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Un asesino anda
suelto por la urbanización de lujo de San Pedro de Mar, y nosotros sabemos
quién es. ¿Logrará la juez que instruye el caso descubrirlo? ¿Puede
un asesino convertirse en víctima del terrible crimen que ha
perpetrado? José María Guelbenzu nos atrapa en una novela de
inicio intenso, cuerpo envolvente e intriga 'in crescendo', hasta derivar
en un final muy poco al uso... en fin, una novela policíaca de corte
clásico pero de argumento original, en la que la tradición se entrecruza
con los motivos de la modernidad.
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Carlos Sastre entra sigilosamente en la casa del Juez Medina y mientras
éste dormita en su butaca le rebana el cuello sin titubeo alguno.
Es la hora de la siesta en una urbanización de lujo cercana a Santander
y nadie ha visto nada. Carlos regresa a la casa de los Arriaza y
entra por una ventana de la habitación de invitados, donde todo
el mundo creía que estaba descansando tras la comida. Nadie parece
haberse percatado de su ausencia. Carlos es un veraneante más de
la zona acomodada de San Pedro de Mar, y a pesar de su soltería
y su carácter un tanto especial, está perfectamente integrado en
la vida social de la comunidad bienpensante. Pero pronto la alarma
corre por el lugar: alguien ha matado al Juez Medina. ¿Descubrirán
quién ha sido el culpable? ¿Qué motivos tenía Carlos Sastre para
matarle?
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José María Guelbenzu
regala al lector un experimento literario muy bien resuelto en
el que consigue captar la curiosidad del lector en una mezcla de sentimientos
que oscilan entre la compasión hacia un ser estigmatizado por la desgracia,
la repulsa por la actuación de un asesino despiadado y la inquietud
por el curso que toman los acontecimientos.
Además de la buena ejecución de un mecanismo argumental complejo,
destaca en la novela el retrato psicológico de los personajes,
especialmente el de su protagonista, el asesino. Carlos Sastre es un
personaje rico y lleno de matices, un ser algo desconcertante pues su
supuesta templanza (que incluso a veces parece frialdad) se mezcla a
medida que avanza la novela con la intuición que tiene el lector de
la terrible desgracia que se ha cernido sobre su vida. ¿Puede un cruel
asesino suscitar compasión?
Carlos Sastre comparte escenario con una jauría de señoras bienpensantes
y sus maridos, que junto al resto de personajes forman el círculo social
en el que se mueve el asesino. Fernando Arriaza, Sonsoles Abós y su
hermana Marta, y la jueza Mariana de Marco son los personajes que más
sobresalen por su personalidad poco proclive a los tópicos dentro de
este entorno amortajado en la vida cómoda y desahogada donde todavía
hay clases y a las criadas se las avisa con campanita. En conjunto,
el autor consigue un retrato que se nos antoja fidedigno del
entorno social de este tipo de urbanizaciones, un entorno que, al
mismo tiempo, recuerda la ambientación aristocrática (cada cual en su
tiempo y en su lugar) en la que transcurrían habitualmente las novelas
policíacas clásicas inglesas.
En alguna ocasión, más concretamente en la escena de la comida en casa
de los Arriaza, la recreación algo costumbrista del quehacer
de estos personajes produce un descenso de la intensidad argumental,
aunque también es cierto que podría resultar excesivo para el lector
un argumento con tensión creciente y sin ningún respiro. Además, hay
que decir que este tipo de escenas ayudan a la comprensión de los personajes
y a dibujar con mayor claridad la ambientación de la novela.
Pero esta no es la única característica de No
acosen al asesino que nos devuelve al canon clásico del género.
Un asesino metódico, casi neurótico, convierte un asesinato en apariencia
simple en un rompecabezas de difícil resolución. Un grupo cada vez más
cerrado de sospechosos y una jueza-detective asistida por una ayudante
con una lucidez envidiable acaban de dar ese tamiz tradicional a la
novela.
El desasosiego
que produce una trama de estas características se ve compensado por
la aparición de un romance tórrido y visceral. La fuerza
que desprende la relación subraya la intensidad creciente que
va adquiriendo la novela y descubre nuevos aspectos de la personalidad
de Carlos Sastre.
No acosen al asesino es, además,
un producto de la posmodernidad literaria: un asesino desgraciado,
una estructura argumental poco común y una trama policiaca clásica con
ambientación muy 'in'.
En resumen, una buena apuesta de lectura en la que José María Guelbenzu
demuestra su buen oficio y versatilidad literaria. Una intriga adictiva
que a buen seguro tendrá a más de uno agarrado al sillón hasta la última
página.
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