:: LA DEMOCRACIA ES UNA REALIDAD |
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![]() Desde el inicio de la transición, España vivió inmersa en una situación de tensión. La fecha del 23-F pasará a la historia como el día en que los viejos fantasmas del fascismo resucitaron, pero sin éxito. La distancia temporal -20 años ya- ofrece la perspectiva necesaria para realizar un análisis de las consecuencias de esta intentona golpista. Quizás, era de esperar que, después del 23-F, los partidos políticos abandonaran las luchas internas en las que estaban inmersos y trabajaran para afianzar la democracia en un momento especialmente delicado. Sin embargo, no fue así. Con el tiempo, la división en sus filas acabó con la Unión de Centro Democrático (UCD). Finiquitada la opción política de centro, el Centro Democrático Social (CDS) no supo ocupar este vacío ideológico, abriendo el paso al conservadurismo del Partido Popular. Respecto al Partido Comunista Español (PCE), algunos de sus antiguos miembros han reconocido que las luchas internas consiguieron lo que el franquismo no consiguió nunca: acabar con el partido. Con el desmembramiento del comunismo, la izquierda ha perdido un espacio que no ha conseguido recuperar entre el electorado español. Abandonadas las tesis marxistas y con la adopción de posturas menos radicales, el socialismo salió airoso de su crisis y ganó las elecciones generales de 1982. El desgaste de sus líderes y los escándalos políticos permitieron que el Partido Popular se hiciera con el poder. Pero, veinte años después, la consecuencia más importante de la intentona golpista del 23-F, probablemente, sea la demostración, serena y firme, de la sociedad española de consolidar la democracia. Después del intento de golpe de Estado, la mayor parte de los españoles se lanzaron a la calle reclamando, exigiendo cauces democráticos para su futuro político. Incluso la Iglesia, tradicionalmente ligada a los sectores más conservadores, se proclamó a favor de la democracia. Algunos analistas coinciden en destacar que el golpe de Estado no prosperó gracias al papel jugado por el Rey Don Juan Carlos, al colocarse del lado de la Constitución y de la voluntad expresada por el Pueblo. Los militares se alinearon con el Rey, a excepción, claro está, de los rebeldes golpistas, que quedaron aislados. Hasta el 23 de febrero de 1981, el riesgo golpista era una realidad. En esa fecha, la actitud del Rey, de la mayor parte del estamento militar, y de la sociedad española en su conjunto, desterraron el temor a un golpe de Estado que acabara con las aspiraciones de libertad del país. |