Responsabilidades y consecuencias
Estados Unidos, en pie de guerra
Política Exterior Europea: la puerta que se cierra
 
Efectos en la economía global

Estados Unidos, en pie de guerra

       El golpe a las Torres Gemelas de Nueva York y al edificio del Pentágono en Arlington, Virginia, no podía quedar impune en una sociedad acostumbrada a una particular forma de entender la Ley del Talión. Desde la primera alocución oficial, doce horas después de
los incidentes de Nueva York, George W. Bush declaraba: "no haremos distinción entre los terroristas y aquellos que los protegen". La decisión de tomar una represalia militar contra Bin Laden y, por extensión, contra el integrismo islámico (sea o no apoyado por Estados soberanos) cuenta, además, con varias bazas importantes. En primer lugar, la comunidad internacional occidental se encuentra más unida que nunca, y, en cambio, los países islámicos
se ven divididos por su temor a ser catalogados dentro del grupo de los "Estados terroristas". En segundo lugar, el 80% de los ciudadanos estadounidenses aprueban la represalia. En tercer lugar, los fortísimos lazos entre las corporaciones armamentísticas y el Gobierno estadounidense (y, por extensión, la OTAN) crea una dinámica belicista difícilmente superable.


     Desde el día 11 de septiembre, las Fuerzas Armadas estadounidenses se encuentran en estado de máxima alerta. Más de 50.000 reservistas han sido llamados a filas, y miles de jóvenes se alistan en el Ejército, Marina o Fuerza Aérea, mientras aviones de combate sobrevuelan el espacio aéreo norteamericano.

    Bajo semejante estado de ánimo, era obvio que, el día 19, los primeros centenares de cazas y bombarderos partirían hacia una zona indeterminada del Golfo Pérsico. Las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en la zona comprenden la casi totalidad de las Flotas Quinta y Sexta, amén de las bases dispersas por Oriente Medio y Turquía. La política exterior de los Estados Unidos parece abocada, pues, a la acción militar contra Osama Bin Laden y su organización, Al Qaeda, y más que probablemente contra el régimen talibán.

    Sin embargo, las consecuencias van mucho más allá de la espectacularidad de los cazas a reacción. Como ya ha apuntado más de un líder político, la obsesión por la lucha contra el terrorismo acabará con toda una manera de entender el mundo. La "cooperación internacional contra el terrorismo", de convertirse en real, puede cambiar los mapas internos y externos de varios países. Y, sobre todo, puede causar una peligrosa hegemonía estadounidense en la política exterior internacional, mucho más poderosa que la que le otorga su indiscutible liderazgo económico.