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"Cibervago”, del inglés “cyberslacking”, es el nuevo término acuñado para describir el uso personal de Internet en horas de trabajo.



 
¿Haciendo el
 Cibervago?
 Cuidado con el
 Gran Hermano...

         Se encuentra usted en el trabajo, sentado ante su ordenador con mirada de profunda concentración. De su cubículo no salen más sonidos que el estacato furioso de teclas aporreadas a gran velocidad. Todo apunta a que está afanosamente redactando aquel informe tan urgente que le pidió el jefe para esta tarde. En realidad, está participando en un chat acerca de si el cuerpo recién asegurado de Jennifer López realmente vale un billón de dólares. Y justo cuando está a punto de exponer su mejor argumento, un reflejo difuso en la pantalla y un aliento cálido en el cogote le alertan de la presencia, inmediatamente a sus espaldas, de su superior… Le acaban de pillar haciendo el "cibervago", del inglés "cyberslacking", el nuevo término acuñado para describir el uso personal de Internet en horas de trabajo.

Se calcula que el 90% de los asalariados norteamericanos admiten navegar a menudo por Internet en horas de trabajo.

         Le suena? No es el único. Miles de empresas se están quejando de que, desde la introducción de Internet en el ámbito laboral, sus empleados se pasan gran parte del día contestando su correo electrónico, haciendo compras personales "online", o hasta montando sus propios negocios paralelos desde la oficina. Una encuesta reciente realizada en EE.UU. indica que el 90% de los asalariados de ese país admiten navegar a menudo por Internet en horas de trabajo. Tan a menudo, que se estima que casi un tercio del tiempo que pasan navegando por la red es tiempo empleado en usos personales, y por lo tanto tiempo perdido para la empresa.

El New York Times despidió fulminantemente a una veintena de empleados por enviar correo con contenido “impropio”.

         Algunas compañías han empezado a tomar medidas drásticas. La más común consiste en leer los mensajes electrónicos de sus empleados, para ver si tienen algo que ver con el trabajo o si son puramente personales. En principio, al ser los ordenadores propiedad de la empresa, ésta tiene derecho a conocer todo lo que contienen, incluido el correo, por mucho que suponga una invasión del ámbito privado del trabajador. Hace poco, el New York Times despidió fulminantemente a una veintena de empleados por enviar correo con contenido "impropio" (léase pornografía). Otro sistema, lento pero efectivo, consiste en revisar todas las páginas web visitadas por cada trabajador. Gracias a esta técnica orwelliana, Xerox pudo comprobar hace poco que 40 de sus empleados (ex-empleados a estas alturas) se pasaban hasta ocho horas diarias contemplando páginas pornográficas.

La ley -al menos de momento- está de parte de las empresas.

         La magnitud del fenómeno es tal que algunas compañías han decidido cortar por lo sano y prohibir directamente cualquier uso personal de Internet e incluso del correo electrónico bajo pena de despido. Y aunque muchos empleados se toman a mal semejante imposición, la ley -al menos de momento- está de parte de las empresas. Pero éstas lo van a tener difícil para detener completamente el abuso de las nuevas tecnologías. Si usted es de los que se atreven a desafiar al Gran Hermano en su propia madriguera, no le faltan fuentes donde practicar la cibervaguería.

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