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Pilar Urbano
ha querido con su último libro que se conozca la verdad -su verdad-
sobre un juez catódico al que se está acostumbrado a ver, invariablemente,
subir y bajar las escaleras de la Audiencia Nacional, pero del que se
desconocen intimidades y pensamientos. Es, además, un libro que se lee
como un thriller de acción, que agarra la conciencia desde la
primera a la última de sus 600 páginas y que, aún después, no la suelta.
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Su amargo año en la política: "-Felipe, cesa a Barrionuevo:
es necesario. -No puedo... Ya le he dicho que se marche, y me
ha contestado que no: que si él se va, yo con él".
Enfrentamientos con Belloch: "-Si tienes cojones, césame".
El desencanto político: "-Me acuso de soberbia: creí que
yo solo podría acabar con la corrupción".
Operación Chacal: "Más vale echar una puerta abajo a que
nos maten al Rey".
"Baltasar, soy el Rey. Han puesto palabras en mi boca que yo nunca
diría de ti".
Caso GAL: "Mario Conde y Perote intentaban
usarme, pero me escaqueé de su ajedrez".
Llaman de Interpol: "Pinochet ha hecho las maletas".
Lucha
antiterrorista: "Yo de ETA busco su cabeza, su despensa y
su casa tranquila".
Campaña contra el juez: "Baltasar, eres caza mayor, y te
han puesto la cruceta en el costado para darte de lleno".
Garzón: "Si un juez tiene miedo, que cuelgue la toga".
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El trabajo de Urbano
es fruto de dos años en los que "escuchó al hombre e investigó al juez",
y en los que nació una profunda admiración. Una hagiografía a todas
luces interesada, pero también sincera, honesta y valiente. Como el
juez al que dibuja. Pilar Urbano es una de esas pocas periodistas
de raza, con arrestos, que no se amedrenta ante el reto de un nuevo
libro. Ya lo demostró con sus biografías del fundador del Opus y de
la reina Sofía, a las que ahora añade ésta sobre otra personalidad
de hierro, el juez Garzón.
Su texto, alineado estilísticamente al Nuevo Periodismo
de Wolfe y genéricamente al reporterismo de investigación
militante y batallador, se nutre de sus conversaciones con el biografiado
-sin más condicionante que el de la reserva sobre las causas que aún
están siendo instruidas-, de sus diarios personales, pero también del
análisis exhaustivo de textos, sentencias y testimonios de familiares,
amigos y enemigos. Urbano tuvo las puertas de la casa de Garzón
abiertas de par en par, intimó con su mujer y se convirtió en una más
de la familia. El resultado fue una total e incondicional identificación
con el personaje.
Con la forma de un reportaje novelado, asistimos a un Garzón
bajo la piel de un superhéroe americano interrogando a etarras, encarcelando
a narcotraficantes, metiendo las narices en los delicados asuntos de
la guerra sucia contra ETA, poniendo entre las cuerdas a la sacrosanta
Benemérita, buceando a pulmón libre por las cloacas del Estado, liberando
a secuestrados, salvando la vida del Rey, desarticulando campañas
de connivencia político-judicial y convirtiendo en universal la justicia.
Hay, especialmente, tres momentos que estremecen en la trama novelada
de esta biografía y que destilan grandísima y sobrecogedora humanidad.
Uno, en el episodio de la liberación de Ortega Lara, cuando Garzón
le dice: "Bienvenido al mundo de los vivos". Otro, el relato cruel y
deshumanizado de las atrocidades y torturas cometidas por las Juntas
Militares en Argentina. Y un tercer momento, el que cierra el libro,
el de Garzón, el juez con los escrúpulos de acero y el corazón
en la garganta, levantando, no ya cadáveres, sino jirones de carne de
uno de los últimos y sangrientos atentados de ETA.
Por el libro pasan
Felipe González, Mario Conde, Belloch, Liaño...
Personajes públicos que aparecen en primera persona, unas veces recreando
escenas, otras en boca del propio Garzón como narrador. Con ello, la
autora traspone al lector al lugar de los hechos con una verosimilitud
inquietante, ya que lo que se narra son hechos históricos, puntales
de la reciente historia española. Y también, con ello, autora e implicado,
asumieron un riesgo.
Tras publicarse
en el diario El País un avance editorial de uno de los capítulos,
el dedicado al caso Sogecable, la polvareda mediática se levantó
hasta el punto que dos fiscales de la Audiencia Nacional, Eduardo
Fungairiño e Ignacio Gordillo, anunciaron que presentarían
una querella contra Garzón por el contenido de sus declaraciones en
el libro. Una polémica que no se zanja ahí: el Consejo General del Poder
Judicial ha abierto diligencias informativas al juez por su biografía,
para estudiar si Garzón reveló datos sobre sumarios que instruyó
o esté instruyendo a la autora.
Un libro denso,
valiente y arriesgado, sobre un hombre que acapara titulares y provoca
no menos filias y fobias entre la judicatura, la política y ciertos
medios. A Garzón le tienen ganas, quizá porque sigue siendo uno
de los pocos hombres valientes, honrados y trabajadores que quedan en
el país de la envidia. Pero él ya ha escrito historia, y Pilar Urbano
habrá contribuido a que la historia le sitúe en su justo lugar.
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