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La
posguerra a finales de los 40, los años 50 en Madrid, los bulliciosos
60 en Barcelona, la Transición... Son momentos que han sido reflejados
en la obra de Carlos Giménez, autor todoterreno capaz tanto de
adaptar relatos de Jack London en clave de ciencia ficción, como
de ofrecer en la página siguiente un relato, entre irónico y cómplice,
sobre la complejidad de las relaciones humanas. Definitivamente, un
pedazo de historia del cómic.
¿Por qué ese carácter autobiográfico
que caracteriza la mayor parte de su obra?
No soy un hombre con una gran
fantasía, me considero un cronista de la vida. Cuento las historias
que vivo o que me cuentan. Si quiero hacer una historia sobre algo inventado,
no me la creo. En cambio, si alguien viene y me explica lo mismo, lo cuento con convicción y eso ayuda a que el lector se implique
del todo en la historia.
Su obra más conocida es Paracuellos,
donde relata la dura vida en un orfanato de los años 40. ¿De verdad
fueron tan duros aquellos años?
Es lógico que a los que no hayan
vivido los años 40 les parezca que ese colegio era especial.
Pero no es cierto, ya que fuera del hogar del Auxilio Social la vida
no era muy diferente, se acababa de salir de una guerra y el grado
de violencia era muy alto. El colegio era producto de aquel mundo.
Otro tebeo importante en su
carrera es España, Una, Grande y Libre,
centrado en la Transición. ¿Cómo nació?
Había muchas ganas en casi todos
los estamentos de hacer grandes cosas, de salir a la calle y manifestarse.
Tratábamos de dar un paso más del que nos dejaban. Son historias muy
fuertes de tono porque estábamos muy empeñados en conseguir la democracia,
en pasar al estadio siguiente. Son el producto de mi colaboración semanal
en El Papus,
donde publicaba una historieta en la que se comentaba la actualidad,
sobre todo política. Sin proponérmelo, trabajando semana a semana, conseguí
escribir una historia de la Transición.
Sin embargo, su punto de vista
no es el que se ve en los reportajes de la época...
Cuento la Transición desde la perspectiva
del hombre de la calle, los políticos no aparecen mucho y, cuando lo
hacen, no salen muy bien parados. En cambio, el pueblo es el protagonista. La democracia
no se hubiera conseguido sólo con los políticos hablando; fue conseguida,
no regalada.
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Dentro
de mí hay, profesionalmente,
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dos
personajes: el dibujante
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y
el guionista
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Sigamos
con el repaso de su obra. En Historias de Sexo y
Chapuza ofrece su visión sobre las relaciones humanas...
Tienen poco de amor y menos
de sexo que de chapuza, que es lo que más abunda. Nadie cuenta las chapuzas,
que hay muchas, los éxitos son muy poquitos. Siempre había contado de
forma tradicional historias de romance, totalmente idiotas, que hacíamos
para editoriales inglesas y escocesas. Quise contar cómo de verdad nos
enamoramos y se me ocurrieron estas Historias,
y ya van seis álbumes. Al final se me acabaron las ideas e iba con un
cassette pidiendo a mis amigos que me explicaran anécdotas. Siempre trato
de contar esta parte de chapuza que hay en las relaciones humanas.
También ha cultivado la ciencia
ficción, adaptando relatos de Brian Aldiss o Stanislav Lem, entre otros.
¿Qué le aportan los tebeos de fantasía?
Dentro de mí hay, profesionalmente,
dos personajes: el dibujante y el guionista. Para un dibujante, la ciencia
ficción es muy agradable, hay libertad, no tienes que atenerte a una documentación
y lo puedes inventar todo. Es más divertido que dibujar, por ejemplo,
Paracuellos,
que es muy monótono. Hay momentos en los que le doy gusto al dibujante
y utilizo textos ajenos, bien guiones, como en el caso de
Dani Futuro, del gran Víctor Mora, o bien adaptando
cuentos u otros relatos, que sugieren unos escenarios que yo no escribiría.
Luego está el guionista, a quien le gusta escribir sus propios
textos, basados en experiencias personales o ambientes concretos que conozco.
Ahí el guionista se lo pasa mejor, mientras que el dibujante se aburre.
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Cuando
te piden el currículum,
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sólo
quieren que les digas los
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premios
extranjeros; si te dan un
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premio
fuera es que eres bueno
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Sin embargo, durante muchos años ha sido más reconocido en el extranjero.
¿No se siente profeta en su tierra?
Muchos no apreciaron Paracuellos
hasta que se editó en Francia, a pesar de editarse antes aquí. Si publicas
fuera es que eres listo. A veces, cuando te piden el currículum, sólo quieren
que les digas los premios extranjeros; si te dan un premio fuera es que
eres bueno. Somos un poco papanatas, no lo podemos evitar.
Su nombre ha sonado mucho
últimamente gracias a su colaboración con Guillermo del Toro en el filme
El Espinazo del Diablo. ¿Cómo fue la experiencia?
Guillermo del Toro, cuando
habla de la película, siempre me cita, porque es muy generoso. Él
se encontró con el guión en el que salían niños, y decidió darle un poco
del espíritu de Paracuellos.
Conocía mis tebeos, le gustaban y me llamó para que hiciera dibujos, pero
el mérito es todo suyo.
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Si
el cómic on-line funciona, sería un
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balón
de oxígeno para la profesión
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¿Cómo
sería una historia protagonizada por el Carlos Giménez actual?
La de un hombre de 60
años, que tiene una página web que no sabe ni cómo la ha hecho, que
no entiende de ordenadores, y que sus tribulaciones, igual que de niño eran de un colegio, ahora son entre editores, salones y ordenadores
que no sabe manejar. En vez de Los
Profesionales se llamaría
'Los yayos', 'Los últimos de Filipinas', o cosas así.
Y hablando de Internet,
ha sido pionero en el campo del cómic on-line, con su propia página
web. ¿Qué nos puede contar sobre su experiencia en la Red?
Estamos a la espera, porque
más que un negocio, es hacer una pregunta y ver qué respuesta hay. Tenemos
mucha expectación una parte de la profesión, porque si esto funciona sería
un balón de oxígeno. No hay revistas, y muchos dibujantes se ven obligados
a publicar en fanzines, que salen caros.
¿Está
el futuro del cómic en Internet?
Si esto funcionara quedaría
demostrado que hay una vía en la que cualquier dibujante, casi sin ningún
gasto, puede mostrar su trabajo y poner sus páginas a la venta, sin
que eso quiera decir que no lo publique finalmente en papel. Además,
por afición, el papel es lo que más me gusta. A ver qué pasa. Y si va
mal, el año que viene presentaremos la historieta en CD, y al otro, otra
cosa...
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Esta
semana...
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El
vídeo de la entrevista
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1963
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| 1969 |
Dani
Futuro |
| 1976 |
España,
Una Grande
y Libre |
| 1977 |
Hom |
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1977
- 2001
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Paracuellos |
| 1977 |
Barrio |
| 1979 |
Erase
una vez el futuro |
| 1981
|
Los
Profesio-nales |
1989
|
|
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1992
- 2001
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Las
aventuras de Jonás |





Cárlos
Giménez nació el 16 de marzo de 1941 en Madrid.
Huérfano de padre, vivió en un hogar del Auxilio Social
hasta los 14 años. A los 17, entra a trabajar como ayudante
del dibujante López
Blanco. Con 23 años se traslada a Barcelona,
donde se consolida. Durante la Transición publica en El
Papus. Actualmente,
Carlos Giménez vive en Madrid y es reconocido
como uno de los maestros del tebeo español.
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