Las
industrias de la informática y la moda llevan algún
tiempo experimentando con la posibilidad de fusionarse para crear
una gama de computadoras inteligentes que faciliten la vida del
hombre de la era cibernética y que, a la vez, sean cómodos y elegantes
trajes. De hecho, en innumerables relatos futuristas aparecen
ropajes que cambian de color o de forma, que avisan a quienes
los llevan de que tienen una cita y que son polivalentes para
cualquier contexto.
Pero hace algún tiempo que la ropa inteligente ha abandonado el
terreno de la especulación y se ha convertido en una posibilidad
real. Las prendas informatizadas existen y se las ha bautizado
como wearable computers
o computadoras ponibles
y expresan una nueva forma de considerar el uso de los complementos
electrónicos en la moda urbana. Estas prendas han madurado en
numerosos laboratorios del mundo y, en particular, en el MediaLab
del Massachusetts Institute of Technology (MIT)
de Boston (EE.UU.). Desde
los años 70, la idea de integrar chips en el tejido, capaces de
interrogar al entorno y de transmitir señales discretas, pero
inteligibles, ha ocupado a un equipo de investigadores del MIT.
El proyecto se ha bautizado, recientemente, con el nombre de MIThrill
y se define como la nueva generación en la plataforma
de investigación de las wearable
computers.
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La ropa de un futuro inmediato
está destinada a convertirse
en la organizadora de la vida de su dueño
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En una primera fase,
las computadoras ponibles
consistirán en trajes inteligentes que regulan la temperatura
corporal o que envían al organismo pequeños mensajes para aconsejar
sobre la alimentación más adecuada; prendas que pedirán un lavado
cuando lo necesiten, se autorremendarán y sugerirán la mejor forma
de ser conservadas... En definitiva, la ropa de un futuro inmediato
está destinada a convertirse en la organizadora de la vida de
su dueño. Estas prendas cibernéticas
se promocionarán bajo el lema: cómprese un amigo y lúzcalo
en el trabajo, en una fiesta o en ratos de ocio.
Pero,
además de prácticas, estas ropas deben ser cómodas. El gran reto
al que se enfrenta la industria de la moda
inteligente es que todos los circuitos estén integrados
en el tejido, que sean parte del mismo, y que las nuevas telas
resulten, sobre todo, baratas. Además, la instalación de los cables,
microchips, 'mini módems' y todos los componentes necesarios
para que los trajes sean autónomos, debe hacerse entre las fibras
de los tejidos para que no estén en contacto con la piel, por
aquello de que no raspe ni pique. Para conseguirlo, ha sido necesario
acudir a desarrollos físicos de manufactura digital basados en
la nanotecnología. La solución definitiva la han dado las aplicaciones
RA (Remembrance Agent).

Los RA consisten
en unas minúsculas centralitas de información que, infiltradas
en las prendas de vestir y conectadas entre sí por filamentos
de fibra óptica, son capaces de proporcionar información en tiempo
real basada en el contexto físico del individuo. En una segunda
fase de investigación sobre moda inteligente, las prendas que
lleven insertados los componentes RA desplegarán, de forma
continua, pequeños datos en forma de e-mails, así como cualquier
otro tipo de información que pueda ser relevante. Si, por ejemplo,
nos encontráramos en una conferencia, los RA nos sugerirían
una serie de documentos para que pudiéramos hacer preguntas inteligentes
a los ponentes. También pueden memorizar el nombre y peculiaridades
de las personas de nuestro entorno, para recordarnos quiénes
son o cuál fue el contenido de nuestra conversación ante próximos
encuentros, etc. Y todo ello sin hacer uso del teclado, ya que
el sistema enviará mensajes a su usuario a través de visores y
gafas.

La moda
cibernética, como buena nueva categoría entre el 'prêt
à porter' y la alta costura, no se limitará a trajes, suéteres
o pantalones. También abarcará todo tipo de complementos: gafas
de visión nocturna; dispositivos a modo de imperdible o de broche,
aptos para intercambiar electrónicamente datos entre personas
(tecnología P2P); reproductores de archivos MP3
adosados a la chaqueta; y joyas que además de servir de adorno
son capaces de interactuar (captar, procesar e interconectar)
con usuarios y redes.
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El MIT ha desarrollado una doble filosofía
basada tanto en el estudio especializado de
este tipo de tecnología, como en la innovación y difusión
de nuevas tendencias de la moda
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Llegados
a este punto, cualquiera de nosotros desearíamos una wearable
computer en nuestras vidas,
porque representan una solución para el hombre moderno que,
prácticamente, vive en el trabajo y después asiste a un sinfín
de compromisos sociales sin poder pasar por casa para arreglarse.
Pero todos estos dispositivos electrónicos necesitan algún
sistema de alimentación que los mantenga operativos las 24
horas del día. La investigación que más triunfa es la que
trata de aprovechar el calor del cuerpo y la electricidad
generada por su movimiento como fuente de energía incorporada
al tejido, para evitar el uso de baterías y cables, poco atractivos,
saliendo entre la camisa y el pantalón o colgando desde las
gafas hasta el dobladillo de la falda.

Y es que no debemos
olvidar que el primer objetivo de la moda es la belleza. Por
eso, el MIT ha desarrollado una doble filosofía basada
tanto en el estudio especializado de este tipo de tecnología,
como en la innovación y difusión de nuevas tendencias de la
moda. Con este fin creó la empresa Charmed Technology.
Durante
el año 2000, esta compañía organizó una gira por distintas
ciudades del mundo, para presentar su muestra de trajes
de corte futurista. El evento se bautizó como 'Internet
World Tour for Brave New Unwired World Technology Fashion
Shows' (Gira mundial en Internet de la muestra de moda
tecnológica, basada en el concepto de un agradable
nuevo mundo sin cable). Y consistió en desfiles de sus colecciones,
en las que se fusionan tecnología y moda, poniéndose
de manifiesto, en un espacio dominado por los efectos multimedia,
la integración de la estética y el progreso digital.
Ante
este nuevo movimiento, algunas firmas conocidas no han querido
quedarse atrás y en su afán por ser pioneras en moda
inteligente, ya han puesto en el mercado chaquetas
que tienen conexión con el teléfono móvil o el aparato de
música. Por supuesto, el alcance de estas prendas aún está
muy lejos del bolsillo de las clases medias, pero todo apunta
a que, en menos de una década, cualquiera de nosotros podamos
disfrutar de una camisa, una americana o una gafas que se
conviertan en nuestro mejor aliado para la sociedad multimedia.
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