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Lo que las palabras no dicen

Narrativa
Laura Esquivel

Tan veloz como el deseo
Editorial Plaza & Janés
224 páginas
2.900 pts.

Laura Esquivel ha vuelto a demostrar que lo suyo son las historias románticas cargadas de pasión y buenas intenciones. En su última novela, Tan veloz como el deseo, la autora hace además una interesante reflexión sobre la importancia de la comunicación y la transmisión de sentimientos. A través de la historia del telegrafista Júbilo, la escritora rinde homenaje a su padre fallecido, Julio César Esquivel Mestre.


por Maite Fernández
Redacción BCN

 












Tan veloz como el deseo es una novela de amor que va más allá de las clásicas historias de amantes atormentados. Si bien en el libro existe una pareja que vive una pasión devastadora, no es éste el primer tema que Laura Esquivel nos pone de manifiesto. Para empezar, la autora deja muy claro que su novela es, además de una historia romántica, un auténtico tratado sobre la comunicación, sobre la antigua y la actual transmisión de pensamientos y sentimientos, sobre el poder y la utilidad de las palabras y sobre la importancia de saber decir lo que uno siente a tiempo.


SINOPSIS


Júbilo, el menor de una familia de doce hermanos, nació riendo en un día festivo. Cuando era pequeño mostró una gran habilidad para comunicarse con la gente y captar los verdaderos sentimientos que se ocultan en los demás. Siendo aún joven aprendió que las palabras poseían un gran poder a la hora de acercar o alejar a las personas. Por eso añadía dulces vocablos en las conversaciones entre su abuela, de origen maya, y su madre, de origen hispano, hasta llegar a conseguir que las dos mujeres sintieran un afecto mutuo. Su pasión por mediar en el envío de mensajes y por saber escuchar a las personas más allá de lo que expresan las palabras, le lleva a convertirse en telegrafista, a enamorarse perdidamente de Lucha, a autodestruirse por culpa de un enemigo terrible y a reencontrarse con la pasión en sus últimos momentos.


El protagonista, Júbilo, nace con la capacidad de comunicarse magistralmente con los demás, pero también con la inteligencia de añadir de su cosecha aquellas palabras necesarias que jamás se pronuncian y que son capaces de acercar a las personas. El telegrafista sabe que las palabras viajan a la misma velocidad que el deseo y que es posible prescindir de ellas al enviar un mensaje de amor. No obstante, aunque Júbilo es capaz de captar sentimientos que no son expresados verbalmente, acaba siendo esclavo de las palabras y de los silencios. Júbilo tan sólo es feliz mientras consigue mantener ese don de la naturaleza innato en él. Con el tiempo, esa intución y sexto sentido envidiables se esfuman y pasan como herencia a su hija. Es la magistral decadencia del protagonista que Laura Esquivel ha sabido plasmar a la perfección. La pérdida del don de escuchar a los demás cuando no se dice nada es la destrucción de Júbilo.

Esquivel ha volcado todo su cariño y su ternura hacia el protagonista porque en él no se refleja otro que la figura de su padre. Por eso Júbilo es un personaje optimista lleno de buenas intenciones. No hay ni un ápice de maldad en su personalidad ni en la de su hija Lluvia, el alter ego de la escritora mexicana. Eso se acaba convirtiendo en un arma de doble filo porque provoca confusión entre realidad y ficción y, a ratos, es posible que no distinga entre si es la autora la que está hablando sobre sus verdaderos sentimientos o son los personajes los que tienen definida su propia personalidad.

Es en la descripción de la historia de amor en la que se refleja más el estilo de novela romántica característico en la narrativa actual. La pasión de Júbilo y Lucha recuerda en algunos momentos los encuentros furtivos entre Tita y Pedro, los protagonistas de Como agua para chocolate, sólo que en Tan veloz como el deseo no se trata de un amor prohibido, sino de una pareja atormentada por el destino. Este componente de amor correspondido y sin trabas decepciona un poco al principio, aunque el giro trágico que la autora introduce hacia la mitad de la novela será clave para darle a la historia la emoción que necesita.

Uno de los puntos más interesantes de la novela se centra, sin duda, en las múltiples referencias que Esquivel hace sobre el mundo y la cultura maya. La autora se sumerge en la historia del México antiguo y rescata los valores, tradiciones y mitos de esa cultura en un alarde de buen gusto. Estas referencias al pasado de su país, no sólo sirven como pretexto al protagonista para interceder entre dos maneras de sentirse mexicano (las que marcan a su madre y su abuela), sino que también recuerdan al lector el respeto que merecen los indígenas.

A Laura Esquivel nunca se le podrá agradecer tanto como en esta novela su claro estilo, directo, sencillo y cómodo. Si Como agua para chocolate podía devorarse (y nunca mejor dicho) en poco menos de un par de días, Tan veloz como el deseo puede leerse en pocas horas. Incluso los diálogos entre los personajes, únicos momentos en los que la autora utiliza expresiones típicas del lenguaje mexicano, son fáciles de entender para los lectores que no provienen del país iberoamericano.

En conclusión, Tan veloz como el deseo es una nueva aproximación a la novela romántica pero desde un punto de vista diferente, en el que la historia de amor pasa a un segundo plano, mientras que la comunicación a nivel verbal o no verbal, y la transmisión de sentimientos a nivel corporal requieren toda la atención del lector.


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