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Tan
veloz como el deseo
es una novela de amor que va más allá de las clásicas
historias de amantes atormentados. Si bien en el libro existe una pareja
que vive una pasión devastadora, no es éste el primer
tema que Laura Esquivel nos pone de manifiesto. Para empezar,
la autora deja muy claro que su novela es, además de una historia
romántica, un auténtico tratado sobre la comunicación,
sobre la antigua y la actual transmisión de pensamientos y sentimientos,
sobre el poder y la utilidad de las palabras y sobre la importancia
de saber decir lo que uno siente a tiempo.
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Júbilo, el menor de una familia de doce hermanos, nació
riendo en un día festivo. Cuando era pequeño mostró
una gran habilidad para comunicarse con la gente y captar los verdaderos
sentimientos que se ocultan en los demás. Siendo aún
joven aprendió que las palabras poseían un gran poder
a la hora de acercar o alejar a las personas. Por eso añadía
dulces vocablos en las conversaciones entre su abuela, de origen
maya, y su madre, de origen hispano, hasta llegar a conseguir que
las dos mujeres sintieran un afecto mutuo. Su pasión por
mediar en el envío de mensajes y por saber escuchar a las
personas más allá de lo que expresan las palabras,
le lleva a convertirse en telegrafista, a enamorarse perdidamente
de Lucha, a autodestruirse por culpa de un enemigo terrible y a
reencontrarse con la pasión en sus últimos momentos.
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El protagonista,
Júbilo, nace con la capacidad de comunicarse magistralmente con
los demás, pero también con la inteligencia de añadir
de su cosecha aquellas palabras necesarias que jamás se pronuncian
y que son capaces de acercar a las personas. El telegrafista sabe que
las palabras viajan a la misma velocidad que el deseo y que es posible
prescindir de ellas al enviar un mensaje de amor. No obstante, aunque
Júbilo es capaz de captar sentimientos que no son expresados
verbalmente, acaba siendo esclavo de las palabras y de los silencios.
Júbilo tan sólo es feliz mientras consigue mantener ese
don de la naturaleza innato en él. Con el tiempo, esa intución
y sexto sentido envidiables se esfuman y pasan como herencia a su hija.
Es la magistral decadencia del protagonista que Laura Esquivel ha
sabido plasmar a la perfección. La pérdida del don de
escuchar a los demás cuando no se dice nada es la destrucción
de Júbilo.
Esquivel ha volcado todo su cariño y su ternura hacia
el protagonista porque en él no se refleja otro que la figura
de su padre. Por eso Júbilo es un personaje optimista lleno de
buenas intenciones. No hay ni un ápice de maldad en su personalidad
ni en la de su hija Lluvia, el alter ego de la escritora mexicana. Eso
se acaba convirtiendo en un arma de doble filo porque provoca confusión
entre realidad y ficción y, a ratos, es posible que no distinga
entre si es la autora la que está hablando sobre sus verdaderos
sentimientos o son los personajes los que tienen definida su propia
personalidad.
Es en la descripción de la historia
de amor en la que se refleja más el estilo de novela romántica
característico en la narrativa actual. La pasión de Júbilo
y Lucha recuerda en algunos momentos los encuentros furtivos entre Tita
y Pedro, los protagonistas de Como agua para
chocolate, sólo que en Tan
veloz como el deseo no se trata de un amor prohibido, sino
de una pareja atormentada por el destino. Este componente de amor correspondido
y sin trabas decepciona un poco al principio, aunque el giro trágico
que la autora introduce hacia la mitad de la novela será clave
para darle a la historia la emoción que necesita.
Uno de los puntos más interesantes de la novela se centra, sin
duda, en las múltiples referencias que Esquivel hace sobre
el mundo y la cultura maya. La autora se sumerge en la historia del
México antiguo y rescata los valores, tradiciones y mitos de
esa cultura en un alarde de buen gusto. Estas referencias al pasado
de su país, no sólo sirven como pretexto al protagonista
para interceder entre dos maneras de sentirse mexicano (las que marcan
a su madre y su abuela), sino que también recuerdan al lector
el respeto que merecen los indígenas.
A Laura Esquivel nunca se le podrá agradecer tanto como
en esta novela su claro estilo, directo, sencillo y cómodo. Si
Como agua para chocolate podía
devorarse (y nunca mejor dicho) en poco menos de un par de días,
Tan veloz como el deseo puede
leerse en pocas horas. Incluso los diálogos entre los personajes,
únicos momentos en los que la autora utiliza expresiones típicas
del lenguaje mexicano, son fáciles de entender para los lectores
que no provienen del país iberoamericano.
En conclusión,
Tan veloz como el deseo es
una nueva aproximación a la novela romántica pero desde
un punto de vista diferente, en el que la historia de amor pasa a un
segundo plano, mientras que la comunicación a nivel verbal o
no verbal, y la transmisión de sentimientos a nivel corporal
requieren toda la atención del lector.
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Grandes
historias de amor
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