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Casi
todos sus libros son historias que narran aventuras que hacen volar
la imaginación del lector. ¿Por qué esa fascinación
por este género?
Es el género que a mí me gustaba desde niño. El
que verdaderamente perdura y me entusiasma. Me crié en el desierto
y lo único que hice allí era leer. Me fascinaban los libros
de Stevenson, Conrad o Julio Verne. Por eso decidí escribir libros
de aventuras como los que leía desde niño. He viajado
mucho para poder escribir.
¿Ese amor por África, le viene desde niño? ¿Cuándo
se enamoró de ella? ¿No
considera que África es aún la gran desconocida?
Pasé toda mi infancia en Marruecos y el desierto. Viví
en África hasta los 16 años y siento que pertenezco allí.
Pero soy consciente de que África es todavía esa gran
desconocida. Fue conquistada a principios de siglo pero hasta 1800 no
fue poblada. La gente siente miedo por ese continente, por su clima,
miedo a encontrarse animales peligrosos. Lo desconocido aterra.
¿Por qué esa pasión por estos dos continentes?
No podía estar en los cinco a la vez. Fui como corresponsal de
La Vanguardia a Latinoamérica. África, por raíces;
y Sudamérica por cariño y trabajo. Pero tampoco he viajado
tanto. Es muy interesante vivir en países así, tan diferentes.
Los ojos del Tuareg es la continuación de Tuareg,
la novela que ha tenido ventas millonarias y encandiló a miles
de lectores hace ya veinte años. ¿Por qué decidió
volver a escribir nuevamente sobre la saga Sayah después de tantos
años?
La idea de volver a retomar el tema de los tuareg surgió
cuando al ver la proyección por televisión del París-Dakar,
ví las injusticias que se cometían por el simple hecho
de anunciar marcas de cigarrillos y alcohol. Los tuareg hace
tiempo que vienen oponiéndose al rally, a ese derroche de lujo
a los ojos de unas personas que no tienen qué comer o beber.
¿Por qué razón tienen los tuareg que soportar
eso? Imagínate mil y pico de energúmenos que vengan a
fastidiarte a tu propia casa.
¿No ha tenido problemas con los organizadores del rally París-Dakar
al exponer tan abiertamente que es un circo de corrupción e insensatez?
No, y tampoco me importa si los tengo. Aún creo que para la barbarie
que cometen año tras año no he hecho críticas tan
fuertes.
¿Considera que es un insulto que día tras día
lleguen pateras cargadas de magrebíes a nuestras costas, que
los subsaharianos pierdan la vida ahogándose por intentar conseguir
un futuro mejor y nosotros les "irrespetemos" enviándoles
un tropel de camiones, coches y motos?
Sí. Y precisamente por eso vienen. Observan tal derroche de riqueza
por pura diversión que piensan que esto es un paraíso.
Luego se encuentran, cuando llegan, que los metemos en la cárcel
y los devolvemos sin compasión a su tierra.
En toda la obra hay una crítica mordaz a la hipocresía.
¿Sabe que yo ya repugnaba la hipocresía y después
de haber leído su libro no dejo de plantearme cada minuto cómo
podemos vivir así...?
Vivimos en un mundo en el que la problemática diaria nos hace
olvidar los grandes asuntos. Simplemente desviamos la mirada. Tenemos
tantos problemas propios que nos pasamos por alto lo esencial. Quiero
que la gente reflexione, por eso denuncio todo esto.
Gacel Sayah representa los valores ya perdidos: la hospitalidad,
el honor, el respeto a los demás, el intentar comprender antes
que despreciar al que es distinto a nosotros. ¿Es Gacel su yo
enmascarado, la voz del autor?
No, los tuareg son realmente así. No es que yo los vea
a través del cristal con el que mira a veces el escritor. Son
hospitalarios porque para ellos la hospitalidad es una ley muy antigua,
sagrada. Si no fuese así, nadie hubiera sobrevivido en el desierto.
Su pasado como periodista y enviado especial a zonas de conflicto
como la guerra del Chad, el Congo, Guinea o Guatemala, ha dicho que
le persigue y que le obliga a contar aquello que ve. ¿Ha llegado
a conocer tuareg tan bravos y osados como Gacel, Laila o Aisha?
Sí, todos son iguales. Hospitalarios, respetuosos con el extranjero
y ,ante todo, con un gran sentido del honor.
En la novela hay retratados personajes como el asesino bosniocroata,
Marc Milosevic; los hermanos argentinos Mendoza, desertores del ejército
y fugitivos o el delincuente armenio El Mecánico.
¿No
cree que le pueden tachar de ser demasiado tópico?
No creo que caiga en tópicos ya que realmente es así.
No hay duda de que sólo argentinos fugitivos o bosniocroatas
delincuentes se embarcan en algo así. Hace treinta años,
cuando yo era corresponsal de guerra en el Chad, la mayoría de
la población eran desertores de guerra. A América fueron
los extremeños y andaluces porque eran los más pobres
entonces, tenían que emigrar para buscar trabajo en otras tierras.
En
el inicio de la novela Gacel jura que no hará distinción
entre sus rehenes por cuestión de dinero o influencia y, al final,
acaba liberando a Pino Ferrara por ser hijo del comendatore,
un influyente banquero italiano. ¿No cree que se contradice el
Gacel del final de la novela con el del principio?
No,
en absoluto. Pino Ferrara es el único que le dice que lo puede
arreglar para que no mate absurdamente a seis personas. Es un tuareg
que sigue sus leyes pero no es estúpido. Sería tonto haber
matado a seis inocentes por ser intransigente.
Todas
esas leyendas que cuenta en su primera parte de la historia Tuareg
y en esta segunda, Los ojos del Tuareg, tienen algo de realidad,
supongo.
Tienen
mucho de realidad porque antes de escribir yo he viajado mucho. Desde
joven trabajé como enviado especial y corresponsal de guerra
sin pisar jamás la redacción de un diario.
Sus
libros tienen ventas millonarias pero, en cambio, no los considera best
sellers. ¿Cree que la aventura es la clave de todo? ¿Necesitamos
la inmensa mayoría toda esa aventura para huir de la repetitiva
realidad?
A
la gente le gustan mis libros pero no son best sellers. Los
best sellers desaparecen de las estanterías de las librerías
después de dos o tres meses. Mis libros se siguen vendiendo veinte
años después.
Después
de haber sido navegante, inventor, escritor, submarinista y periodista
a sus 64 años y con una mirada igual de azul que en sus comienzos:
¿Qué le queda por vivir?
Invierto
el dinero que gano con las ventas en libros en unas plantas de desalación
basadas en un método que inventé para obtener grandes
cantidades de agua desalinizada y las tengo que visitar periódicamente.
Esto me reencuentra con África y me hace sentir vivo, con ilusión.
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"No
he pisado jamás la redacción de un diario. Antes
de escribir, es necesario viajar mucho".
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"África
da miedo. África queda en nuestro subconsciente como
una tierra salvaje y de caníbales".
Alberto
Vázquez-Figueroa
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"Mis
libros no son best sellers porque no tratan temas como
el sexo, el lujo o el morbo".
Alberto
Vázquez-Figueroa
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