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Radiografía de una pobre vida sexual

Narrativa
Catherine Millet

La vida sexual de Catherine M.

Editorial Anagrama
256 páginas
13,22 €

La vida sexual de Catherine M. ofrece una aproximación vanguardista y autobiográfica a la literatura erótica. La autora, Catherine Millet, relata con pelos y señales, en primera persona, su agitada vida sexual sin hacer concesiones al sentimentalismo, ni caer en la tentación de limitarse a ofrecer carnaza al lector. Instalada en un discurso políticamente incorrecto y con una actitud desafiante salpicada por su "gusto por la transgresión", la escritora y crítica de arte, ofrece una reflexión inteligente, cruda, insólitamente sincera de unas pulsiones sexuales nada habituales.


Natàlia Bosch
Redacción Telepolis

 












La vida sexual de Catherine M. es una novela valiente, sincera, arriesgada y ante todo, honesta. Ofrece lo que su título promete: las intimidades sexuales de Catherine Millet, la directora de la prestigiosa revista francesa Art Press. Lejos de buscar una justificación o dotar de carga moral o lección ética su discurso, Millet se limita a describir minuciosamente y con la frialdad de un forense su agitada y particular "obsesión copuladora". Vuelve la mirada hacia atrás y hace recuento: desde los 17 años, cuando decide suplantar sus sesiones masturbatorias por el sexo en grupo, han sido más de un millar los penes que se han vaciado por todos los orificios de su entumecida anatomía en las "partouzes", orgías en el Bois de Boulogne, locales de intercambio, cabinas de camiones, portales, galerías de arte, consultas de dentistas o estudios pestilentes de bohemios intelectuales.


SUS CRÍTICAS


"Para que la sublimación del sexo ocurra es imprescindible, como explica George Bataille, que se preserven ciertos tabúes y reglas que encausen y frenen el sexo, de modo que el placer físico pueda ser vivido y gozado como una trasgresión. La libertad irrestricta, y la renuncia a toda teatralidad y formalismo en su ejercicio, que ha sido presentado como una conquista en ciertos enclaves del mundo occidental, no han contribuido a enriquecer el placer y la felicidad de los seres humanos gracias al sexo. Más bien a banalizar y a cegar, convirtiendo el amor físico en mera gimnasia y rutina". Mario Vargas Llosa en El País (27 de mayo de 2001).
"Catherine Millet crea en la literatrura lo que los artistas de hoy realizan en pintura. Su libro, en su crudez, su falta de complacencia, su hiperrealismo, es un encefalograma de la sexualidad, no es una novela, sino un diario, un diario de la peste". Nadeije Laneyrie-Dagen en Lire.


Pero, ¿por qué este bestiario de criaturas sexuales? Desde las primeras páginas de la novela, Millet sienta las bases de lo que será un viaje no cronológico por su vasta experiencia sexual. Una trayectoria estructurada por la "obsesión del número" y por su "relación con el espacio". Sin embargo, si bien la cantidad es lo que rige buena parte de sus encuentros sexuales, la calidad ocupa un rincón residual en su vida: "aunque no me procurasen mucho placer, o incluso si me desagradaban, o cuando el hombre me arrastraba a prácticas que no casaban demasiado con mis gustos, no por eso las cuestionaba". Esa dicotomía entre placer y sexo se mantiene vigente en cada página de la novela sin que Millet ofreza una explicación al pasmoso lector que no sale de su asombro.

Desde su publicación la pasada primavera en Francia, la polémica ha sido la mejor carta de presentación de la novela fuera de sus fronteras. Sin embargo, si hay algo de escandaloso en La vida sexual de Catherine M. no es su explícito contenido, sino la actitud que sostiene Millet en todo momento con el sexo. Con un discurso crudo, deshumanizado y frío, logra incomodar al lector con una visión del sexo deprimente, mecánico, animal y orgánico: "hasta los treinta y cinco años no consideré que mi propio placer pudiera ser la finalidad de una relación sexual. No lo había entendido".

Sin concesiones a los sentimientos, al erotismo y a la seducción, la autora exalta la cosificación de la sexualidad a los genitales y reivindica la condición de mujer objeto. Y lo logra. Catherine Millet se exhibe como una mujer para quien "follar es un estilo de vida", "tener relaciones sexuales y experimentar deseo, dos actividades separadas", "follar venciendo toda repugnancia no sólo era rebajarse, sino, invirtiendo ese movimiento, elevarse por encima de los prejuicios", la prostitución un intento fallido en su vida y la seducción una pérdida de tiempo ("era fácil encontrarme, bastaba llamarme"). Y es que como afirmó Mario Vargas Llosa en El País a raíz de la publicación de la novela, "una vida imantada por el sexo y sólo por él, rebaja esta función a una actividad primaria orgánica, no más noble ni placentera que tragar por tragar, o defecar. Sólo cuando lo civiliza la cultura y lo carga de emoción y de pasión, y lo reviste de ceremonias y rituales, el sexo enriquece extraordinariamente la vida humana".

En resumen, La vida sexual de Catherine M. fascina por su enfermiza aproximación al sexo, por la deprimiente concepción que la autora sostiene acerca de las relaciones humanas y por su aparente incapacidad de relacionarse con su entorno si no es a través de su sexo palpitante. Sin embargo, superado el rechazo inicial, su lectura resulta interesante, ya que obliga al lector a cuestionarse su propia concepción del sexo, del erotismo y de la sensualidad. Independientemente de que el regusto final sea amargo o dulzón, Millet consigue su propósito: no causar indiferencia, que en definitiva es uno de los requisitos de toda obra de arte. Y de arte, Millet, es una gran experta.


Las influencias de la novela

Georges Bataille
Historia de O de Dominique Aurey
Madame Bovary de Gustave Flaubert
Alain Robbe-Grillet


Erotismo y literatura

Mario Vargas Llosa en El País: "Sin erotismo no hay gran literatura"
Anaïs Nin
Lolita de Vladimir Nabokov
El marqués de Sade
Fanny Hill de Restif de la Bretonne
La sonrisa vertical

Sobre Catherine Millet

Entrevista en El Temps
Art Press
L'Art contemporaín (1997)
Jacques Henric

  En Telepolis

Rafael Alberti
1982: el año clave
El último trayecto de Horacio Dos
Las cenizas del fénix
Poesía