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Un
cuento sobre la globalización
Más de la mitad de la población del planeta no ha tenido
acceso todavía a alguno de los soportes desarrollados por
las tecnologías de la información y las comunicaciones.
Ni siquiera ha mantenido una conversación a través del teléfono.
Este dato revela que estamos en los albores de la globalización.
No obstante, la integración e internacionalización de algunas
actividades económicas está ampliando el "efecto mariposa",
en el sentido figurado de que una pequeña perturbación en
cualquier lugar del Globo se traslada hasta el último confín
del mismo, a través de diversos mecanismos de transmisión
y prácticamente en tiempo real.
El universo Internet ha acelerado este proceso que, en términos
económicos, se traduce en que "el mercado es el mundo",
confirmando aquella leyenda que preside la sala de negociación
de una bolsa de valores asiática : "En este lugar, un minuto
es la eternidad". Lewis Carroll representó esta realidad
en aquella escena en que Alicia permanecía inmóvil en su
posición a pesar de la velocidad a la que corría, dado que
el entorno cambiaba a un ritmo similar. De no haber sido
proactiva, se habría quedado rezagada.
La globalización permite una asignación más eficiente de
los recursos limitados y disminuye los denominados costes
de transacción, con los correspondientes costes de ajuste
y la aparición de nuevos desequilibrios sociales, económicos
y ecológicos.
Como sucede con cualquier fenómeno susceptible de ser considerado
desde la perspectiva del análisis coste-beneficio, cabe
considerar las ventajas e inconvenientes del proceso, así
como la gestión de las mejoras de eficiencia y su distribución
compensatoria en favor de los perjudicados. En este sentido,
la globalización constituye más una oportunidad que un riesgo
para las personas, países o regiones que desean acceder
a mejores condiciones de vida y bienestar social (educativo,
sanitario), salvo que defendamos un relativismo antropológico
que condena a los ciudadanos del mundo a un 'statu quo'
inmovilista.
El camino está sembrado de obstáculos, porque los participantes
están ya situados en distintas posiciones y no parece que
ninguno quiera renunciar a sus ventajas de salida. A partir
de tal constatación, las negociaciones multilaterales en
el seno de organismos internacionales ofrecen una vía gradual
que dota de plausibilidad al proceso. La formulación de
grandilocuentes objetivos que obvian los intereses existentes,
se traduce en la perpetuación de la situación injusta que
se desea resolver. Y la necesaria actitud solidaria o compasiva
debe ayudar a la consecución de un mundo mejor, pero puede
resultar insuficiente e incluso afectar negativamente al
sistema de incentivos y a la propia dignidad del necesitado.
El desplazamiento geográfico de algunas actividades productivas
constituye uno de los elementos característicos de la globalización,
con sus ventajas e inconvenientes. Por tomar un ejemplo
particular, podemos analizar el mercado europeo de ajos.
Sí, de ajos. Hace años, la demanda se atendía mayoritariamente
por parte de los agricultores franceses e italianos. Posteriormente,
este auténtico 'oro blanco' pasó a cultivarse en Castilla-La
Mancha, hasta el punto de que Las Pedroñeras (Cuenca) debe
su prosperidad a la especialización en este monocultivo
y uno de sus restaurantes ha conseguido una estrella Michelin
con elaboraciones basadas en dicha materia prima. Hoy, los
vecinos del lugar tienen pesadillas en que se les aparecen
"ajos rasgados" de inconfundible fisonomía china. La reacción
fue solicitar a la Unión Europea el establecimiento de cláusulas
de salvaguardia y rentas mínimas de garantía. Algunos agricultores
manchegos han deslocalizado parte del cultivo a zonas geográficas
que producen y llegan al mercado antes que el campo chino,
en una clara estrategia 'first-mover advantage' de naturaleza
intertemporal. Otros compran ajos chinos en origen y se
dedican a su comercialización mundial. Llegará el día en
que la China rural venda sus ajos a un precio suficientemente
remunerador para poder adquirir los nuevos productos de
Castilla-La Mancha.
El comercio entre los pueblos del mundo no es una condición
suficiente para arreglar todos los problemas que genera
la globalización, pero ayuda a que el 'colorín colorado'
de la historia tenga un final más feliz para todos.
F. Xavier Mena Catedrático de Economía
de ESADE,
Universitat Ramon Llull
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