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Has
vuelto a ganar la partida. Sin duda, eres el más rápido a ese
lado del monitor. Pero piensa que estás compitiendo con un frío
procesador sin emociones. ¿Qué ocurriría si tuvieras oportunidad
de enfrentarte a una inteligencia racional como la tuya, capaz
de emboscarte, sorprenderte por detrás y, con un simple clic del
ratón, aniquilarte, borrarte de la pantalla? ¿Quieres aceptar
el reto? Juega on-line.
Un
paso más
A
pesar de los avances tecnológicos, la filosofía del videojuego
continuaba siendo la misma en su esencia: un jugador o dos ante
el monitor y contra la máquina. Pero en eso llegó Internet y el
escenario ha cambiado.
Basta
con acceder a la red y proponérselo para encontrar un adversario
al que retar a una partida. Ya no se compite contra un procesador
capaz de elaborar complejos cálculos matemáticos en fracciones
de segundo. Ahora
puedes enfrentarte a un competidor real, de carne y hueso, situado
en el otro extremo del mundo y que siente el placer de la victoria
o el desencanto de la derrota. Para nosotros su aspecto será el
del monstruo con tentáculos que vemos en el monitor, solo que
esta vez piensa por si mismo, tiene vida propia. La tecnología
sólo es un vehículo.
El enfrentamiento puede ir más allá del cuerpo a cuerpo con el
enemigo. Grupos de jugadores on-line se organizan para ayudarse
mutuamente y atacar a clanes rivales o enemigos comunes. Finalizada
la partida, participan en chats especializados en el juegos, comparten
experiencias, intercambian estrategias y, llegado el momento,
se retan para medir sus habilidades en el campo de batalla virtual.

Difícil
elección

La variedad de
juegos de los que podemos disfrutar en la red hacen que elegir
uno sea complicado, a menos que seamos fanáticos de alguno en
concreto. Podremos elegir entre simuladores de vuelo o carreras,
hasta juegos de rol y estrategia, pasando por aventuras gráficas
o los habituales juegos de salón en su versión cibernética.
Aunque se puede participar en torneos on-line,
no siempre es necesario competir contra otros jugadores en la
red. También hallaremos juegos con los que disfrutar sin
necesidad de enfrentarnos a un adversario, echar una simple partida
de cartas o, para los que quieran probar suerte, jugar con auténtico
dinero en un casino virtual.
¿Qué
se necesita para jugar en Internet?

Lo mejor es disponer
de un ordenador con un buen procesador -los 486 se quedan algo
cortos, aunque pueden servir-, un modem lo más rápido posible,
una buena conexión a la red y el CD original del programa del
juego. Esto último no es del todo necesario ya que existen servidores
que permiten jugar utilizando versiones preliminares o demos que
podemos obtener del propio servidor.
A
partir de aquí existen diferentes posibilidades para comenzar
la sesión:
Desde
el juego. Algunos vienen equipados con un programa que nos
conectará directamente con la web donde podremos comenzar a jugar
on-line.
A
través de la web de un servidor de juegos on-line.
En estos servidores encontraremos diversos juegos entre los que
elegir, aunque algunos pueden ser de pago. Uno de los más populares
es el MSN
Gaming Zone
de Microsoft.
Con
la ayuda de un buscador. Hay buscadores de Internet que podemos
utilizar para localizar servidores gratuitos de juegos. El problema
es que sólo sirven para algunos juegos. El Game
Spy
es uno de estos buscadores.
El
malvado efecto LAG

Una
vez iniciada la partida, es posible que no pueda jugar en igualdad
de condiciones que sus adversarios. Es un problema de comunicación.
Por ejemplo, si se dispone de un modem de baja o media velocidad
y una conexión normal a Internet y, a pesar de todo, decide enfrentarse
a un norteamericano, dónde ya se utiliza la conexión por cable
-mucho más rápida y eficaz- puede sufrir lo que se conoce como
efecto LAG.
Observará
que, a pesar de vaciar un cargador contra el enemigo que tiene
enfrente éste no solo no muere, sino que desaparece para volver
a aparecer detrás de su posición y aniquilarle. Este fenómeno
se debe a la diferencia en la velocidad de la comunicación entre
ambos jugadores. Aunque el oponente parezca
estar delante, el contrincante ya ha iniciado una maniobra de
evasión que, por la lentitud de su conexión, no se refleja en
su monitor, pero el enemigo -más rápido- ya no está a tiro.
A
pesar de todo, las posibilidades de diversión son infinitas.
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