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La post-post modernidad, o todo sobre Boris

Ensayo
Boris Izaguirre

Morir de Glamour
Editorial Espasa
245 páginas
2.500 ptas.

Después de Azul Petróleo, Boris Izaguirre vuelve con Morir de glamour. Un ensayo que representa la búsqueda del auténtico significado del glamour, a través de un profundo análisis de la sociedad en la que vivimos. En la que es su tercera obra, este venezolano vuelve un poco a sus orígenes y se erige como cronista de nuestro tiempo y del momento en el que vivimos. Todo aderezado con anécdotas personales que muestran el lado más humano de esta mega-estrella de la televisión.


por Noemí Jansana
Redacción BCN

 












"Cuando soy buena, soy muy buena, pero cuando soy mala, soy mucho mejor". Esta frase, pronunciada con la espesa voz de Mae West a un joven Cary Grant en No soy ningún ángel, podría resumir perfectamente la carrera artística de esta revolucionaria actriz. La opulenta rubia platino es una de las embajadoras del glamour del Hollywood clásico ya que, según afirma Boris Izaguirre, "la exageración, al ser más primitiva, es por ende más real, y por eso más inspiradora". Es indiscutible que si existe una palabra que defina a la West es exageración.


El glamour y ser perra tienen que ver...


Perra, sin más (...) Es insistiva y salvaje. Si algo le agita su subliminal "coño fagocitdor" no hay nada que hacer salvo temer y disfrutar (...)
Perrita, que es usted, querido lector, que está aprendiendo. Son mucho más peligrosas porque no tienen miedo a los errores (...)
Megaperra, que soy yo, por ejemplo. Un tipo de persona que ha encontrado la manera de burlarse de todo sin dejar cicatrices (...)

¿Es esto el glamour? O, ¿tal vez esconde algo más? Morir de glamour representa, a simple vista, un análisis sobre esta sustancia e insustancia, esta totalidad y este vacío, combinación de clase, "camp", "chic", "in" y, por qué no, vulgaridad.

Pero esta premisa no es más que el "McGuffin" a partir del que Boris Izaguirre se permite reflexionar sobre prácticamente todo: la sociedad occidental y, en especial, la española de estos últimos 50 años; las costumbres más íntimas y las convenciones sociales al uso; la política de aquí y de todas partes; los mitos, los grandes personajes... Un ensayo en el que nadie ni nada se salva, ni de su "lupa", bautizada como glamour, a través de la que analiza el presente, ni de su irónica y burlona manera de interpretar la vida. Para que luego la gente no se tome en serio a las estrellas de la tele...

Su pluma, aparentemente frívola, se aprovecha de su imagen de superficialidad para atreverse a emitir juicios que podrían acabar con la reputación de persona cuerda, de cualquiera. Boris es capaz de afirmar que todo el mundo sueña con practicar sexo en la oficina, que el Hola es como la Biblia en España o de equiparar a Louis B. Mayer con Hitler. ¡Paren las alarmas!, porque tampoco hay para tanto, ya que el "juicioso" Boris no pretende ser tan irreverente -o tal vez sí- como para no justificar tal comparación. Es un hombre de recursos y para todo tiene explicaciones razonadas, que, si bien descolocan, también inspiran la confianza de quien expone una nueva e interesante teoría.

Estos ejemplos sirven para dar una idea de cómo trata Morir de glamour al lector: uno es vapuleado constantemente y bombardeado por ideas e historias chocantes. El autor se lo pasa en grande con giros y sorpresas en su discurso y las digresiones en las que Boris se va por las ramas y cuenta cualquier anécdota, son una constante. Dicho esto, queda claro que el ensayo no es nada aburrido. A los cinco minutos de haber empezado la lectura, uno se sobresalta pensando que ha dejado la televisión encendida y que el Boris "locaza" ya está haciendo de las suyas. No se confunda, y es que el chico escribe igual que habla y, a veces, se consigue tal comunión con el texto que a uno le parece que es Boris en persona quien se lo está contando.

Todo puede ocurrir en Morir de glamour. Desde un Rocío en casa de la Pantoja, una visita al Lerele, o una conversación telefónica con Isabel Preysler mientras ella se seca el pelo. Morir de glamour también franquea la entrada a la casa de los Bosé o permite subir en coche de caballos con Loles León, asistir a mil fiestas y vivir la noche madrileña, barcelonesa o de dónde sea. Para los que andamos perdidos en lo sencillo y lo anodino de la vida cotidiana, se convierte en un cuento de hadas a través del que nos llegan los ecos de los palacios, las casas y los banquetes de las cenicientas y cenicientos modernos.

Así es Morir de glamour, una especie de comedia de enredo algo alocada, en la que los personajes desfilan, se cruzan y se intercalan. Unas veces descarada y rebelde; otras incisiva y brillante... Pero, ¿qué es el glamour sino el escándalo inteligente y bravucón? Y, ¿qué imagen ha dado siempre Boris Izaguirre sino la de un provocador? o, como él mismo se define en el libro, una "megaperra" que es ese tipo de persona que "ha encontrado la manera de burlarse de todo sin dejar cicatrices".

Si algo tiene esta obra es que es coherente con la naturaleza de su creador, ya que, entre líneas, también se vislumbra la auténtica personalidad de Boris Izaguirre, a través de pequeñas anécdotas y confesiones que salpican la narración. Él mismo ha catalogado este libro de "memorias precoces" ya que abundan los datos sobre su infancia y adolescencia en Caracas, primera juventud en Nueva York -donde conoció a personajes como Isabella Rossellini-, sus primeras (y muchas más) fiestas locas, cómo conoció a Xavier Sardà... Incluso es posible que el lector que más consiga profundizar se quedare con algo del espíritu del auténtico Boris Izaguirre. O tal vez no. Tal vez sea una nueva broma y no muestre más que otra de sus máscaras.

Y es que Boris es una mezcla explosiva en persona y en su ensayo: un poco un cuenta-cuentos, un cronista, un biógrafo y un filósofo cuyo lema es "La vida es una fiesta y el mundo una tendencia". Y para quien no le haya quedado claro, parafraseando a Maruja Torres en la contra de El País: "si la realidad vuelve a darles en la cara con su muro de plomo, háganse un favor: cómprense el último libro de Boris Izaguirre y devórenlo sin dejar de saborearlo".

Presentación del libro en Barcelona
Boris Izaguirre, cronista del milenio
Sobre perras, perritas y megaperras


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