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El desconocimiento
de este nuevo universo terminológico puede llevarnos, además de a la
exclusión involuntaria de entretenidas charlas sobre nuevas tecnologías,
a desagradables situaciones en las entrevistas de trabajo, donde ya
no basta defenderse con los procesadores de texto y gestores de bases
de datos tradicionales.
El actual mercado
laboral e incluso las nuevas formas de socialización han puesto
de moda la necesidad de "apuntarse al carro" de Internet. Nuevos conceptos
como el de analfabetismo tecnológico equiparan el desconocimiento
en materia de nuevas tecnologías a los tiempos en que leer y escribir
era un lujo para minorías ilustradas.
Manuel Castells,
uno de los grandes estudiosos de la globalización, señala que
el despegue tecnológico ha dado lugar, incluso, a una nueva forma
de Estado: el Estado-Red, como relevo del Estado-Nación. Una
especie de ecosistema virtual en el que sólo sobrevivirán los países
desarrollados tecnológicamente. Buen ejemplo de ello son algunos Estados
del Pacífico asiático que han pasado del más profundo subdesarrollo
a competir con los países más avanzados del planeta.
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Siglos atrás, las primeras gramáticas españolas fueron un
intento de regularizar el uso de giros y conceptos, así como de
proporcionar material nuevo para facilitar la expresión de ideas
complejas. La actualidad tecnológica requiere un retroceso de varios
siglos en el tiempo y un compromiso de los intelectuales para la
creación de nuevas "gramáticas" que regulen el uso del lenguaje
en la Red, una fuente extremamente susceptible de traicionar la
normativa básica de la lengua castellana. Estas ideas aparecen ya
en el prólogo del manual, realizado por el académico Juan Luis
Cebrián, para quien la lengua española debe mantener su carácter
integrador con respecto a los extranjerismos, conservando siempre
el rigor necesario para evitar el caos lingüístico.
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Para contribuir al
esclarecimiento de las incógnitas que envuelven el mundo de las nuevas
tecnologías de la información (término, por otra parte, ya caducado.
Los estudios contemporáneos prefieren hablar de TIC: Tecnologías Interactivas
de la Comunicación), la Universidad Antonio de Nebrija ha publicado
Diccionario de Internet. Un manual con equivalencias en
inglés que pretende despejar temores y sospechas respecto a la significación
y aplicaciones del nuevo lenguaje aparecido a consecuencia del fulminante
despegue de Internet.
Esta obra pretende
ser un manual de uso cotidiano para la comunidad internauta no especializada
y consta de tres partes diferenciadas. En primer lugar el Diccionario
de Internet propiamente dicho, que reúne términos de lo más
variado pertenecientes al mundo de la informática y las nuevas tecnologías.
En esta sección podemos encontrar por orden alfabético la significación
de términos como infovía, gopher, consorcio, códec, Servlet o símplex,
así como sus correspondientes traducciones al inglés o al castellano.
La segunda parte
del manual, Glosario de términos en inglés, constituye
una herramienta de trabajo muy útil para aquellos usuarios no demasiado
duchos en lengua inglesa. Se trata de una recopilación de los vocablos
procedentes del inglés que más se utilizan en el entorno de Internet
y cuya traducción al castellano no está todavía generalizada: account,
backbone, telecommuting, surfer, upload, networking o netizen,
entre otros.
Si alguien nos acusa,
por ejemplo, de ser unos lurkers, una rápida ojeada a este diccionario
nos avisará de que nos están llamando fisgones. Además, nos percataremos
de la existencia de cyberpunks, annonimous remailers (reenviantes
anónimos), hackers y demás elementos humanos que circulan
por Internet. Este apartado recoge, asimismo, la versión en castellano,
ya aceptada por la RAE, de algunos términos procedentes del ingles,
como pluguín, interfaz o emoticón. Para finalizar,
el diccionario ofrece una Recopilación de las siglas en inglés
y en español, que nos ayudará a familiarizarnos con los TNP,
MTRS, PCUU, SIAE y hasta con los mismísimos ADPCM.
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