Es muy posible que para la gran mayoría de los que hoy por hoy
parecen haberse adueñado casi en exclusiva de la Red el nombre
de José Luis Martín Vigil no les diga nada. Sin embargo,
a muchos de los progenitores de los hoy treintañeros de la generación
X o de sus hermanos pequeños de la generación Nintendo, el título
de alguna de sus novelas les recordarán lecturas juveniles y
una época en la que la máxima tecnología audiovisual en cada
casa era un aparato de radio.
Hoy
José Luis Martín Vigil, sacerdote y autor de "La vida
sale al encuentro" o "Sexta galería", tiene 81 años y una historia
clínica que incluye varios derrames cerebrales. No es desde
luego el perfil que nadie vincularía a un internauta empedernido.
"Tenía 76 años y una vista muy cansada
¿Era cuerdo intentar esa aventura? ¿Y qué podía perder? No lo
dudé y llevo cuatro años enganchado a la Red"
Pero
lo es. Cuando la palabra "ordenador" empezó a oírse en la calle,
el escritor, que entonces tenía 60 años, abandonó de inmediato
la máquina de escribir para informatizar todo su método de trabajo
mucho antes de lo que lo hicieran colegas mucho más jóvenes.
Dieciséis años más tarde y cuando se empezaron a tener las primeras
noticias sobre la existencia de la Red, Martín Vigil
no dudaría en apuntarse a la nueva tecnología. "Internet
se me convirtió en una tentación y un desafío. Yo iba por el
sexto ordenador y tenía 76 años y una vista muy cansada ¿Era
cuerdo intentar esa aventura? ¿Y qué podía perder? No lo dudé
y llevo cuatro años enganchado a la Red".
Aprovecharse de Internet
Pasar una media de
6 horas diarias conectado a la Red no ha impedido al escritor
abandonar otros hobbies. Más bien al contrario, el uso de Internet
los complementa y potencia. Martín Vigil utiliza siempre
horas de la tarde o de la noche para navegar y así, enterarse
de la actualidad informativa, saciar curiosidades, ampliar conocimientos,
informarse sobre espectáculos o exposiciones o preparar un viaje.
"No hay barreras ni censuras, cada uno
puede descubrir por sí mismo y según sus inquietudes e intereses,
nuevas formas de aprovecharse de Internet".
Tanto provecho saca
el escritor que la utilización de su módem no se limita a la
consulta de páginas. El correo electrónico suple por su inmediatez
la mayor parte de sus necesidades postales, mientras que el
chat supone también muchas de esas horas de conexión. "Son
herramientas perfectas para romper la soledad, para 'estar en
la calle' a cualquier hora del día o de la noche sin salir de
casa, escuchando a unos y a otros, hablando sobre temas de toda
índole con gentes que nunca hubieras conocido de otro modo".
"En pocos años se producirán cambios radicales
en la manera de comunicarse, estudiar, comerciar…uno puede dejar
volar la imaginación y seguro que se queda corto"
Ese contacto con
el mundo, esa ruptura de la soledad es una de las tantas razones
que destaca el escritor a la hora de evangelizar sobre los beneficios
que la utilización de este nuevo medio puede aportar a la tercera
edad. "No
me canso de repetir que Internet es el mejor regalo para esa
hueste de jubilados que, conservada la cabeza, no saben que
hacer con su tiempo de ocio que casi ocupa toda su vigilia".
Un discípulo al otro lado
Martín Vigil
no se atreve a hacer futurología pues considera que a la velocidad
con la que la Red desarrolla sus posibilidades es difícil saber
como será este mañana. Pero lo que si que asegura con la perspectiva
y la autoridad de quien ha visto transcurrir casi todo este
siglo, es que estamos ante una verdadera revolución.
"En pocos años se producirán cambios
radicales en la manera de comunicarse, estudiar, comerciar…uno
puede dejar volar la imaginación y seguro que se queda corto".
"No sé si los gobiernos se dan cuenta
de lo difícil que les va a resultar de aquí a unos años controlar
al personal"
En el acceso universal a la comunicación encuentra Martín
Vigil el principal y más positivo atractivo del desarrollo
de la Red, aunque reconoce también en esa misma idea sus puntos
débiles o negativos, al incrementarse la dificultad para la
corrección de un mal uso de esa libertad. "No
sé si los gobiernos se dan cuenta de lo difícil que les va
a resultar de aquí a unos años controlar al personal".
En todo caso y
mientras tanto, esa potenciación del ámbito comunicativo del
ser humano nos sorprende con anécdotas como la ocurrida al
escritor cuando, tras una larga polémica con un norteamericano
mantenida a través de un chat, descubrió que su contertulio
virtual había sido discípulo suyo en la Universidad de Salamanca
hacía treinta años. "Si
el mundo era ya un pañuelo, ahora, con Internet, lo es mucho
más".
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