Un científico que explica las cosas con claridad, de forma didáctica, de modo que todos las puedan entender. Así es Juan José Badiola Díez, director del Centro Nacional de Referencia para las Encefalopatías Espongiformes Animales Transmisibles de la Universidad de Zaragoza y presidente del Consejo General de Colegios de Veterinarios de España.
Javier Baños Redacción Telepolis



       Los europeos nos hemos llevado las manos a la cabeza al conocer las consecuencias para la salud de una enfermedad animal desconocida para nosostros: la Encefalopatía Espongiforme Bovina, bautizada popularmente como la enfermedad de las 'vacas locas'. A la alarma generada por esta epizootía, se han añadido otras epidemias que han minado la confianza de los consumidores en los controles de la Administración sobre los productos de origen animal que llegan al mercado.

       En muy poco tiempo se han declarado diversas crisis ganaderas. Peste porcina, fiebra aftosa, 'vacas locas'... ¿Cómo se ha podido llegar a esta situación?
       Son cuestiones diferentes, porque la crisis de las 'vacas locas' está vinculada con una práctica ganadera que consiste en alimentar a los animales con piensos confeccionados con harinas de carne de origen animal, lo que constituye una práctica de riesgo. Las otras enfermedades no son ninguna novedad. Lo que ocurre es que antes se luchaba contra ellas vacunando y ahora la Unión Europea no lo permite, con lo cual, hay que erradicar. Eso significa matar muchos animales inocentes. Por otro lado, actualmente hay una mayor trasparencia informativa. La gente se entera de cosas que antes no se enteraba.

       El número de casos de Encefalopatía Espongiforme Bovina ha ido disminuyendo. ¿Cabe esperar un repunte de la enfermedad en los próximos meses, dado su largo periodo de incubación?
      Al principio describíamos entre tres y cinco casos semanales. En estos momentos estamos entre uno y tres. Aunque se está manteniendo esta tónica, en los próximos meses es posible un ligero repunte paulatino porque todavía estamos bajo la influencia de la aplicación del sistema de intervención europeo, que eliminó cerca de 100.000 vacas no destinadas al consumo humano, pero que no se analizaron. Es posible que muchas explotaciones hayan dedicado a este fin los animales peores, en definitiva, los de más riesgo. No sabemos lo que va a pasar en breve. A lo mejor vuelve a aparecer algún caso.

       ¿Estamos cerca de encontrar algún test de detección de la enfermedad antes del sacrificio?
      Sí. Hasta ahora estamos utilizando métodos post-mortem y eso no es lo ideal. Lo adecuado sería emplear métodos que detecten la enfermedad antes de la aparición de los síntomas clínicos, métodos en vivo. Al ritmo que van las investigaciones en diversos institutos europeos y norteamericanos, es posible que no tardemos mucho en disponer de ese tipo de test. Quizá, en el año 2003.


“Ahora hay una mayor trasparencia
informativa. La gente se entera de
cosas que antes no se enteraba.”


      ¿Se podrá erradicar la enfermedad totalmente?
       Sí, pero costará trabajo, porque en países con un número de casos menor a los descritos en el Reino Unido, en donde se han declarado 185.000, ya cuesta trabajo erradicar la enfermedad. Es difícil acabar con las enfermedades priónicas, así que no hay que ser optimista. Yo he calculado que entre 5 y 10 años.

     ¿Podemos ser optimistas sobre el posible número de afectados en el futuro por la variante humana de la enfermedad de Creutzfeldt Jacob?
      Al principio se hicieron unas previsiones epidemiológicas muy sombrías. Hablaban de la posibilidad de aparición de miles de casos humanos. Hoy se habla de centenares de casos. Parece que las previsiones no se han cumplido en su parte más negativa. No obstante, en España, no se puede descartar la aparición de algún caso humano, pero no existe una gran probabilidad. Vamos a esperar los próximos dos o tres años a ver cómo evoluciona la situación.


“En España, no se puede descartar la
aparición de algún caso humano,
pero no existe gran probabilidad”


        La crisis generada por la EEB ha tenido graves consecuencias para el sector ganadero. ¿A quién habría que pedirle responsabilidades?
      La responsabilidad habría que pedirla a los que permitieron que se exportaran miles de toneladas de harinas de carne y hueso contaminadas procedentes de países que tenían la enfermedad. Por ejemplo, y fundamentalmente, el Reino Unido y otros países que también exportaron este tipo de harinas. Ésa es la responsabilidad principal. No es que fuera ilegal, porque hasta el año 1994 era legal el comercio de estas harinas, pero si que, al menos, una cierta irresponsabilidad se cometió conociendo esta enfermedad, que estaba ya descrita, y el riesgo que suponía el uso de las mismas.

      ¿El consumidor puede estar tranquilo al dirigirse al mercado?
     Sí. El consumidor puede estar tranquilo tanto en cuanto las medidas que se han adoptado garantizan un alto control sobre la capacidad de transmisión de los agentes causales bovinos a los humanos, dentro de los conocimientos que hoy tenemos sobre estas enfermedades. Sobre todo, la aplicación de la eliminación de los llamados Materiales Específicos de Riesgo (MER), los tejidos que son peligrosos -el cerebro, la médula espinal, los ojos, los intestinos- porque se produce en ellos una alta infectividad, lo que es muy importante.



“Nunca se puede
descartar la aparición de
una nueva crisis”


       Al respecto, el Ministerio de Agricultura ha decidido que el coste de eliminación de los MER y de las harinas cárnicas vaya a cargo del consumidor...
       Creo que, en una política relacionada con una enfermedad que se puede transmitir a humanos, el Estado debe asumir la responsabilidad de luchar contra ella. Comprendo que para las Administraciones ha supuesto un elevado coste. Pero no estoy muy seguro de que los consumidores deban pagar más por su seguridad alimentaria porque no se sienten responsables, es una enfermedad que no han producido, y es más, tienen derecho a no contraerla. Es el derecho a la salud.

       ¿Existe actualmente en España los controles veterinarios y sanitarios adecuados para evitar una nueva crisis de esta magnitud?
       Nunca se puede descartar la aparición de una nueva crisis. Lo que sí puedo decir es que estas crisis, y en concreto la de la EEB, lo que hacen es ayudar a que los sistemas de control funcionen mejor. Ésa es la parte positiva, que estimulan el que se prevengan de forma más eficiente otras enfermedades que puedan aparecer en el futuro. La EEB ha tenido esa virtualidad.


 
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La crisis del sector ganadero

La epidema de las 'vacas locas' y los brotes de peste porcina clásica y de fiebre aftosa. han obligado a un sacrificio masivo de animales y ha generado la pérdida de confianza por parte del consumidor. Los problemas se han cebado con los ganaderos, quienes consideran insuficientes las ayudas procedentes de la Administración para superar la crisis.


La Administración informa
La FAO
Departamento de Agricultura del Reino Unido

La enfermedad de Creutzfeldt-Jakob

La enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (ECJ) es una grave enfermedad degenerativa del cerebro. Cierta predisposición genética y el consumo de carne de animales afectados por la Encefalopatía Espongiforme Bovina (EEB) son el origen de la nueva variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (vECJ). Por el momento, se han declarado casos en el Reino Unido, Irlanda, Francia
e Italia.


Sobre la ECJ

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