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Primero
fueron las ranas. Luego se logró con los ratones, las ovejas,
las terneras, y recientemente, con los monos. Y un científico
de Chicago ha declarado públicamente que piensa intentarlo con
seres humanos. La clonación, hasta hace poco más ciencia ficción
que ciencia real, se está convirtiendo en una tecnología sofisticada
que ya ha abierto un gran debate ético a nivel mundial.
Pero
mientras los gobiernos intentan frenar la práctica, los hechos
se van imponiendo a las leyes: este mes, Inglaterra se ha convertido
en el primer país en otorgar una patente sobre clones de embriones
humanos en las primeras fases de desarrollo. Aunque la empresa
que ha recibido la patente, la estadounidense Geron, asegura
que sólo piensa utilizar la tecnología para la curación de enfermedades,
perdura el temor de que en cualquier laboratorio privado del
planeta se esté ya desarrollando el primer clon humano.
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¿Los
hombres,innecesarios
para
la reproducción? |
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Aunque
ya se experimentaba con ranas y renacuajos desde los años cincuenta,
las lumbreras científicas del momento no creían que se llegara
jamás a duplicar mamíferos. Pero en febrero de 1997, la palabra
"clonación" pasó a formar parte del vocabulario popular gracias
a un improbable vehículo: una oveja. Se llamaba Dolly, y por
fuera parecía un borrego corriente y moliente. Pero en realidad
era una copia idéntica de su madre, ya que unos investigadores
del Instituto Roslin, en Escocia, habían "reprogramado" un óvulo
sin fecundar, extrayendo su núcleo y reemplazándolo por el núcleo
de una célula de la madre oveja. El núcleo contiene toda la
información genética acerca del ser vivo al que pertenece, y
sirve como "manual de instrucciones" para "fabricar" los tejidos
que componen un ser vivo. La criatura recién nacida, pues, tenía
todos los atributos de su madre, es decir, era el primer mamífero
clonado a partir de una célula adulta.
Las
imágenes de Dolly balando en su establo dieron la vuelta al
mundo, suscitando una mezcla de admiración y temor ante este
ejemplo de reproducción asexual. Dos días después de conocerse
la noticia, una bióloga celular de la Universidad de George
Washington, la Dra. Ursula Goodenough, declaraba al New York
Times que "si esta técnica de clonación llegara a perfeccionarse,
los varones ya no serían necesarios para la reproducción".
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Una
revolución
en
la medicina. |
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Pero
la clonación por transferencia nuclear ya promete tantas aplicaciones
prácticas que una empresa estadounidense, Geron, acaba de obtener
la patente sobre la tecnología, sobre cualquier animal producido
con ella, e incluso sobre embriones humanos cuando todavía consisten
en células madre, es decir, que todavía no se han convertido
en tejidos específicos como piel u ojos. La apropiación por
un ente privado de una técnica que podría cambiar la medicina
en los años venideros ya ha suscitado críticas, pero dirigentes
de Geron aseguran que esto obligará a otras empresas a desarrollar
técnicas alternativas, lo cual fomentará la investigación. "La
historia ha demostrado una y otra vez a lo largo de todo el
siglo que el establecimiento de una patente tecnológica constituye
el mayor impulso a la innovación mediante el desarrollo de tecnologías
alternativas," dijo el director gerente de Geron, Simon Best,
en declaraciones recientes a la BBC.
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"Inmunovacas"
y
ganadería
de diseño.
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Y
es que la clonación, dicen sus defensores, podría tener muchos
usos positivos. Por ejemplo, en ganadería de diseño: se podrían
elegir los mejores ejemplares de cerdo, vaca u oveja, y clonarlos
para obtener siempre animales de calidad suprema. O desarrollar
animales inmunes a las plagas que diezman el ganado hoy en día,
como bóvidos inmunes a la enfermedad de las vacas locas (las
"inmunovacas", en palabras de un investigador).
Pero
los avances más espectaculares se hallarían en la medicina:
se podrían crear animales que produjeran proteínas específicas
para tratar enfermedades humanas, como por ejemplo agentes coagulantes
para la hemofilia. O incluso se podría criar animales para el
transplante de órganos genéticamente modificados para evitar
el rechazo en cuerpos humanos. Más adelante, hasta se prevé
que se podría utilizar los mismos genes de una persona para
crear órganos de repuesto que, al contener el mismo código genético
que la persona de la que originan, no serían rechazados jamás.
Cada cual podría así disponer de un surtido de órganos de repuesto,
por si los accidentes.
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¿Un
clon del presidente
de
Estados Unidos? |
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Pero
sobre estos deslumbrantes escenarios se cierne una oscura posibilidad.
¿Y si a alguien se le ocurre clonar un ser humano? Ya se ha
intentado una vez, que se sepa. En diciembre pasado, unos científicos
surcoreanos anunciaron que habían iniciado una clonación humana
con éxito, pero que la habían detenido voluntariamente en la
fase embrionaria por razones morales. Un mes antes, un experimento
logró fusionar células humanas con un óvulo de vaca. Los medios
de comunicación empezaron a pintar panoramas que harían temblar
al mismísimo Aldous Huxley y a su "mundo feliz". Ejércitos de
clones programados para trabajar sin rechistar. Reencarnaciones
de dictadores y asesinos notorios de la Historia. Híbridos monstruosos
de humano y animal. Granjas de humanos creados para usar sus
órganos en trasplantes. Incluso, horror entre horrores, un clon
de presidente de los Estados Unidos. "La Constitución americana
no contiene ninguna cláusula relativa a los clones," advierte
la revista Time, "mientras sea ciudadano de los Estados Unidos
y tenga al menos 35 años, puede presentarse como candidato."
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El
mito de Frankenstein
se hace realidad.
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Y
aunque no se llegue jamás a estos extremos, la idea de duplicar
a una persona provoca rechazo, pues choca con el concepto de
individualidad que, al menos de momento, forma parte de la definición
del ser humano. Varios países ya han prohibido expresamente
la clonación humana, entre ellos España. En Estados Unidos,
el presidente Clinton prohibió el uso de dinero federal para
cualquier investigación sobre clonación humana, y pidió a la
comisión consultiva nacional sobre bioética que explorara las
consecuencias éticas y legales de este tipo de práctica. Tras
el alumbramiento de Dolly, la Unión Europea emitió una resolución
afirmando que "todos los individuos tienen derecho a su identidad
genética propia y que la clonación humana está y ha de seguir
estando prohibida". Además, todavía no se conocen bien todas
las consecuencias físicas y mentales de clonar seres vivos,
desde el empobrecimiento del fondo genético hasta el envejecimiento
prematuro, del que ya está sufriendo Dolly.
Pero
un científico de Chicago, el Dr Richard Seed, anunció en enero
de 1998 que pensaba tratar de clonar a un ser humano, con leyes
o sin ellas. Y puede que haya otros que no lo hayan anunciado
públicamente pero que estén ya en ello. El siglo que estrenamos
podría hacer realidad el mito de Frankenstein, otorgándonos
control absoluto sobre la creación de la vida y obligándonos,
quizá, a redefinir el mismísimo concepto de ser humano.
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