Antoni Elías júnior, Toni para los amigos, nació un 26 de marzo de 1983 en Manresa, Catalunya. Nieto, sobrino e hijo de pilotos -su padre, Antonio Elías senior, se proclamó once veces campeón de España de motocross-, el pequeño Toni creció en un ambiente cien por cien motorista. El olor a gasolina de la tienda de motos familiar marcó su infancia y casi aprendió a ir en moto antes que a caminar. A los cuatro años se inició en el mundo del motor practicando motocross y empezó a competir, siguiendo los pasos de su padre, su ídolo y gran apoyo en todos los grandes premios. Poco después cambiaría el motocross por la velocidad. Su madre, Mei, también acompaña a Toni allí donde va, cuidando hasta el más mínimo detalle.
Hasta debutar en el Mundial de motociclismo del 2000, de la mano del equipo italiano Chupa Chups Team, Elías destacó en disciplinas menores, como las pocket bikes, los escúters o el Open RACC, y acabó en la tercera posición del campeonato de España de motociclismo en 1999. Allí estuvo bajo las órdenes de Alberto Puig, quien enseguida percibió su enorme calidad y lo fichó para el Telefónica Movistar Junior Team. La progresión del catalán ha sido enorme en su segunda temporada en el Mundial de 125, una competición que ha liderado por delante de otros pilotos más experimentados y con mejores máquinas que él.
Desde el pasado 30 de junio de 2001 es el piloto español más joven en ganar una carrera del Mundial de motociclismo. Fue en el circuito holandés de Assen, la catedral de las dos ruedas. Esta victoria, junto a la que consiguió en Brno, representa la cima de la brillante trayectoria que llevó a cabo el año pasado, y que incluyó ocho podios consecutivos en nueve carreras. Su primer podio se produjo en el mítico Le Mans, en Francia, donde fue tercero en la cuarta prueba de la temporada.
Su timidez y la voluntad de su entorno de protegerle al máximo le han permitido centrarse en lo que más le gusta: subirse a una moto y competir. Elías es lo más alejado a una estrella, la antítesis del bufón Valentino Rossi, aunque ambos se asemejen en su talento arrollador. La perla del motociclismo español tiene los pies en el suelo y sabe muy bien lo que quiere y cómo lo quiere. Para muestra, un botón: "El motociclismo es mi vida. Se trata de un deporte difícil y de alto riesgo, en el que hay que correr al máximo pero siempre sabiendo donde está tu límite".
Y es que Elías arriesga lo justo, y eso se traduce en carrera, donde sólo cayó una vez en la temporada 2001. Asegura que tiene miedo y que hay que tenerlo en su profesión para pensar mucho las cosas antes de hacerlas. Su manera de pilotar le da una cierta ventaja respecto a sus rivales en las salidas de curva, porque frena antes que el resto y sale de los virajes a mayor velocidad. Los arranques de carrera son su otro fuerte: acostumbra a ser el más rápido y se sitúa el primero en muchas ocasiones, lo que le permite empezar con ventaja.
Su carrera acaba de empezar pero todo apunta a que será larga y fructífera. Su entorno le protege e intenta que no se le suba la fama a la cabeza. El respeto a los rivales es algo que sus padres y su entrenador le han inculcado desde siempre, y él lo lleva a rajatabla. El salto a 250 se ha producido esta temporada, y Elías está como loco ante el reto de pilotar una Aprilia en el cuarto de litro. Sólo piensa en competir y darlo todo en cada gran premio. Y sabe que tiene a la afición en el bolsillo aunque no haya ganado el título de Campeón del Mundo de 125. Un sueño que puede hacerse realidad muy pronto en los 250.
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