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La compresión
de los archivos
de sonido y su facilidad de movimiento a través de la red establecen hoy las reglas de cómo consumiremos la música en el
siglo XXI

       Con la  
 música
 a otra
 parte

        Las recientes megafusiones mediáticas entre America On Line y Time Warner y la posterior de esta última con EMI no suponen más que el primer (o más bien segundo) capítulo de la crónica de una muerte anunciada: la de la distribución musical tal como la hemos conocido durante todo el recién finiquitado siglo XX.

         El primero de los capítulos de esta crónica seguramente se escribiera allá por 1992 cuando el Motion Picture Experts Group (MPEG) aprobó la tecnología de compresión de archivos de audio conocida como MP3, capaz de lograr reducciones de 12 a 1 en número de bytes sin mermar la calidad del sonido. Luego vendría Internet y tal formato sería ideal para colocar sonido en la Red o enviar de un ordenador a otro canciones y hacerse con música de alta calidad de audición y sin pasar por caja.

El reciente anuncio del matrimonio Warner-Emi de su intención de revolucionar la venta de música a través de Internet tiene forma de bandera blanca ante el nuevo medio.

         Las multinacionales discográficas han intentado infructuosamente durante los últimos años eliminar el formato musical que amenaza con carcomer el trono de oro sobre el que se hallan asentadas. El reciente anuncio por parte de los responsables del matrimonio Warner-Emi de su intención de revolucionar la venta de música a través de Internet tiene forma de bandera blanca y de rendición (aunque no incondicional) ante el nuevo medio.

Batalla sin cuartel y sin resultados

        Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Esa parece haber sido la conclusión de la industria discográfica tras multitud de batallas legales que no parecen haber detenido lo más mínimo la inercia del fenómeno. La última de estas batallas y una de las más sonadas ha ocurrido hace apenas unos días con la demanda de la RIAA (Recording Industry Association of America) contra la web MP3.com (www.mp3.com) por incumplimiento de las leyes de copyright de su nuevo servicio gratuito My.MP3.

         Basándose en que la ley americana permite una copia para uso propio siempre que se posea el original, My. MP3 ofrece un espacio gratuito para almacenar ficheros MP3 siempre que se pueda demostrar la posesión de esa primera copia original.

        Para ello sólo se necesita que el usuario introduzca en la unidad lectora de CD de su ordenador un disco de música. El programa reconocerá que disco es y permitirá que a partir de ese momento ese usuario pueda acceder a una versión en mp3 de dicho disco. De hecho el usuario no llega ni siquiera a realizar la conversión al formato. Lo que se obtiene tras el proceso es permiso para el acceso a un archivo determinado de los más de 40.000 discos que MP3.com ha recopilado en su servidor.

No hace falta ser futurólogo para adivinar que el mundo de la música se halla ante el mayor cambio sufrido desde la invención del gramófono.

Hecha la ley, hecha la trampa

         Las reclamaciones de la RIAA se fundan en que la excusa del uso personal no hace más que esconder el hecho de que en realidad este servicio hace accesibles a todo el público miles de copias que no pagan ningún derecho de autor. Para empezar, el programa es incapaz de detectar si el CD que permite el acceso a la copia es un original o se trata a su vez de una copia ilegal. Pero esto es lo de menos.

         Las cuentas están protegidas mediante contraseñas, ya que se trata en teoría y atendiendo a la ley, de espacios para uso estrictamente personal. Pero nada impide que miles de usuarios se intercambien sus contraseñas para así poder acceder no sólo a su colección particular sino a la de muchos otros usuarios. El mismo día que se lanzaba el servicio, aparecían ya canales de IRC dedicados en exclusiva a tal menester.

         MP3.com se cubre las espaldas haciendo aceptar a los que suscriben este servicio un contrato en el que se indica que las contraseñas no podrán cederse bajo ningún concepto a otra persona y que en caso de hacerlo será bajo su propia responsabilidad. De esta manera este portal de archivos musicales declina su responsabilidad si se convierte en un centro de pirateo, no dejando en principio otro remedio a la RIAA que querellarse particularmente con cada uno de los usuarios infractores de la norma.

Al gato y al ratón

         Pero My.MP3 no es más que otra vuelta de tuerca sobre el negocio de la distribución tradicional de música. En caso de no prosperar la demanda a las discográficas y sociedades de autores se les negaría la única medida con la que contaban hasta el momento: perseguir en la red los archivos mp3 ilegales y amenazar al administrador del web con una demanda. Aunque este tipo de medidas en general no han hecho más que formar parte de un juego al ratón y al gato en el que los administradores de dichas webs simplemente acababan cambiando de dirección, sí que ha dificultado al menos la búsqueda de tales archivos para los usuarios de Internet en general.

Quizás la principal amenaza que Internet supone para las discográficas no provenga del pirateo, sino de la propia rebelión de los artistas.

        Warner-EMI contará ahora en AOL con 20 millones de consumidores a los que vender sus músicas de una manera diferente. No hace falta ser futurólogo para adivinar que el mundo de la música se halla ante el mayor cambio sufrido desde la invención del gramófono. Para comenzar, resulta lógico pensar que desaparezca el clásico concepto de álbum y se vuelve al modelo de los años 50 en el que se pagaba por canción en aquellos "singles" de 45 rpm.

Artistas rebeldes

        
Pero quizás la principal amenaza que Internet supone para las discográficas no provenga del pirateo, contra el que pueden luchar legalmente, sino de la propia rebelión de los artistas. Éstos pueden dar a conocer su creación y comercializarla directamente a través de la Red sin necesidad de intermediarios entre el productor y el consumidor final, obteniendo un mayor control sobre su obra y sus ganancias.

         El rapero Chuck D., líder de los Public Enemy parece encabezar este movimiento de independencia desde que boicoteara a su propia discográfica publicando en la Red la totalidad de su último álbum. En su idea de que Internet permite a cada banda o grupo ser una emisora sus declaraciones no dejan lugar a duda de que lo tiene claro: "Hasta ahora las discográficas han chuleado la tecnología. MP3 es una tecnología que no pueden chulear".

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