado la forma humana y el habla, aunque seguro que con su papel consigue enmudecer a los espectadores. La película, según dicen los expertos, contiene las escenas lésbicas más ardientes jamás rodadas para un film de índole comercial.
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