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La acción de El
corazón del tártaro transcurre en un único día, 24 interminables
y agobiantes horas para la protagonista, Sofía Zarzamala, que
ve cómo todo lo que creía olvidado vuelve a hacer acto de presencia.
Han pasado siete años desde que su vida fuera una existencia sin sentido.
La periodista consigue contagiarnos esa agonía in crescendo de
quien ha perdido el rumbo y no tiene nada que merezca la pena para seguir
adelante. Página a página Rosa Montero va desentrañando ese rompecabezas
que es El corazón del tártaro, con personajes palpables y con
otros, que sin llegar a aparecer físicamente en la obra, tienen un peso
transcendental.
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Sofía Zarzamala, editora de libros de la Edad Media, recibe
una llamada inesperada de un hombre que le dice: "Te he encontrado".
Su pasado ha vuelto para pedirle cuentas. Durante las veinticuatro
horas siguientes, Zarza hará un recorrido por los infiernos
donde habitan la miseria, la maldad, las drogas y la prostitución.
Los fantasmas de su infancia que creía enterrados, rezuman
con más fuerza todavía.
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Y es que en el tártaro,
el lugar más profundo del infierno, allí donde no valen los artificios,
todos nos sentimos vulnerables como Zarza, que ha sido víctima
de la "Blanca" o la "Reina", metáforas a las que se aferra
Montero para referirse al sórdido mundo de la droga durante toda
la novela. La prostitución, los malos tratos, abusos a menores... no son más que diferentes nombres que adopta el infierno.
Pero aun así, la periodista de El País ha huido de una novela
típica y tópica de las que hablan de los problemas sociales de la actualidad
y que utilizan un vocabulario deslenguado y facilón. Montero
envuelve El corazón del tártaro en una aureola poética que el
lector agradece cuando se tratan temas tan escabrosos.
La autora de Temblor
combina con maestría el dramatismo con la intriga e imaginación, tal
y como nos tiene acostumbrados en algunas de sus obras. Leyendas medievales
producto de su inventiva, puestas en boca de autores como Chrétien
de Troyes o Borges, dejan al lector con la intriga de si
son realidad o ficción. Caballeros armados, castillos, fortificaciones,
cruentas batallas... todos ellos paralelismos que dulcifican, aunque
a veces sea casi imposible, los varapalos de la vida.
La ganadora del Premio Primavera de Novela en 1997
se confiesa abiertamente feminista pero, a pesar de algunas voces críticas
que tildan su literatura "de mujeres", El corazón del tártaro
es asexuado, es decir el protagonista tanto podría ser hombre como mujer,
porque lo que pretende remarcar la escritora es que los errores se pagan,
seas quien seas.
Ante este supuesto túnel sin salida, la escritora intercala momentos
de tregua para la reflexión, tanto de los protagonistas como del lector,
porque la sensación que se tiene una vez acabado el libro es que "pese
a todo, la vida merece la pena disfrutarla".
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