











         
|
 |
Coincidiendo con
el décimo aniversario de la muerte de la autora catalana, la editorial
Plaza & Janés ha querido homenajearla publicando su libro Mi
viaje al bloqueo, una obra que hasta ahora sólo se había
publicado en Rusia. Es, por lo tanto, un libro más o menos póstumo,
o póstumo para los lectores españoles (excepto la familia o algunos
hurgadores de librerías afortunados, que habían podido dar con algún
ejemplar que había llegado a España), que en este otoño del 2001 se
presenta como una de las novedades editoriales del sello barcelonés.
Mi viaje al bloqueo,
de recomendable lectura dosificada por su crudeza y su extrema exposición
de los límites humanos, relata los casos de decenas de hombres y mujeres,
niños y niñas, que vivieron de una manera u otra el bloqueo de Leningrado,
en una labor faraónica de documentación por parte de Montserrat Roig.
A lo largo de sus palabras, párrafos y letras, Roig nos conmueve
con su empatía y su maravillosa capacidad de sentir y transmitir los
padecimientos de los protagonistas. Historias duras de familias destrozadas,
de niños huérfanos, de personas que, en la desesperación del hambre,
llegaron a comer cosméticos o aceite de engrasar los tanques.
Pero, además, hay
algo en el comportamiento de estas personas que nos turba y nos reconforta
desde la primera página del libro: su dignidad, su fortaleza, su entereza
incluso en los momentos más terribles. Su confianza en que a pesar de
que la vida les hubiese puesto en semejante desagravio, ellos debían
continuar haciendo lo que era correcto hacer.
 |
 |
 |
 |
|
|
 |
 |
 |
|

Montserrat Roig nació en Barcelona en 1946. Licenciada en
Filosofía y Letras, estuvo trabajando un tiempo como redactora de
la Gran Enciclopedia Catalana antes de dedicarse a la literatura.
En 1971 saltó a la palestra de las letras catalanas al ganar el
Premio Víctor Català por su primera novela, Molta
roba i poc sabó... Aunque ya nunca más dejaría la
literatura, compaginó su vocación con los empleos de lectora de
lengua castellana en la universidad de Bristol y profesora de creación
literaria en Strathclyde (Glasgow) y en la Estatal de Arizona (EE.UU.).
Además, Montserrat Roig se convirtió en un rostro popular
para muchos españoles al trabajar como colaboradora en programas
de televisión como 'Búscate la vida' y 'Los padres de nuestros padres',
entre otros. Entre sus obras literarias más destacadas se encuentran
Ramona, adéu, Noche
y niebla: los catalanes en los campos nazis,
Tiempo de cerezas,
y La hora violeta. Montserrat Roig
perdió la vida en 1991 en su Barcelona natal.
|
|
 |
 |
 |
En Mi
viaje al bloqueo, la autora utiliza la técnica del reportaje
novelado, un subgénero periodístico que engendró el New
Journalism estadounidense en los ya lejanos años 60 y que
tan bien cultivan Tom Wolfe y Ryszard Kapuscinski: proliferación
de entrevistas que actúan contando en primera persona sus vivencias,
con lo que el relato es una trama articulada poliédricamente con mil
personajes como sujetos de la acción, y escrita con estilo e intención
literaria. Eso sí, no hay jamás ficción: relata un hecho real documentado
en fuentes veraces. En mi opinión particular, dominar este género es
tan o más difícil que dominar la ficción novelada, pues el reportaje
novelado debe armarse de la misma estructura, fuerza narrativa y talento
literario, estando sujeto el escritor al yugo de lo verdadero. A pesar
de ello, Montserrat Roig demostró con creces a lo largo de su
carrera literaria que dominaba ambos géneros.
Tal como Rosa Montero señala en el prólogo, espolvoreados
en el texto de Mi viaje al bloqueo
se pueden advertir pasajes de alabanza hacia el 'modus operandi' soviético,
que tienen su explicación si sabemos que este libro es un encargo que
la editorial moscovita Progreso hizo a Roig, para que
inmortalizara el recuerdo de aquellos amargos 900 días.
Escrito con un estilo
épico, de romanticismo heroico, el texto subraya algunas ideas al lector:
el concepto de patriotismo como una llama apasionada que mantuvo a los
leningradenses unidos y esperanzados, con la fuerza moral necesaria
para resistir en tan desastrosas condiciones. En segundo lugar, el respeto
y la admiración que sentían los habitantes de la ciudad por el arte
y la literatura: su preocupación por los museos, por los edificios,
y su afición irreductible a la lectura. Es más, Roig relata como
algunos leningradenses prefirieron morir de frío a quemar en
sus estufas los abundantes libros que dormían es sus casas. En tercer
lugar, la solidaridad individual y la honestidad colectiva, procurando
siempre ayudar al prójimo y conseguir el bien común, dos conceptos muy
cercanos a la teoría comunista. Finalmente, un último concepto:
sobrevive quien trabaja, como cristalización de la realidad que
las personas que sobrevivieron al infierno del bloqueo tenían
alguna actividad que realizar o alguna obligación por la que
no desfallecer.
Es un inconveniente el desorden cronológico del relato, que puede desorientar
al lector que no conozca a fondo los vaivenes de la batalla, los avances
y los retrocesos en el frente, los zarpazos al bloqueo que de vez en
cuando aliviaban el hambre de los ciudadanos leningradenses. Sería muy
útil la incorporación de un gráfico cronológico del bloqueo, así
como un mapa de la zona.
También debemos mencionar que, al principio del libro, la autora
hace mucho hincapié, quizá en exceso, en los movimientos estratégicos
militares de ambos ejércitos. Eso sí, el texto es realmente de una documentación
extraordinaria.
En resumen, un libro muy recomendable para los apasionados de
la Segunda Guerra Mundial y sus terribles consecuencias, sin duda enriquecedor
y muy necesario para las personas que necesiten ejercitar sus habilidades
empáticas y su capacidad de compasión (dos atributos, por cierto, desesperantemente
escasos hoy en día).
|
 |


|