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"África ha sido siempre
la gran desconocida"
Alberto Vázquez-Figueroa es un nómada, un aventurero que quiso ser escritor y se ha convertido en uno de los autores españoles que cuenta con más éxitos de venta y agota ediciones años tras años. Opina que "un novelista debe interesarse por todo: por los hombres y mujeres, por los caballos y los peces de colores hasta dar con algo que le interese y quiera contar". Y la verdad es que se lo ha tomado al pie de la letra ya que lo que le interesa es la aventura y por eso siempre todos sus libros narran aventuras que nos transportan a lugares remotos y exóticos. Pero no sólo hay aventura en sus libros sino que su obra combina sabiamente otros ingredientes como el misterio y una exhaustiva investigación del tema.

Nació en Santa Cruz de Tenerife en 1936 pero pasó gran parte de su infancia y adolescencia en Marruecos y el Sáhara, donde su familia fue deportada por motivos políticos. Este canario de alma africana nos ha concedido unos minutos para hablar de su última novela Los ojos del Tuareg, una emocionante aventura protagonizada por Gacel Sayah, líder del "Pueblo de Velo". Esta última novela comparte escenario con otras novelas como Ébano, Tuareg o Marfil.

por Anna Alarcón
Redacción BCN

















Casi todos sus libros son historias que narran aventuras que hacen volar la imaginación del lector. ¿Por qué esa fascinación por este género?

Es el género que a mí me gustaba desde niño. El que verdaderamente perdura y me entusiasma. Me crié en el desierto y lo único que hice allí era leer. Me fascinaban los libros de Stevenson, Conrad o Julio Verne. Por eso decidí escribir libros de aventuras como los que leía desde niño. He viajado mucho para poder escribir.

¿Ese amor por África, le viene desde niño? ¿Cuándo se enamoró de ella?
¿No considera que África es aún la gran desconocida?

Pasé toda mi infancia en Marruecos y el desierto. Viví en África hasta los 16 años y siento que pertenezco allí. Pero soy consciente de que África es todavía esa gran desconocida. Fue conquistada a principios de siglo pero hasta 1800 no fue poblada. La gente siente miedo por ese continente, por su clima, miedo a encontrarse animales peligrosos. Lo desconocido aterra.

¿Por qué esa pasión por estos dos continentes?

No podía estar en los cinco a la vez. Fui como corresponsal de La Vanguardia a Latinoamérica. África, por raíces; y Sudamérica por cariño y trabajo. Pero tampoco he viajado tanto. Es muy interesante vivir en países así, tan diferentes.

Los ojos del Tuareg es la continuación de Tuareg, la novela que ha tenido ventas millonarias y encandiló a miles de lectores hace ya veinte años. ¿Por qué decidió volver a escribir nuevamente sobre la saga Sayah después de tantos años?

La idea de volver a retomar el tema de los tuareg surgió cuando al ver la proyección por televisión del París-Dakar, ví las injusticias que se cometían por el simple hecho de anunciar marcas de cigarrillos y alcohol. Los tuareg hace tiempo que vienen oponiéndose al rally, a ese derroche de lujo a los ojos de unas personas que no tienen qué comer o beber. ¿Por qué razón tienen los tuareg que soportar eso? Imagínate mil y pico de energúmenos que vengan a fastidiarte a tu propia casa.

¿No ha tenido problemas con los organizadores del rally París-Dakar al exponer tan abiertamente que es un circo de corrupción e insensatez?

No, y tampoco me importa si los tengo. Aún creo que para la barbarie que cometen año tras año no he hecho críticas tan fuertes.


¿Considera que es un insulto que día tras día lleguen pateras cargadas de magrebíes a nuestras costas, que los subsaharianos pierdan la vida ahogándose por intentar conseguir un futuro mejor y nosotros les "irrespetemos" enviándoles un tropel de camiones, coches y motos?

Sí. Y precisamente por eso vienen. Observan tal derroche de riqueza por pura diversión que piensan que esto es un paraíso. Luego se encuentran, cuando llegan, que los metemos en la cárcel y los devolvemos sin compasión a su tierra.

