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Siguiendo los pasos
de una pintora que destacaba por su arte descaradamente biográfico,
Bárbara Mujica se sirve del personaje de Cristina para
hacernos, en un relato dramático y surrealista, un retrato muy personal
de Frida Kahlo. Mi hermana Frida
no es sólo una biografía sino que habla de sentimientos, rivalidades,
arte y, sobre todo, de la historia mexicana. La autora no busca documentar
una vida, quiere transmitir la esencia de la compleja personalidad de
Frida Kahlo.
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El personaje de Frida Kahlo levanta pasiones y odios por
igual. Lo que hace que nunca sea indiferente a nadie. Nacida en
Coayoacán, al sur de Ciudad de México, y de padre
alemán, luchó toda su vida por ser considerada mexicana
de pura sangre. Frida Kahlo es una de las pocas pintoras
conocidas mundialmente e, incluso, se la considera icono cultural
de México. La ropa colorista tradicional y sus cejas gruesas
y conectadas han sido siempre su sello personal. Lisiada por la
polio y estéril a causa de un accidente de autobús casi
mortal a los dieciocho años, se casó con otra destacada figura
cultural, el muralista Diego Rivera. Su historia, llena
de pasión, amor, celos y engaños, ha dado pie a muchas biografías
y relatos. Porque Frida Kahlo era apasionada, contradictoria,
políticamente comprometida, egocéntrica y, sobre todo,
una artista surrealista extraordinaria.
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Al igual que una
novela de misterio, el libro empieza con una duda. Un enigma que desde
el primer momento capta al lector y despierta su curiosidad. Cristina
recuerda algo horroroso que pasó y por ello apela constantemente al
amor, puesto en duda, que sentía por su hermana. Es una narración lineal
que deja poco espacio para flashbacks o elipsis temporales. El
personaje principal habla siempre en primera persona. Sólo, a veces,
intercala diálogos y cartas. Y es que, por primera vez, la mujer que
era obviada por todo el mundo se convierte en protagonista.
Esta rivalidad entre hermanas, que
luchan a su manera por el amor de un hombre, es lo que da juego al relato.
Dos personajes completamente opuestos que van invirtiendo sus papeles
a medida que se acerca el final de la historia. Por un lado, tenemos
a la gran Frida. Es la heroína, la preferida, la que no tiene
miedo a nada y a la que le gusta escandalizar a la gente. Es inteligente,
creativa y se codea con lo 'mejorcito' de la sociedad. Por otro lado,
y casi desapercibida, está Cristina. Siempre ha querido ser igual
que su hermana pero, al mismo tiempo, detesta su fuerte carácter y su
descaro. Es una relación amor-odio que durará desde su etapa escolar
hasta el último suspiro de la artista. Y la paradoja está servida. Cómo
una persona aparentemente tan insignificante puede provocar tales consecuencias
psicológicas en la gran diva. Frida Kahlo se hunde en su dolor
e, irremediablemente, se refugia en el alcohol y las drogas. Cristina
empieza a valorarse y a ser considerada por los que la rodean. El mero
hecho de relatar la vida de su hermana, de poder dar su visión de los
hechos, ya la hace importante.
Como telón de fondo
nos encontramos con un México en plena revolución. Los conflictos entre
gringos y mexicanos, entre el capitalismo y el comunismo, entre ricos
y pobres, entre religiosos y ateos. Bárbara Mujica, o mejor Cristina,
nos relata episodios tan dramáticos como los asesinatos en plena calle.
Pero eso sí, la mexicanidad está por encima de todo. Sea porque la escritora
también es mexicana, aunque afincada en Estados Unidos, sea porque las
Kahlo tenían que demostrar su nacionalismo exagerado, las costumbres
de México están, a toda hora, presentes. Es más, se recomienda leer
el libro una vez se tenga el estómago lleno pues la suculenta comida
mexicana se puede oler, incluso, al hojear las páginas.
Aquellos que se sientan atraídos por el mundo del arte, los intelectuales
y el comunismo verán saciada su curiosidad más extrema. Líos, asesinatos,
bisexualidad, movimientos culturales y artísticos, personajes famosos,
fiestas, París, Nueva York, escarceos amorosos, debilidades, manías...
todo se mezcla con suma maestría y, lo que es más importante, con un
lenguaje tan sutil que se aleja de herir la sensibilidad de esas personas
que han sido tan decisivas en la historia. La "escandalosa"
es Frida Kahlo, no Bárbara Mujica. Y la artista sola es
capaz de atraer todas las miradas por el simple hecho de que su nombre
salga en la portada. La escritora se ha dejado llevar por la fascinación
y ha preferido no recrearse demasiado en los detalles más morbosos.
Seguramente, decepcionante para unos y muy gratificante para otros.
Sin embargo, no nos podemos dejar engañar: Mi
hermana Frida es una obra de ficción, aunque muchos de los
hechos, el marco histórico y personajes sean reales. El relato tiene,
al igual que la vida, sus momentos álgidos y bajos, pero la decadencia
rodea a los personajes a medida que va avanzando la historia. De todos
es sabido que se ha especulado mucho sobre el más que probable suicidio
de Frida, pero el final es realmente sorprendente. No cometeremos
el error de desvelarlo.
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Pintoras
que han hecho historia
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