La guerra, la incertidumbre

Comienza el ataque

       Como apuntábamos, los ataques llegaron. El domingo, día 7 de octubre, casi un mes después de los atentados de Nueva York y Virginia, las Fuerzas Armadas estadounidenses iniciaban su acoso al régimen talibán de Afganistán. El primer gran ataque se realizó mediante misiles de crucero Tomahawk, lanzados desde fragatas y submarinos tanto estadounidenses como británicos. Los misiles fueron secundados por bombardeos selectivos por parte de superbombarderos B-52 y B-1B, así como por bombarderos invisibles B-2 y por cazas F-14 Tomcat y F-18 Hornet. Entre la munición destacaban los misiles guiados y las bombas dirigidas, muchas de ellas adornadas para la ocasión con letreros en honor de los policías y bomberos muertos en los atentados de las Torres Gemelas.


 
     Los objetivos, cuyo carácter exclusivamente militar fue asegurado por el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, eran campos de entrenamiento de Al Qaeda, baterías antiaéreas afganas y aeródromos militares, así como aeropuertos civiles. Las localidades clave en las primeras oleadas eran (son) Jalalabad, Kandahar, Herat y la capital, Kabul.

    Todos los analistas coinciden en que esta primera fase de bombardeo irá seguida de una invasión de tropas terrestres, posiblemente a través de la frontera con Tadjikistán, y un aumento de la presión por parte del grupo antitalibán Alianza del Norte. A fin de evitar repetir la historia de las tropas soviéticas, los Estados Unidos han descartado el uso de tropas regulares masivas, y parecen decantarse por pequeños comandos de tropas de élite de alta movilidad, apoyados por helicópteros de combate AH-64 Apache y AH-1W Super Cobra. Se cree que varios grupos pertenecientes a los Boinas Verdes, los SEALs, los Delta Force y los SAS británicos ya se encuentran en el teatro de operaciones y su implicación es inminente.