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La rendición
final
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Tras la primera gran oleada de bombardeos aéreos,
que arrasó, literalmente, las ciudades de Kandahar, Kabul, Jalalabad
y Herat, el ataque se concentró en las montañas del Hindu Kush.
La vasta red de galerías subterráneas excavadas
por Al Qaeda durante la guerra con la Unión Soviética fue aprovechada,
al parecer, para resistir los 'raids' aliados.

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Estados
Unidos empleó, para perforar la durísima roca de las cuevas
de Tora Bora, nuevas bombas capaces de penetrar en búnkers e
incendiar todo el oxígeno. Las bombas
térmicas, de efecto devastador, acabaron por doblegar los
últimos reductos de luchadores de Al Qaeda y de guerrilleros
talibán. Sin embargo, no se halló rastro alguno de Osama
Bin Laden o del Mulá Omar.
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Las
tropas de élite estadounidenses y británicas, aunque en contadas
ocasiones llegaron a entrar en combate, por lo general se limitaron
a recoger y redistribuir información vital para los guerrilleros
afganos, que soportaron el grueso de los combates mediante
tanques, artillería ligera e infantería. Mientras tanto, una
tras otra, las ciudades iban cayendo en manos de los distintos
Señores de la Guerra que conformaban la Alianza del Norte. Con
la ocupación de Kabul (prematura para los deseos de los
aliados) finalizaba
la campaña militar propiamente dicha, y tan sólo las cuevas
de Tora Bora siguieron resistiendo algunas semanas.

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Mientras
tanto, la psicosis del ántrax causaba estragos en los Estados
Unidos. La aparición de varios casos, todos ellos víctimas de
cartas conteniendo esporas de la enfermedad (el carbunco) llegó
a cerrar durante horas el Congreso de los Estados Unidos y afectó
a senadores y parlamentarios. Todas las sucesivas investigaciones
del FBI y la NSA (la Agencia de Seguridad Nacional) condujeron,
finalmente, a grupos de extrema derecha estadounidenses,
negando así cualquier relación real con el terrorismo islámico
de Al Qaeda. La guerra sólo tenía un escenario: el castigado
desierto de Afganistán.

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La
llegada de los guerreros de la Alianza del Norte a las ciudades
forjó dos tipos de imágenes diferentes, recogidas por los medios
de comunicación. Por un lado, las primeras mujeres sin 'burka';
las primeras barberías
afeitando hombres y la reaparición de la prensa, las revistas,
el cine y la música. Pero el reverso tenebroso de esta festiva
celebración fueron los ajustes
de cuentas, las ejecuciones sumarias y los linchamientos
a naturales y extranjeros que lucharon (o que formaron parte
de las fuerzas de seguridad) del lado de los talibán.
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