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Si el famoso mensaje
electrónico en el que Mónica Lewinsky insultaba a Bill
Clinton se hubiese autodestruido antes de ser intervenido por
las autoridades, la Casa Blanca se habría ahorrado muchos
quebraderos de cabeza. De la misma manera, si el ejecutivo de
Microsoft que propuso la destrucción de Netscape en un correo
electrónico le hubiera puesto fecha de caducidad, el Departamento de
Justicia de los Estados Unidos no lo habría podido utilizar en el
juicio antimonopolio contra el gigante de la informática.
El problema de los
mensajes electrónicos es que son difíciles de eliminar por completo.
Aunque aparentemente los borremos de nuestro ordenador, suelen
seguir escondidos en el disco duro. Además, van dejando rastro en
muchos lugares antes de llegar a su destino: primero pasan por el
servidor del proveedor de Internet, luego por una serie de routers
intermedios, y finalmente acaban en el ordenador del destinatario.
En cualquiera de estos puntos de "aterrizaje", un desconocido (un
hacker, el FBI, o nuestro jefe sin ir más lejos) podría hacer
una copia de nuestro mensaje y leerlo. De repente, mensajes
comprometedores que creíamos destruidos hacía meses pueden
"resucitar" y ponernos en un aprieto.
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"El equivalente digital de la
tinta mágica"

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Para evitar este
tipo de situación embarazosa, algunas empresas han creado aplicaciones
que permiten mandar mensajes electrónicos que se autodestruyen
a voluntad, borrando todo rastro de su existencia en todos los
puntos por donde han pasado. La idea no cae en saco roto: la proliferación
reciente de programas "espía", así como la práctica
de muchas empresas de vigilar el correo de sus empleados con el
fin de detectar contenidos inadecuados, está creando una gran
preocupación entre los usuarios de Internet por lo que consideran
una violación de su intimidad electrónica.

Una de las empresas pioneras del correo
suicida es Disappearing
Inc., fundada en San Francisco en 1999. Disappearing
Inc. ha creado una sencilla aplicación que funciona con el
programa de correo electrónico de Microsoft Outlook Express.
Una vez instalada, al redactar un mensaje aparece en pantalla
una caja de texto donde hay que especificar la fecha en que queremos
que el mensaje se esfume. Una vez destruido, nadie podrá recuperar
el mensaje, ni siquiera la persona que lo escribió. El sistema
funciona mediante la conversión del mensaje a una larga clave
numérica. Es la tecnología conocida como criptografía, que está
cobrando gran relevancia debido a la importancia de la seguridad
de las transacciones en la red.
Lo mejor de esta aplicación es que no hay claves que recordar,
ni tampoco es necesario registrarse en una página web, como sucede
con otras empresas dedicadas al envío de mensajes
seguros, como es el caso de HushMail
o SafeMessage.
Tampoco es necesario que el destinatario tenga la aplicación instalada
en su propio ordenador para poder leer el mensaje. "Es el equivalente
digital de la tinta mágica", explican los creadores de Disappearing
Inc.
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Los
auténticamente paranoicos pueden destruir su propio ordenador

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Para los que crean que este tipo de medida es sólo para los paranoicos,
1on1,
una empresa británica que también ofrece correo electrónico con
fecha de caducidad, advierte de forma vehemente de la necesidad
de protegerse de las miradas ajenas: "Los gobiernos de todo
el mundo están disponiéndose a vigilar los mensajes electrónicos
de sus propios ciudadanos. Y no nos estamos refiriendo a la China
comunista ni a Corea del Norte, sino a países supuestamente
democráticos como EE.UU. o Gran Bretaña... ya sea
mediante el programa Carnivore
del FBI o la red Echelon,
todos están metidos en el ajo. Nosotros creemos firmemente que
esto es una violación descarada de la intimidad personal".
Aunque para los
auténticamente paranoicos, a quien este tipo de medida les parezca
poca cosa, existe la posibilidad de destruir su propio ordenador.
O al menos, el disco duro. Se trata de un sistema que estará disponible
a partir de este año y que se llamará el
chip C-4. Desarrollado en EE.UU. a raíz del robo reciente
de dos discos duros con secretos nucleares del Laboratorio
Nacional de Los Alamos, un centro de investigación gubernamental,
este chip que se implanta en el ordenador permitirá a su dueño
seguirle la pista en caso de robo, y le dará la opción de destruir
el disco duro por control remoto. Teniendo en cuenta que sólo
en EE.UU. fueron robados 100.000 PCs y 309.000 ordenadores portátiles
en 1997, puede que más de uno considere seriamente la posibilidad
de torpedear no ya su propio correo electrónico, sino su propio
ordenador en un esfuerzo por evitar las miradas ajenas.
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