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Bajo el signo de la desgracia

Narrativa
José María Guelbenzu

No acosen al asesino
Editorial Alfaguara
424 páginas
2.800 pts.

Un asesino, una víctima, una detective y, sobre todo, un interrogante: ¿por qué? Intriga al estilo clásico de la mano de un autor novel en el género, que no en las lides literarias. José María Guelbenzu se estrena en las aventuras policíacas con No acosen al asesino, un relato detectivesco de corte tradicional con una variante: conocemos quién es el asesino desde la primera página, pero lo que no podemos ni sospechar es qué motivos tenía para degollar a su víctima. Prepárese para quedarse aferrado al sofá, los ojos hundidos en el texto, hasta descubrir qué razones tenía el asesino para matar.


por Marta Pi
Redacción BCN

 












Un asesino anda suelto por la urbanización de lujo de San Pedro de Mar, y nosotros sabemos quién es. ¿Logrará la juez que instruye el caso descubrirlo? ¿Puede un asesino convertirse en víctima del terrible crimen que ha perpetrado? José María Guelbenzu nos atrapa en una novela de inicio intenso, cuerpo envolvente e intriga 'in crescendo', hasta derivar en un final muy poco al uso... en fin, una novela policíaca de corte clásico pero de argumento original, en la que la tradición se entrecruza con los motivos de la modernidad.


SINOPSIS


Carlos Sastre entra sigilosamente en la casa del Juez Medina y mientras éste dormita en su butaca le rebana el cuello sin titubeo alguno. Es la hora de la siesta en una urbanización de lujo cercana a Santander y nadie ha visto nada. Carlos regresa a la casa de los Arriaza y entra por una ventana de la habitación de invitados, donde todo el mundo creía que estaba descansando tras la comida. Nadie parece haberse percatado de su ausencia. Carlos es un veraneante más de la zona acomodada de San Pedro de Mar, y a pesar de su soltería y su carácter un tanto especial, está perfectamente integrado en la vida social de la comunidad bienpensante. Pero pronto la alarma corre por el lugar: alguien ha matado al Juez Medina. ¿Descubrirán quién ha sido el culpable? ¿Qué motivos tenía Carlos Sastre para matarle?


José María Guelbenzu regala al lector un experimento literario muy bien resuelto en el que consigue captar la curiosidad del lector en una mezcla de sentimientos que oscilan entre la compasión hacia un ser estigmatizado por la desgracia, la repulsa por la actuación de un asesino despiadado y la inquietud por el curso que toman los acontecimientos.

Además de la buena ejecución de un mecanismo argumental complejo, destaca en la novela el retrato psicológico de los personajes, especialmente el de su protagonista, el asesino. Carlos Sastre es un personaje rico y lleno de matices, un ser algo desconcertante pues su supuesta templanza (que incluso a veces parece frialdad) se mezcla a medida que avanza la novela con la intuición que tiene el lector de la terrible desgracia que se ha cernido sobre su vida. ¿Puede un cruel asesino suscitar compasión?

Carlos Sastre comparte escenario con una jauría de señoras bienpensantes y sus maridos, que junto al resto de personajes forman el círculo social en el que se mueve el asesino. Fernando Arriaza, Sonsoles Abós y su hermana Marta, y la jueza Mariana de Marco son los personajes que más sobresalen por su personalidad poco proclive a los tópicos dentro de este entorno amortajado en la vida cómoda y desahogada donde todavía hay clases y a las criadas se las avisa con campanita. En conjunto, el autor consigue un retrato que se nos antoja fidedigno del entorno social de este tipo de urbanizaciones, un entorno que, al mismo tiempo, recuerda la ambientación aristocrática (cada cual en su tiempo y en su lugar) en la que transcurrían habitualmente las novelas policíacas clásicas inglesas.

En alguna ocasión, más concretamente en la escena de la comida en casa de los Arriaza, la recreación algo costumbrista del quehacer de estos personajes produce un descenso de la intensidad argumental, aunque también es cierto que podría resultar excesivo para el lector un argumento con tensión creciente y sin ningún respiro. Además, hay que decir que este tipo de escenas ayudan a la comprensión de los personajes y a dibujar con mayor claridad la ambientación de la novela.

Pero esta no es la única característica de No acosen al asesino que nos devuelve al canon clásico del género. Un asesino metódico, casi neurótico, convierte un asesinato en apariencia simple en un rompecabezas de difícil resolución. Un grupo cada vez más cerrado de sospechosos y una jueza-detective asistida por una ayudante con una lucidez envidiable acaban de dar ese tamiz tradicional a la novela.

El desasosiego que produce una trama de estas características se ve compensado por la aparición de un romance tórrido y visceral. La fuerza que desprende la relación subraya la intensidad creciente que va adquiriendo la novela y descubre nuevos aspectos de la personalidad de Carlos Sastre.

No acosen al asesino es, además, un producto de la posmodernidad literaria: un asesino desgraciado, una estructura argumental poco común y una trama policiaca clásica con ambientación muy 'in'.

En resumen, una buena apuesta de lectura en la que José María Guelbenzu demuestra su buen oficio y versatilidad literaria. Una intriga adictiva que a buen seguro tendrá a más de uno agarrado al sillón hasta la última página.

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