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Días
de cine y sexo L'Hospitalet es una ciudad industrial surgida al abrazo de su amante -a veces querida, otras odiada- barcelonesa. Quizá por esta condición ha recogido el testigo de otras ediciones y acoge desde hace tres años el que se ha convertido por esas fechas en el punto más caliente del litoral catalán, en directa y dura competencia con otro festival de cine temático, el de Sitges. Los barceloneses deben colocar en la balanza: porno o ciencia-ficción, aunque vistas las proezas sexuales mostradas en el primero, se podrían considerar géneros íntimamente emparentados. A lo que vamos: el hervidero se convirtió, una vez dentro, en un gran espectáculo carnal, rosa y atronador. La música bakalao envolvía machacona y ensordecedoramente el espacio: era el primer sentido en alerta. Pero, no nos engañemos, aquí se venía a mirar: el segundo sentido, ya desbocado. Imposible abarcar todo el desenfreno de la orgía visual que se nos ofrecía a la mirada. Multitud de stands con todos los productos inimaginables: revistas, vídeos, látex, cuero... Una amplia gama para todos los gustos que gusten del sexo en todas sus variantes y variedades. Y lo siguiente que
llamaba la atención era... el escenario. Allí se agolpaban decenas
de curiosos, lúbricos y enloquecidos ante el espectáculo que se les ofrecía.
Una pareja de rubicundos porno-stars
mostraba en vivo lo que los asistentes suelen, o no, hacer en privado.
La película en directo, vamos. Se vieron pocas chicas,
las más, acompañadas de su pareja que, con aire relajado y curioso, contemplaban
con distancia y esbozando media sonrisa. Quizá vinieran a aprender algo
nuevo, nunca se sabe, aunque a riesgo de descubrir la poca imaginación
sexual que se nos atribuye, a lo hora de la verdad, a los latinos.
En honor a la verdad, este festival ha tenido poco de certamen cinematográfico y mucho de feria de variedades. Las 76 películas de la sección oficial a concurso -algo que suena un poco serio para un evento así- se exhibían en una sala X barcelonesa, una maratón visual que dejaría exhausto e inapetente de por vida hasta al más pintado. Difícil lo habrá tenido el jurado este año ante tal magnitud fílmica, para escoger las 22 ninfas -los oscars españoles del porno- que premiaron los esfuerzos de la industria mundial y local. Y un presidente de honor de lujo: el venerable cineasta -de cine convencional, se entiende- Luis García Berlanga, que se apuntó así un tanto en favor de la normalización de este género en nuestro país. Por lo demás, destacaron el Fetish Café, una caverna dedicada a mayor gloria de los amantes del sado y el fetichismo -látex, látigo, cuero, instrumentos de tortura sexual y otras lindezas- con Dómina Zara como maestra de ceremonias. Amor y sufrimiento a partes iguales, dicen. Y la lucha en barro, una modalidad un poco guarra que mostraba las veleidades de dos féminas revolcándose en el fango y estirándose de los pelos. Rarezas ambas que, a quien le guste, allá él. Pero lo que más polvareda ha levantado ha sido el intento de consecución de un peculiar récord: una porno-star que, yaciendo como una flor abierta sobre una mullida colchoneta, pretendía batir todas las marcas sexuales dejando que libaran en ella hasta un millar de zánganos, azarosos voluntarios amateurs situados en fila en paños menores y llegando a su cálido destino puestos a punto por las solícitas bocas de las asistentes de la abeja reina. El final: la organización suspendió el acto ante la "inadecuación del espectáculo" denunciada a un día de la consecución de tan particular plusmarca mundial. Un escándalo, vamos. Una muestra de arte erótico, boys y streap-teasers, pero sobre todo la esperada presencia de los más afamados actores y actrices de la industria -con la sonada y comentada ausencia del gran Rocco Siffredi: estaba rodando en Londres-, completaron esta feria de las vanidades de un festival que oculta su condición de pornográfico bajo el eufemismo de su rimbombante y algo pretencioso título. Un evento que, en
boca del que fue su director a lo largo de sus seis primeras ediciones,
José María Ponce -director, productor y todavía alma mater
del certamen-, está considerado como "el más erótico del mundo"
por el alto voltaje que descarga en sus propuestas. |
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