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     Michael Jordan
  El mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos
 
         
   

"Hoy me he enfrentado a Dios vestido de jugador de baloncesto". Así definió el gran Larry Bird la soberbia actuación de Michael Jordan en 1986, en un partido contra los Celtics'Air' anotó 63 puntos y estableció un nuevo récord de puntuación en unos playoffs. Ese día empezó el reinado en la NBA de un hombre que es una leyenda viva. Y ahora ha vuelto para seguir demostrando que es el más grande.

   
         

 Jordi Fandiño
Redacción Telepolis

El barrio neoyorquino de Brooklyn vio nacer, en el seno de una familia humilde, a Michael Jeffrey Jordan un 17 de febrero de 1963. En los primeros años de vida fue un niño débil, que sufrió hemorragias hasta los cinco años. En la adolescencia combinó el baloncesto con el béisbol, su otra gran pasión, hasta que en 1978, a los 15 años, pidió entrar en el equipo de baloncesto del instituto Laney High de Wilmington (Carolina del Norte), pero no lo quisieron por bajo. Lejos de hundirse, el pequeño Michael se preparó a conciencia para cumplir su sueño, algo que conseguiría en 1982 al ser aceptado en el equipo de la Universidad de Carolina del Norte.

Los tres años que jugó en la NCAA, la liga universitaria, sirvieron para que Jordan se labrara un nombre. En 1982 encestó el tiro decisivo que hizo campeón a su equipo, en la temporada 1983-1984 fue nombrado mejor jugador universitario y en el verano de 1984 llevó a Estados Unidos a ganar el oro en los Juegos Olímpicos de Los Angeles. Tras el verano abandonó la universidad e ingresó en la NBA. En el draft fue seleccionado en tercera posición por Chicago Bulls, que hizo sin duda el mejor negocio de su historia. Jordan no fue número uno porque las dos primeras franquicias con derecho a elección, Houston y Portland, necesitaban pivots y optaron por Olajuwon y Sam Bowie. El de Brooklyn pronto les hizo ver que se habían equivocado.

Desde sus inicios en la NBA, Jordan deslumbró a todos con su facilidad para anotar y unos saltos que desafiaban las leyes de la gravedad y que le hicieron merecedor del apelativo 'Air'. Las marcas comerciales se lo disputaban, y se convirtió en la imagen exclusiva de Nike. El número 23, las iniciales MJ o la marca Air se hicieron famosos y todos los niños querían llevar la misma ropa que su ídolo. En su tercera temporada, la 1986-87, se convirtió en el segundo jugador, tras Wilt Chamberlain, en anotar más de 3.000 puntos en un año. Antes había maravillado al mundo anotando 63 puntos en el Boston Garden ante los Celtics en los playoffs. Fue la noche en la que Larry Bird comparó a MJ con Dios. Sus duelos con el alero de los Celtics o con el base de los Lakers, Magic Johnson, marcaron una de las épocas más brillantes.

Todo gran jugador necesita títulos para ser reconocido, y Jordan no los obtuvo hasta 1991. A su alrededor se montó un equipo en el que brillaba con luz propia Scottie Pippen, su fiel escudero. Empezaba la época dorada de los Bulls, que ganarían de forma consecutiva el anillo de campeón en 1991, 1992 y 1993. ‘Air’ añadió a estos tres títulos la medalla de oro de Barcelona’92 con el Dream Team, siete títulos consecutivos de máximo anotador de la liga entre 1987 y 1993, y la condición de máximo anotador en la historia de los Chicago Bulls. Pero el sueño se rompió. Poco antes de empezar la temporada 1993-1994 y tras la violenta muerte de su padre, MJ anunciaba su retirada del baloncesto en activo por falta de motivación.

Sin embargo no abandonó el deporte de alta competición y probó con el béisbol en 1994, en los Chicago White Sox. Jordan fracasó pero se dio cuenta de que todavía podía ofrecer muchas cosas a los Bulls. A finales de la 1994-1995 se reincorporó y al año siguiente volvía a conseguir el título de campeón. Las ganas con las que volvió le permitieron añadir al anillo el título de máximo anotador y los galardones de MVP de temporada regular, playoff y All Stars. Con su retorno, los Bulls iniciaron un segundo reinado, durante el cual consiguieron los campeonatos de 1996, 1997 y 1998. El 15 de junio de ese último año, el día de la conquista del sexto anillo, Jordan se retiraba (parecía que definitivamente) y ponía el broche de oro a una carrera inigualable.

A principios del 2000 volvía a la NBA, como director de operaciones deportivas de Washington Wizards. Jordan tenía la misión de reestructurar un equipo mediocre para relanzarlo en la liga, y mientras buscaba una estrella para conseguirlo, en su cabeza iba tomando forma la idea de volver. El verano pasado lo intentó, pero unos problemas físicos impidieron su regreso. No obstante, en septiembre, un mes antes del inicio de la temporada, convocó una rueda de prensa oficial para anunciar que reaparecía. “Vuelvo por amor al baloncesto. Creo que no hay mejor manera de enseñar a los jóvenes jugadores que estando con ellos en la pista”, dijo 'Air'.

La reacción inmediata a su anuncio fue un interés desmedido de los medios de comunicación por el club capitalino, que registró un incremento espectacular en la venta de abonos y en los ingresos publicitarios. Paralelamente se abrió un debate sobre los partidarios y los detractores del retorno de Jordan. Los críticos dicen que, a su edad, no tiene nada que hacer en una liga muy física dominada por los jóvenes. Sus defensores dicen que 'Air' conserva el espíritu ganador y la sed de victoria, y eso es lo más importante porque él ya sabrá adaptar el juego a su estado físico a sus 38 años. El debate está ahí, aunque resulta estéril: Jordan siempre estará a un gran nivel, considerado por muchos como el mejor jugador de baloncesto de la historia.

 
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