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Desde que en 1999
la Jones
International University de Denver, en Colorado, se convirtiera
en la primera universidad totalmente virtual acreditada en Estados
Unidos, han surgido más de 350 universidades que ofrecen estudios
on-line de licenciatura, postgrado e incluso de doctorado. En
un principio, los centros más prestigiosos del país se mantuvieron
al margen del fenómeno, estimando que nada podía reemplazar el
intercambio cara a cara entre alumnos y profesores. Pero ante
el riesgo de quedarse anticuadas, y al comprobar lo lucrativo
que resulta matricular a estudiantes a los que apenas hay que
proporcionar servicios de apoyo, la mayoría de universidades se
están apresurando a ofrecer todo tipo de cursos
on-line.
En España, la Universidad
Nacional de Educación a Distancia inaugura este año un
programa llamado CiberUNED que ofrece todo tipo de cursos
por Internet. Según la International Data Corporation,
una empresa de análisis de la industria de Internet, para el año
2002 el 84% de los centros de estudios superiores ofrecerán cursos
a distancia. Incluso ya existe una Asociación
Mundial de Enseñanza On-line, con sede en California,
que ofrece información para profesores que imparten clases virtuales.
El negocio de la
educación a distancia, del
cual Internet forma parte, ya mueve 6.000 millones de dólares
al año. Para las universidades, que sufren de una falta crónica
de fondos, la educación por Internet supone un aumento importante
de los ingresos por matriculación, pero sin los gastos de mantenimiento
de aulas, salas de estudio, gimnasios, etc. Otro gasto significativo
tradicional que puede desaparecer es el mantenimiento del personal
facultativo, un desembolso que supone hasta un 90% del presupuesto
anual de muchas universidades.
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"El capitalismo de mercado
es la fuerza que está empujando el desarrollo de las universidades
en la Red"

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Así pues, según
Michael Margolis, profesor en la Universidad de Cincinnati
y autor de un ensayo llamado "Brave New Universities",
la eliminación de clases impartidas en aulas físicas supone un
ahorro importantísimo, puesto que permite tener un mayor número
de estudiantes con menos profesores y menos infraestructura. Otra
industria que se ve beneficiada por esta nueva tendencia es la
de las empresas de software educativo. Se estima que la demanda
mundial de software y servicios de enseñanza virtual supondrá
10.000 millones de dólares para el año 2002. "El capitalismo
de mercado, y no Internet en sí, es la fuerza que está empujando
el desarrollo de las universidades en la Red", afirma Margolis.

En consecuencia, no sólo están surgiendo universidades enteramente
virtuales, sino que las tradicionales también se están subiendo
al carro de Internet. La
Columbia University, una de las universidades más prestigiosas
del país, anunció para principios del 2001 un programa de cursos
por Internet en materias diversas como inglés, economía y psicología.
Este programa, se jacta la universidad, "es el ejemplo más
reciente del liderazgo de la Columbia en el campo de la universidad
en la Red". Y a finales de noviembre, la Harvard University
y la Stanford University, otras dos grandes universidades
que ya ofrecen varios cursos on-line,
anunciaron que explorarían conjuntamente la posibilidad de ofrecer
un programa por Internet de gestión de empresas. "La demanda
mundial de conocimientos de gestión nunca ha sido mayor que ahora,
y la necesidad de adoptar técnicas innovadoras de enseñanza es
apremiante", asegura Robert Joss, decano de la Stanford
Business School.
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El
61% de las empresas no creen que los diplomas virtuales
sean tan válidos
como los tradicionales

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Para los alumnos, estudiar por Internet tiene la peculiaridad
de no atarles a un horario o a un lugar específico. Además, la
posibilidad de estudiar en los centros más prestigiosos del país
sin tener que estar allí físicamente puede estimular a más de
uno a perfeccionar su formación académica. La empresa eCollege,
que ofrece una base de datos de cursos
on-line en todo el país, publica comentarios de alumnos
satisfechos con este tipo de estudios. "Tengo tres niños pequeños
y un trabajo a tiempo completo", explica Glenn Wallace, estudiante
virtual de la Universidad de Colorado. "Mi esposa y
yo estamos consiguiendo nuestras licenciaturas simultáneamente,
así que la posibilidad de estudiar desde casa nos ayuda mucho".
Internet abre la posibilidad de una educación continua a lo
largo de toda la vida. Pero la autodisciplina necesaria para
llevar a cabo este tipo de cursos puede ser demasiado para la
gente joven recién salida de los estudios de secundaria. Además,
para muchos jóvenes estadounidenses, vivir en un campus, rodeado
de amigos y lejos del hogar familiar, supone un rito casi sagrado,
una aventura que muchos no cambiarían por nada.
Aunque estudiar virtualmente
también puede convertirse en una aventura, o más bien en una
odisea, si no se elige con cuidado... En Estados Unidos no
hay ley que obligue a un centro educativo a poseer una licencia
estatal o regional que certifique su calidad de enseñanza. Muchas
de las universidades on-line
no tienen esta licencia, y los alumnos que se matriculan
en ellas se arriesgan a que, a la hora de buscar trabajo, las
empresas no se fíen de sus diplomas. Y aun cuando el diploma
haya sido otorgado por una universidad reconocida, muchos directores
de recursos humanos todavía lo consideran sospechoso. Una encuesta
reciente llevada a cabo por Vault.com,
una popular página web de búsqueda de empleo en EE.UU., arroja
que el 61% de las empresas creen que los diplomas virtuales
no son tan válidos como los tradicionales.
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Todavía
queda camino por recorrer antes de que la educación on-line
reciba un
voto de confianza

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"¿Diplomas de universidades virtuales? Eso es como el salvaje
Oeste: una nueva frontera", aseguraba recientemente a la
publicación ZDNet el vicepresidente de formación y desarrollo
de Snelling, una empresa de recursos humanos. "De momento
no hemos visto demasiados candidatos con diplomas virtuales,
pero no tardarán en llegar", dice Bill Weinhoff.
Para él, lo más probable es que poco a poco vayan surgiendo
nuevos organismos gubernamentales dedicados a certificar y dar
fe de la calidad de estos centros virtuales de enseñanza, para
evitar que la gente tenga un papel inservible tras varios
años de estudio. Y el problema trasciende las fronteras estadounidenses,
pues cabe la posibilidad de que alumnos de otros países se matriculen
en universidades virtuales norteamericanas y luego tengan problemas
a la hora de convalidar dichos estudios en su propio país.
Así pues, todavía queda camino por recorrer antes de que la
educación on-line reciba
un voto de confianza. Pero quizás el simple hecho de que este
año, por primera vez, una importante empresa de cazatalentos
haya llevado a cabo una encuesta sobre diplomas virtuales, ya
dice bastante sobre la importancia creciente que este tipo de
educación va a cobrar en pocos años.
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