Nació el día de Navidad de 1924 en el estado de Madhya Pradesh. Su familia, bastante numerosa, pertenecía a una de las castas altas de la fragmentada y clasista sociedad india. Su primer oficio fue el de periodista, labor que compaginaba con la militancia en varios movimientos políticos nacionalistas de corte conservador. Como otros muchos millones de indios, el joven Vajpayee quería fuera de su país a los británicos para poder vivir en un estado libre, deseo que se materializó en agosto de 1947.
Escribir era una auténtica pasión para este joven pero lo que realmente deseaba Vajpayee era formar parte del poder político. Por este motivo se graduó en Ciencias Políticas. Poco después obtuvo su primer escaño en la Cámara baja del Parlamento federal indio. Tras sobrevivir durante 20 años a las luchas de poder en su propio partido, consiguió la cartera de Asuntos Exteriores en el año 1977. Desde este cargo, Vajpayee transformó el tradicional amiguismo de India hacia Moscú por una mayor colaboración con Washington.
Una vez retornó a la oposición, Atal Bihari Vajpayee no se cansó nunca de divulgar a los cuatro vientos sus creencias políticas. Éstas pasaban por equiparar la religión hindú a la nacionalidad india. Vajpayee no cayó en la cuenta de que un mensaje como éste podía ser peligroso en un país como la India en el que conviven 1.000 millones de personas con un amplio abanico de lenguas, religiones, culturas y etnias.
El 19 de marzo de 1998, Vajpayee juró el cargo de primer ministro. Su partido, el Bharatiya Janata Party (Partido del Pueblo Indio) no disfrutaba de mayoría absoluta. Además, estaba respaldado por pequeños partidos políticos que no tenían mucho en común por lo que la inestabilidad estaba más que garantizada, una inestabilidad que no se quedaría en el ámbito interno. En el mismo discurso de investidura, Vajpayee hizo oficial una situación conocida por algunos países y sospechada por otros: la India estaba decidida a embarcarse en una carrera armamentística nuclear. ¿El motivo? Según Vajpayee, las amenazas a las que estaba expuesto su país. El flamante primer ministro se refería a Pakistán, Estado con el que mantiene un histórico enfrentamiento sobre el control del territorio de Cachemira, único estado indio de mayoría musulmana. El Gobierno paquistaní no tardó mucho en picar el anzuelo y realizó varias pruebas con armamento nuclear. Las disputas entre ambos países provocaron el enfado de Occidente y China. La ONU condenó la actitud de los dos países asiáticos y Estados Unidos decretó una serie de sanciones económicas.
En 1999, el Partido del Pueblo Indio, con Vajpayee a la cabeza, perdió por un solo voto una moción de confianza a la que se enfrentó en el Parlamento federal. Por este motivo, el sexto ejecutivo que gobernaba la India desde 1996 tuvo que convocar elecciones anticipadas. El dimisionario político volvió a presentarse al cargo pero Sonia Gandhi, de nacionalidad italiana y viuda de Rajiv Gandhi, quería impedírselo.
Bajo la promesa de reformar la Constitución para que no se pudieran celebrar elecciones más que cada cinco años, a pesar de que el gobierno de turno pierda la confianza del Parlamento, Vajpayee ganó el duelo a su oponente, quien recogía la herencia política de la familia Nehru-Gandhi. Con la victoria, el Partido del Pueblo Indio se enfrentaba a un difícil reto: llevar las riendas de un Estado poblado con 1.000 millones de habitantes fragmentado social, político y religiosamente, y evitar que las diferencias con Pakistán respecto al estado de Cachemira derivaran en un enfrentamiento militar.
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