En toda la obra hay una crítica mordaz a la hipocresía. ¿Sabe que yo ya repugnaba la hipocresía y después de haber leído su libro no dejo de plantearme cada minuto cómo podemos vivir así...?

Vivimos en un mundo en el que la problemática diaria nos hace olvidar los grandes asuntos. Simplemente desviamos la mirada. Tenemos tantos problemas propios que nos pasamos por alto lo esencial. Quiero que la gente reflexione, por eso denuncio todo esto.

Gacel Sayah representa los valores ya perdidos: la hospitalidad, el honor, el respeto a los demás, el intentar comprender antes que despreciar al que es distinto a nosotros. ¿Es Gacel su yo enmascarado, la voz del autor?

No, los tuareg son realmente así. No es que yo los vea a través del cristal con el que mira a veces el escritor. Son hospitalarios porque para ellos la hospitalidad es una ley muy antigua, sagrada. Si no fuese así, nadie hubiera sobrevivido en el desierto.

Su pasado como periodista y enviado especial a zonas de conflicto como la guerra del Chad, el Congo, Guinea o Guatemala, ha dicho que le persigue y que le obliga a contar aquello que ve. ¿Ha llegado a conocer tuareg tan bravos y osados como Gacel, Laila o Aisha?

Sí, todos son iguales. Hospitalarios, respetuosos con el extranjero y ,ante todo, con un gran sentido del honor.


En la novela hay retratados personajes como el asesino bosniocroata, Marc Milosevic; los hermanos argentinos Mendoza, desertores del ejército y fugitivos o el delincuente armenio El Mecánico.
¿No cree que le pueden tachar de ser demasiado tópico?

No creo que caiga en tópicos ya que realmente es así. No hay duda de que sólo argentinos fugitivos o bosniocroatas delincuentes se embarcan en algo así. Hace treinta años, cuando yo era corresponsal de guerra en el Chad, la mayoría de la población eran desertores de guerra. A América fueron los extremeños y andaluces porque eran los más pobres entonces, tenían que emigrar para buscar trabajo en otras tierras.

En el inicio de la novela Gacel jura que no hará distinción entre sus rehenes por cuestión de dinero o influencia y, al final, acaba liberando a Pino Ferrara por ser hijo del comendatore, un influyente banquero italiano. ¿No cree que se contradice el Gacel del final de la novela con el del principio?

No, en absoluto. Pino Ferrara es el único que le dice que lo puede arreglar para que no mate absurdamente a seis personas. Es un tuareg que sigue sus leyes pero no es estúpido. Sería tonto haber matado a seis inocentes por ser intransigente.

Todas esas leyendas que cuenta en su primera parte de la historia Tuareg y en esta segunda, Los ojos del Tuareg, tienen algo de realidad, supongo.

Tienen mucho de realidad porque antes de escribir yo he viajado mucho. Desde joven trabajé como enviado especial y corresponsal de guerra sin pisar jamás la redacción de un diario.

Sus libros tienen ventas millonarias pero, en cambio, no los considera best sellers. ¿Cree que la aventura es la clave de todo? ¿Necesitamos la inmensa mayoría toda esa aventura para huir de la repetitiva realidad?

A la gente le gustan mis libros pero no son best sellers. Los best sellers desaparecen de las estanterías de las librerías después de dos o tres meses. Mis libros se siguen vendiendo veinte años después.

Después de haber sido navegante, inventor, escritor, submarinista y periodista a sus 64 años y con una mirada igual de azul que en sus comienzos: ¿Qué le queda por vivir?

Invierto el dinero que gano con las ventas en libros en unas plantas de desalación basadas en un método que inventé para obtener grandes cantidades de agua desalinizada y las tengo que visitar periódicamente. Esto me reencuentra con África y me hace sentir vivo, con ilusión.





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Viajero incansable

"No he pisado jamás la redacción de un diario. Antes de escribir, es necesario viajar mucho".

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"África da miedo. África queda en nuestro subconsciente como una tierra salvaje y de caníbales".
Alberto Vázquez-Figueroa


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"Mis libros no son best sellers porque no tratan temas como el sexo, el lujo o el morbo".
Alberto Vázquez-Figueroa

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