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La biometría
es un término que engloba aquellas características físicas que
son grabadas y que luego permiten, en cualquier momento, identificar
a una persona. Este sistema de detección ha pasado de ser
un sistema de seguridad exclusivo del Pentágono
y de las centrales nucleares, a convertirse en una forma de identificación
muy común y especialmente interesante para aquellos que están
hartos de llevar encima una lista de claves de acceso. En el mundo
de la informática, las contraseñas son el agujero de
seguridad número uno y los biopasswords
o claves biométricas
se presentan como la forma más eficaz de protección.
Las
claves biométricas,
además, suponen un ahorro. Según varios estudios, la pérdida u
olvido de claves de acceso es la causante del 40% de las llamadas
a los servicios técnicos de informática, con un gasto anual de
entre 100 y 600 dólares por usuario. En contraste, el equipo necesario
para crear claves
biométricas le cuesta
a una empresa entre 50 y 100 dólares por usuario. Además, tanto
el hardware como el software biométricos
se han abaratado muchísimo. Hace unos años, un escáner de huellas
dactilares costaba unos 1.500 dólares pero ahora se pueden
encontrar por 100 ó 200 dólares. Los programas de software
para el reconocimiento de la voz también pueden adquirirse
por el módico precio de 50 dólares, unas 9.000 pesetas.
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Las
claves son el agujero de seguridad número uno y los 'biopasswords'
se presentan
como la
forma
más eficaz de protección

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Los biopasswords funcionan mediante la
identificación de usuarios a través de rasgos faciales, la voz,
el iris del ojo, la huella digital, la geometría de la mano o
la firma digital. Una vez grabadas las características físicas,
las claves biométricas
se utilizan para acceder a sistemas informáticos. Para arrancar
un ordenador se utilizan sistemas de identificación como las huellas
dactilares. Un escáner lector de huellas como FX2000 Gold Box
toma la huella dactilar y luego, con sólo introducir el dedo en
la ranura del aparato, el ordenador se enciende por sí mismo en
cuanto reconoce la huella del usuario autorizado. La empresa Advanced
Biometrics comercializa un ratón llamado livegrip que
toma la medida de la concavidad de la mano mediante rayos infrarrojos
e identifica al instante al usuario. Si el ratón no 'conoce' la
mano de la persona que lo manipule, el periférico no funcionará.
Este ratón inteligente también funciona como identificador a la
hora de utilizar el correo electrónico o hacer compras online.
Una de
las aplicaciones de la biométrica
que más se está extendiendo en Estados Unidos es la de la identificación
mediante los rasgos de la cara. Un software llamado HneT Facial
y una pequeña cámara, que en treinta segundos memoriza nuestro
rostro, convierten un ordenador en una fortaleza de seguridad.
Si la persona que quiere utilizar el ordenador no es la autorizada
el aparato no se encenderá, y una vez activado, el sistema también
protege de los curiosos. Si hay alguien mirando nuestra pantalla
por encima del hombro y lo capta la cámara, el monitor se oscurecerá.
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Las claves biométricas que vienen: identificación por medio
del olor corporal
o la forma de caminar

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Otro
software identifica al usuario mediante su forma de teclear. La
tecnología llamada Keystroke Dynamic Technology calcula
la presión que se hace sobre cada tecla, la velocidad y las pausas.
Con esta información, el software puede identificar el ritmo
de tecleo de cada usuario, aunque este sistema no es tan
rápido como los anteriores.
Existen
claves biométricas
todavía más sofisticadas que, de momento, no se comercializan.
El análisis de ADN, el reconocimiento mediante el lóbulo de la
oreja, la detección por medio de la medición de la muñeca
y la tecnología que identifica a las personas mediante el olor
corporal o su forma de caminar, se encuentran en fase experimental
o, por ahora, sólo tienen uso militar. Ante la popularidad que
está adquiriendo la biométrica,
se estima que su llegada al mercado de consumo masivo
es sólo cuestion de tiempo. En tan sólo 10 años, el mercado de
la biometría
para aplicaciones informáticas ha pasado de generar
6 millones de dólares al año a los casi 70 millones actuales.
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