LA INFORMÁTICA abrió su camino. Empezó imitando al mundo 'físico', como siempre hace, para acabar marcando su propia evolución paralela.

Primero fue el MIDI, que tuvo su origen en los teclados y sintetizadores que se remontan a los 80'. Con su inclusión en el mundo de la informática aparecen los archivos MIDI (*.mid), un formato que trataba de imitar los instrumentos para, mediante la creación de partituras con un software adecuado, reproducir sus sonidos en archivos que ocupan muy pocos Kbytes. Son muchos los directorios de archivos MIDI que han proliferado en la Red sobre todo por eso, por su poco peso en Kbytes. La ventaja es que, con un software especializado, es relativamente sencillo obtener la partitura de una canción para posteriormente reproducirla con un instrumento real como la guitarra o el piano; a su vez se pueden ejecutar piezas desde un instrumento conectado al ordenador (un teclado musical por ejemplo) y obtener la partitura. El punto negativo es que la música en formato MIDI está muy lejos de 'sonar' real.

El formato WAVE (*.wav) ofrece mucha más calidad porque permite fácilmente la grabación de un sonido real. Basta un ordenador con una tarjeta de sonido, micrófono y altavoces (y software adecuado) para tener un estudio de grabación. El problema es los archivos que genera ocupan muchos Kbytes, pero por otro lado pueden ser manipulados con el software del que antes hablábamos.

Existen otros formatos de sonido, todos ellos parecidos al WAVE con diferencias sobre todo a nivel de software o sistema operativo sobre el que principalmente trabajan, pero la auténtica revolución se plantea ahora en Internet. Sistemas como Real Media, Microsoft Windows Media Player y Quick Time permiten escuchar música o reproducir vídeo directamente desde Internet sin necesidad de 'descargar' el archivo a nuestro ordenador. Su calidad varía según el tamaño de compresión: cuanto más comprimido está un archivo, menor es su tamaño en Kbytes y menos tiempo tardará en poder escucharse pero, por lo tanto, peor será su calidad.

Llegamos al MP3, el rey en la Red de redes. Su sistema de compresión, basado en la interpolación, le permite dar una calidad muy similar a la del CD de audio al eliminar fragmentos infinitamente pequeños y aleatorios de esa canción. Muchos de estos fragmentos son inapreciables para el oído humano, mientras que el resto, mediante unos algoritmos de compresión del software que reproduce MP3, son regenerados de nuevo. Imaginemos el tamaño de compresión: si en un CD de música caben 80 minutos, en un CD se pueden grabar aproximadamente 800 minutos en formato MP3 con una calidad tan similar que casi no se puede distinguir al diferencia. Además, se pueden adquirir pequeños reproductores de MP3 que permiten escuchar la música que contienen sus archivos sin estar 'atados' al ordenador. Una evolución que en el caso del Walkman tardó casi 30 años en darse y que ahora se ha producido en menos de dos.

En un principio proliferaron los sitios web que ofrecían canciones en este formato. Ante el aumento de ellos, pronto surgieron los buscadores de MP3 y finalmente ha surgido Napster: un software que permite buscar, seleccionar y descargar estos archivos directamente del ordenador de un usuario al de otro, evitando archivos que por cambios de dirección han desaparecido o servidores lentos que convertían las descargas en eternas esperas.

El MP3 actualmente está en tela de juicio. Son muchos los artistas que se han querellado por ver como sus canciones eran codificadas a este formato y se distribuían libremente y de forma gratuita por Internet gracias al poco tamaño de los archivos (en comparación con los WAVE). La prensa refleja estos días cómo el grupo Metallica ha llevado a los tribunales a Napster por este motivo y aún no hay sentencia definitiva. Pero, ¿son los creadores del programa los culpables o bien sus usuarios?