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     Silvio Berlusconi
  Primer ministro italiano
 
         
   


‘Il Cavaliere’ ganó sus primeras liras vendiendo apuntes a compañeros de colegio. Más tarde llegaron los negocios inmobiliarios y la compra de compañías de comunicación. Aupado a la presidencia gracias a los ciudadanos desilusionados con los partidos de izquierda, Berlusconi gobierna Italia de la misma manera que
lo hace con sus empresas.

   
         

 Alberto Martínez
Redacción Telepolis

Muchas personas desconocen que el actual primer ministro italiano amenizaba con sus canciones algunos cruceros por el Mediterráneo. Berlusconi tenía por entonces poco más de 18 años. Desde aquella época ha llovido mucho y ahora es el hombre más rico de Italia, el tercero de Europa y el decimoquinto del mundo según la revista Forbes.

Su habilidad para crear empresas prósperas es innegable. Lo demostró cuando puso en marcha una constructora con sólo 23 años mientras estudiaba Derecho en Milán. Una vez licenciado, Berlusconi se dedicó a construir complejos residenciales por el norte de Italia inspirados en la obra Utopía de Tomas Moro.

A mediados de los años 70, fijó su objetivo en las empresas de comunicación. Su experiencia piloto en este sector fue Telemilano, un canal por cable para una de las microciudades que había promovido años atrás. La apuesta fue todo un éxito y Berlusconi se lanzó a la compra de otros medios. En poco más de cinco años era dueño del diario Il Giornale y de las televisiones Canale 5, Italia Uno y Rete 4. La emisión en cadena de todas ellas cubría la práctica totalidad de la península de la bota.

En 1986 compró el club de fútbol A.C. Milán y cuatro años más tarde se ganó el título de “magnate de la comunicación” con la adquisición de la empresa editora de La Repubblica, L’Expresso, Epoca y Panorama. A finales de esta década un tercio del sector editorial del país estaba en sus manos y sus televisiones se llevaban el 60% de los ingresos por publicidad en horario de máxima audiencia.

Sin embargo, Berlusconi quería más poder y dio el salto a la esfera política. La agencia de publicidad de su emporio diseñó el programa político y creo una nueva formación: Forza Italia. Berlusconi se erigió como garante de la identidad italiana, de la honestidad política y de la lucha contra la mafia e impulsó una alianza de partidos en la que entraron formaciones neofascistas y separatistas.

La presión mediática de sus empresas consiguió el efecto deseado y Berlusconi se hizo con la presidencia italiana. Nunca antes en Occidente un empresario sin ningún tipo de experiencia política había conseguido semejante éxito en tan poco tiempo. No obstante, la alegría de ‘Il Cavaliere’ duró poco. A los nueve meses de ocupar el cargo, la justicia abrió varias causas contra él por presuntos delitos de corrupción. Sus socios de gobierno decidieron entonces salir de la coalición y Berlusconi perdió la presidencia.

La sombra de la corrupción, que tanto había denunciado en la campaña electoral, amenazó su figura durante varios años aunque la lentitud de la justicia italiana hizo que prescribieran todos los delitos que presuntamente cometió.

Tras pasar varios años en la oposición, Berlusconi se presentó a las elecciones anticipadas de mayo de 2001. Rescató su estrategia de alianzas e impulsó La Casa de las Libertades, un pomposo nombre para una coalición de partidos conservadores. La campaña electoral fue muy dura. ‘Il Cavaliere’ engatusó a la clase media del país y a la burguesía del norte prometiendo rebajas fiscales, mientras que para ganar el voto del sur se comprometió a invertir en la zona 10.000 millones de euros.

El 13 de mayo de 2001 Berlusconi ganó por mayoría absoluta. Su mandato inició el recorrido de forma tranquila pero ahora, cuando han pasado siete meses, la tormenta vuelve a recaer sobre él. Las prometidas inversiones y rebajas de impuestos no han llegado y para desviar la atención ha decidido ser la nota discordante de la Unión Europea: Italia ha sido el país que peor ha gestionado el proceso de distribución del euro mientras que Renato Ruggiero, ministro de Exteriores, fue “invitado” por Berlusconi y otros miembros del Gabinete a dejar su cargo por ser demasiado europeísta.

‘Il Cavaliere’ rompe así la tradición comunitaria de Italia. El resto de Gobiernos de la Unión no se atreven a criticarle directamente, pero el malestar por el giro nacionalista de Berlusconi aumenta día a día.

 
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