Se ha vuelto muy (im)popular por sus planes para crear al primer ser humano clonado, pero el doctor Antinori ya lleva algún tiempo siendo el tema de conversación principal de muchos ginecólogos, y de muchos profanos, por sus sorprendentes logros en el campo de la reproducción y fertilización artificial. A pesar de la desaprobación de sus colegas, lo cierto es que sus avances en este terreno no son nada despreciables y la ciencia le debe el récord de embarazo más tardío cuando, en 1994, implantó un óvulo fertilizado en el útero de una mujer de 63 años.
Nacido en Civitella del Tronto, en los Abruzos, este ginecólogo italiano de 56 años se especializó en técnicas de fecundación artificial y en 1980, junto con su esposa, la bióloga Caterina Versaci, abrió un instituto de investigación de reproducción asistida en Roma. Rápidamente ganó fama y envidias por la efectividad de sus tratamientos y la afluencia, cada vez mayor, de pacientes ansiosos por tener un bebé.
Además de ciertos enemigos en la comunidad científica, sus procedimientos y su creciente interés por las técnicas de clonación le han causado algunos problemas con la Iglesia. Antinori se declara creyente pero critica que "la Iglesia, que defiende la vida, se cebe en aquellos que quieren tener hijos". Y asegura que "la ciencia italiana está en manos de los 'taliban' católicos". Claro que, ante iniciativas como su anuncio en 1995 de que haría padre a un cura estéril, no es de extrañar que el Vaticano no le tenga en gran estima.
Quizás para tener una tribuna desde donde defender sus ideas, el año pasado hizo un intento -que fracasó- de entrar en política de la mano de Autonomía Liberal, una formación que milita en contra del aborto. Después de esta corta trayectoria, ha regresado a la ciencia, pero no lo ha hecho solo. Junto a su colega, el profesor Michael Zavos, ha iniciado un proyecto con el que pretende preñar a 200 mujeres, procedentes de varios países, con embriones clonados. A partir de una técnica semejante a la usada con la oveja 'Dolly', Antinori introducirá en la matriz de las pacientes óvulos fecundados con una célula extraída de sus parejas.
De todas formas, nadie se toma demasiado en serio las 'amenazas' de reproducción artificial por clonación de Antinori a causa de varios motivos. Primero, porque su laboratorio y centro de operaciones se encuentra en una zona tan secreta que ni figura en los mapas, o está a bordo de un barco en aguas internacionales, quién sabe. Aunque todo apunta que lo haya instalado en Dubai (Emiratos Árabes). Y en segundo lugar, porque cuenta con el apoyo de la inefable secta de los raelianos, representada por su colaboradora, la doctora Brigitte Boisselier, unos 'iluminados' cuya doctrina radica en que el camino a la salvación del alma es la clonación.
De momento, Antinori ya ha cumplido su promesa y el primer ser humano clonado está en camino. El Mr. Hyde de la ciencia –otro de sus apodos- ha anunciado, recientemente, que una mujer entre las miles de parejas infértiles incluidas en su programa de reproducción se encuentra en la octava semana de embarazo, y si todo se desarrolla según manda la naturaleza, en unos meses más Antinori habrá conseguido 'fabricar' un ser humano completo.
Hasta la fecha, el único clon humano que se conocía era el producido por el equipo del laboratorio norteamericano Advanced Cell Technology (ACT), que hace unos meses anunció la creación del primer embrión con fines terapéuticos. Un logro del doctor Michael West, con una finalidad menos lucrativa que la de Antinori: la aplicación en enfermedades degenerativas, como el cáncer, el Parkinson o el Alzheimer.
|