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     José María Aznar
  Presidente del Gobierno español
 
         
   

Presidente de España desde 1996 y de la UE en el primer semestre de 2002, José María Aznar ha demostrado que no es necesario rebosar carisma para convertirse en un político respetable. Su gestión al frente del PP ha supuesto la renovación –más formal que ideológica, según sus detractores- de una formación que ha logrado convencer a gran parte del electorado de que España va bien.

   
         

 Laura Conde
Redacción Telepolis

“Yo soy como los poetas, que no tienen biografía”, respondió en una ocasión José María Aznar a una pregunta sobre sus raíces políticas. “Mi biografía está en los hechos”, sentenció. Es cierto que Aznar apenas habla sobre su actividad política antes de 1979, fecha en la que ingresó en Alianza Popular. Tal vez porque la trayectoria familiar de los Aznar, estrechamente ligada al franquismo, no es una buena carta de presentación para la imagen de centro reformista de la que presume actualmente el Partido Popular.

Su abuelo, Manuel Aznar Zubicaray, fue embajador de España en Santo Domingo y Buenos Aires durante los años 40, además de un reconocido periodista. Tras breves coqueteos con Manuel Azaña en tiempos de la República, decidió apoyar lo que él llamó “nuestra guerra de liberación", jurando un “servicio completo a Franco” que prestaría hasta su muerte. Su padre, Manuel Aznar Acedo, heredó el talante político y profesional de los Aznar. Fue oficial de Franco durante la Guerra Civil y desarrolló una brillante carrera como periodista, hasta que el entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, le nombró director de RNE en 1962.

José María Aznar López recurre a evasivas cada vez que se le interroga sobre las lecciones políticas que aprendió en su hogar, evitando juzgar a una España predemocrática en la que no cabe la indiferencia. Como si en el talante democrático que tanto se esfuerza en exhibir conservase todavía, si no la adscripción, sí el respeto a la ideología con la que creció.  

Antes de ingresar en AP, Aznar fue inspector financiero y tributario. Fue diputado por Ávila entre 1982 y 1987 y presidente de Castilla y León por AP en 1987. Desde entonces, Aznar ejerció una implacable oposición en la sombra al que más tarde fue presidente del partido, Antonio Hernández Mancha, una figura que no cuajó en una formación que buscaba caras nuevas para romper con una tradición ideológica poco halagadora tras la transición. El progresivo deterioro del partido durante la década de los 80 forzó la dimisión de Fraga y la creación de un nuevo proyecto político, que requería un cambio de siglas: nació el Partido Popular.

Desde aquel momento, el ascenso político de Aznar fue fulminante. Tras ser nombrado vicepresidente nacional del PP en enero de 1989, en pocos meses fue elegido candidato a la presidencia del Gobierno, aunque tuvo que perder unas elecciones legislativas hasta lograr una ajustada derrota sobre un deteriorado Felipe González. Fue el 3 de mayo de 1996 cuando José María Aznar - “un muchacho por quien nadie daba un duro”, en palabras del director del colegio donde estudió- ganó las elecciones y se convirtió en presidente del Gobierno español.

Algunos atribuyen a su esposa Ana Botella, con quien se casó en 1977, gran parte del éxito de la carrera política de Aznar. Cuando se conocieron en la facultad de Derecho, Ana Botella ya militaba en AP, donde gozaba de buenas relaciones con la cúpula del partido. Al parecer, fue ella quien convenció a Aznar de que se afiliase, cuando éste se planteaba ingresar en UCD, una formación de talante más moderado que la entonces explícitamente conservadora AP.

Tras seis años al frente de la presidencia del Gobierno –los dos últimos con mayoría absoluta-, Aznar no se presentará a la reelección para presidir el PP. Se retira satisfecho de haber logrado sus principales propósitos al frente del partido: afianzar su implacable liderazgo -ya se habla de ‘aznarismo’, un concepto muy cercano al ‘felipismo’ que tanto criticó el PP cuando estaba en la oposición- y transformar su partido en una formación de centro-derecha moderna. Aznar ha conseguido, asimismo, consolidar una nueva generación de jóvenes populares, entre los que se encuentran su yerno, Alejandro Agag, Adolfo Suárez Illana y Sandra Moneo.

Muchos reprochan a Aznar, sin embargo, que en el ‘giro al centro’ popular ha primado la forma sobre el fondo. La incorporación de antiguos militantes de izquierda en el equipo ministerial, el esfuerzo por entablar relaciones cordiales con las socialdemocracias europeas, la transformación del maltrecho concepto de nacionalismo español en 'patriotismo constitucional' o el acercamiento a CiU no son más que movimientos estratégicos destinados a modificar la imagen del partido, que no se refleja en políticas concretas.

Aznar ha logrado una sólida imagen de líder consagrado a través de una "lluvia fina", para utilizar su propia metáfora: una monótona llovizna que, de manera imperceptible pero implacable, acaba calando hasta los huesos. Algo muy difícil de imaginar cuando, incluso desde el PP, se le reprochaba su falta de carisma. Pese a que, según él, los secretos de su éxito son trabajo y perseverancia, Aznar alimenta su imagen de líder todopoderoso con incontrolables destellos de absolutismo. Uno de ellos, su misterioso “cuaderno azul” en el que se esconden todos los secretos de su Gobierno. Entre ellos, probablemente, un nombre que todavía no quiere desvelar: el de su sucesor, que designará sin primarias el propio Aznar

Rato, Rajoy, Mayor Oreja, Arenas y Acebes parecen los candidatos con más posibilidades. Aunque dicen asumir la batalla con deportividad, el obsesivo secretismo de Aznar –más parecido a una rabieta infantil que a la reflexión mesurada del presidente de la UE- puede dañar a una formación que siempre se ha caracterizado por su absoluta cohesión alrededor de un líder. 

 
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