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Con
las manos despreocupadamente metidas en los bolsillos del pantalón,
parece un galán de telenovela más que un cura. Tiene 30 años,
los ojos claros, y una sonrisa "profidén". Se siente a gusto delante
de la cámara y presenta un programa propio de televisión en el
que habla con desparpajo de sexo y matrimonio. La gente le para
por la calle para pedirle autógrafos y sacarse fotos con él. Está
tan en demanda que los medios de comunicación tienen que ponerse
en lista de espera para conseguir una entrevista con él. En resumidas
cuentas, es una estrella. Pero a pesar de ello, el Padre Alberto
Cutié es un sacerdote de verdad que da misa todos los días
en la iglesia de San Patricio, en Miami.
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¿Un
cura católico dando consejos
de sexo por televisión?
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El
programa que lleva su nombre es un espacio de una hora en formato
"talk show", con invitados y especialistas, semejante al popularizado
por los presentadores estadounidenses Oprah Winfrey y Geraldo
Rivera. Creado por la cadena hispana de televisión Telemundo,
el espacio del Padre Alberto está pensado para audiencia
latinas y toca temas que van desde las relaciones interfamiliares
hasta los problemas matrimoniales, pasando por el sexo. ¿Un cura
católico dando consejos de sexo por televisión? Quizá sea en parte
ese morbo el que ha hecho del programa un éxito tal que rivaliza
con el de la reina de la programación hispana, Cristina Saralegui,
de la cadena rival Univisión.
Lo
más extraordinario de este "padrecito",
como le llaman en su parroquia, es que en medio de tanto trajín
aún le queden tiempo y ganas para oficiar misa, celebrar bodas
y organizar bautizos. Pero lo que al Padre Alberto le sobra
es fuerza, y el programa no parece quitarle ninguna. "Al
revés, es la fuente de mi energía!," exclama.
" En realidad veo el programa de televisión un poco como una extensión
de lo que soy como sacerdote, es decir, tratar de ayudar, inspirar,
motivar a la gente. Gran parte del día del sacerdote se dedica
a la orientación de las personas, así que lo que hacemos en el
programa no es muy diferente a lo que hacemos en la parroquia."
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"Tenemos
que hablar de los temas
de la vida real. No podemos escondernos debajo de una piedra."
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Hay quien
tacha su programa de sensacionalista. Pero el Padre Alberto,
lejos de preocuparse por estas críticas, se enorgullece de que en
su programa no haya ningún tema tabú. "Yo digo que tenemos que hablar
de los temas de la vida real. No podemos escondernos debajo de una
piedra y pensar que existe otro mundo que tenemos en nuestra mente
y que no es el mundo real. Dios nos ha puesto en este momento de
la Historia, y tenemos que dialogar y comprender la situación que
nos rodea. No se puede ignorar como si no existiera," afirma con
convicción en su acento cubano. "Hay personas
dentro y fuera de la iglesia que tienen miedo a enfrentarse a estas
realidades, especialmente temas que en el pasado se han considerado
tabú. Pero el sacerdote y la iglesia de hoy tienen que estar dedicados
a contestar a las preocupaciones de hoy en día y a las inquietudes
del corazón humano de hoy en día."
El Padre
Alberto pone énfasis en el "hoy en día",
porque es un hombre muy metido en la cultura actual. Nacido en
Puerto Rico de padres cubanos, se crió en Miami, donde estudió
comunicaciones.
A los doce años se introdujo en el mundo de la música, tocando
en bodas y recepciones, e incluso forjándose un nombre como disc
jockey en Miami. No precisamente los clásicos credenciales de
un futuro sacerdote... ¿Cómo acabó pasando de la mesa de mezclas
de una emisora de radio al altar de una iglesia? El Padre Alberto
ríe. "Yo creo que es muy interesante que
Dios siempre usa nuestros talentos y nuestra personalidad para
servirlo. En medio de todo ese ruido, en todo ese corre-corre,
Dios me empezó a inspirar con su propio ruido!"
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Entrevistaron
a 500 sacerdotes
en el espacio de un año hasta dar
con el Padre Alberto
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Fue
por esa conexión con la cultura popular que el Padre Alberto
resultó ser el candidato ideal para presentar el espacio. Nely
Galán, la ejecutiva que ideó el programa mientras se recuperaba
en México de un período de estrés, entrevistó a nada menos que
500 sacerdotes en el espacio de un año hasta dar con él. Estaba
buscando lo que, según ella, los hispanos desean hoy en día:
una voz joven capaz de dar consejos, pero que no sea un psicólogo,
ya que los hispanos les tienen aversión. Un cura, pensó Galán,
es una figura tradicional respetada por los latinos. ¿Pero era
posible encontrar a un cura que no sonara anticuado y que no
sermoneara a la gente? El Padre Alberto resultó ser todo
eso y más. "La gente por muchos siglos
se ha acostumbrado a buscar el consejo del padre; era la persona
que daba la terapia inmediata," dice entre risas. "Y también
era gratis, así que ¡muy asequible!".
Y la
gente viene a diario buscando su ayuda. Aunque el Padre Alberto
no pretende ser un psicólogo profesional y anima a las personas
que acuden a su programa a que busquen ayuda exterior, él cree
sinceramente que su espacio televisivo cambia la vida de la gente.
Cuenta la anécdota de una muchacha de 16 años que se le acercó
para decirle que su programa es lo único que ella y su abuela
tienen en común, porque lo ven juntas en la sala de casa, mientras
que todo lo demás lo hacen por separado.
"Los
temas negativos son los que se acumulan, dificultades bien severas,
y por ser yo sacerdote el programa se presta más a eso, porque
a los sacerdotes se va en tiempos de crisis, raramente vienen
para contarte lo bien que les va el matrimonio o la familia. Así
que es un elogio tremendo que le digan a uno que ha conectado
de alguna forma, por los temas que se tratan en el programa, a
dos generaciones de una familia. Yo tengo
una misión espiritual, y esta misión que he aceptado de estar
en los medios es una misión muy humana, ya que el sacerdote está
al servicio de la humanidad."
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