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ara
la fundación Salomon Guggenheim la moda es una expresión
artística que está a la altura de la pintura o la escultura y
que, por lo tanto, debería estar representada en un museo. El
Guggenheim de Nueva York ha
decidido dedicar una gran exposición a Giorgio
Armani y desplegar sus diseños en el mismo edificio
en el que descansan las obras más representativas del arte moderno.
Que el prêt-a-porter del diseñador italiano comparta
espacio con el cubismo de Kandinsky no ha sentado bien en algunos
círculos museísticos, pero está funcionando muy bien en la taquilla.
Este año Armani ha cumplido
25 años en el mundo de la moda y la pinacoteca de la Quinta Avenida
ha aprovechado la efemérides para lanzar una de sus exposiciones
más controvertidas, por populista, desde la dedicada a la motocicleta.
El director de la fundación Guggenheim, Thomas Krens, afirma
que dedicar una exposición a Giorgio
Armani está más que justificado y no debería sorprender
a nadie. "Esta exposición demuestra el continuo compromiso del
museo con la investigación de la cultura en todas sus dimensiones,
y desde hace mucho tiempo Armani
está reconocido como uno de los diseñadores más influyentes del
siglo XX".
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Tanto
los vestidos de la noche de los Oscar de Jodie Foster como
el traje sastre del ciudadano anónimo llevan la marca Armani
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La vertiginosa espiral del edifico diseñado por Frank Lloyd Wright
ha sido envuelta en una gasa blanca para acoger 400 diseños de
Armani. Es un repaso a 25
años de moda que han impactado en la cultura de finales del siglo
XX. En la exposición, que permanecerá abierta hasta el 17 de enero,
se puede ver desde el prêt-a-porter hasta trajes
de noche llenos de glamour. La retrospectiva dedicada al modisto
está organizada de forma temática en vez de cronológica: el estilo
andrógino, la chaqueta desconstructivista (que luego dio paso
a chaquetas sensuales para hombres y masculinizadas para las mujeres),
los colores cálidos, etc.
Algunas de las piezas desplegadas son tan familiares que en algunos
momentos uno tiene la impresión de estar mirando el escaparate
de una tienda y no una exposición en un museo. Armani
es el padre del estilo informal contemporáneo que define
el vestuario actual y uno de los modistos más populares de los
últimos años. Tanto los vestidos de la noche de los Oscar de Jodie
Foster como el traje sastre del ciudadano anónimo llevan la marca
Armani.
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Un
cerdo muerto flotando en formol:
¿arte?
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Junto a las cualidades
artísticas y la aportación cultural del diseñador, a nadie se
le escapa que Armani es un
imperio económico y uno de los ejemplos más claros del "estilo
de vida de marca", ni que Armani
y la exposición que le dedica el Guggenheim han reabierto
un debate que late desde principios de los noventa en los círculos
museísticos de Estados Unidos: la supervivencia económica de los
museos y su grado de servidumbre comercial. El eterno debate también
estuvo presente el año pasado con la exposición "Sensation" en
el museo de arte de Brooklyn. Miles de personas esperaron en cola
y llenaron las arcas del museo para conocer las cualidades artísticas
de una cabeza de vaca putrefacta con moscas incluidas, un cerdo
muerto flotando en formol y un dibujo de la virgen manchado con
excrementos de elefante.
A
la fundación Guggenheim se le ha venido acusando de ser
una cadena de supermercados del arte pero al mismo tiempo se ha
convertido en un modelo de salud financiera para otros museos
que están luchando por seguir abiertos. El debate en torno al
arte y lo comercial pronto cruzará el Atlántico ya que en marzo
del año que viene la exposición dedicada a Armani
se exhibirá en el museo Guggenheim de Bilbao.
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