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     Carlos Sainz
  Bicampeón del Mundo de rallyes
 
         
   

A sus 40 años y tras 15 temporadas disputando el Mundial de rallyes al más alto nivel, Sainz sigue al pie del cañón. Y eso tiene mucho mérito cuando compañeros de generación como Kankkunen o Auriol están en el ocaso de su carrera. Junto al copiloto más famoso del planeta, el piloto con más rallyes de la historia todavía aspira a conquistar la corona mundial. 'El Matador' aún tiene hambre de triunfo.

   
         

 Jordi Fandiño
Redacción Telepolis

Carlos Sainz Cenamor, el único piloto español que ha sido campeón del Mundo de rallyes, nació el 12 de abril de 1962 en Madrid. Desde jovencito demostró su amor por el deporte -practicó varias especialidades e incluso se proclamó campeón de España de squash- y su enorme pasión por el mundo del motor, que le sorprendió a los 13 años a través de Juan Carlos Oñoro, quien llevaba de copiloto a Juanjo Lacalle, su actual mánager. Sainz les acompañaba en los entrenamientos de los rallyes de la zona centro y cuando podía se iba a las carreteras de tierra de los alrededores de Somosaguas.

A los 19 años abandonó los estudios de Derecho para dedicarse a correr rallyes, y desde entonces ha protagonizado una de las carreras más brillantes en la historia de este deporte a nivel mundial. Empezó su andadura en el mundo de los rallyes compitiendo en el primer Campeonato Nacional Seat Panda, en el que se impuso. Allí nació una carrera trufada de éxitos, entre los que destacan los dos títulos de campeón del Mundo de rallyes (1990 y 1992), cuatro subcampeonatos, 23 victorias en pruebas del Mundial, el récord de participaciones en rallyes de la historia de este deporte (155) y más de 80 podios.

Comenzó a ser conocido internacionalmente conduciendo un Renault de grupo B en la década de los 80, y tras conquistar en dos ocasiones el Campeonato de España, se unió al gallego Luis Moya, su copiloto y amigo, para asaltar el título mundial de la mano de Ford en 1987. Ambos forman una de las parejas más sólidas y carismáticas del Mundial de rallyes, sobre todo por el particular sistema de comunicación que han inventado, con los peculiares 'arras' y 'sasar' como más destacados. En el plano personal, hay que destacar que desde 1992 está casado con Reyes Vázquez de Castro, con quien ha tenido tres hijos: Blanca, de 8 años, Carlos, de 7, y Ana, de 3.

Conocido en los ambientes automovilísticos con el apodo de 'El Matador', el piloto madrileño es capaz de vencer sobre cualquier superficie, y tan sólo se le resiste el Rallye de Suecia, coto exclusivo de los pilotos escandinavos, una dura prueba en la que la nieve y el hielo juegan un papel fundamental. Según los expertos, Sainz es un piloto atípico porque, a diferencia del resto de pilotos mediterráneos, se encuentra más cómodo en las superficies deslizantes que sobre el asfalto.

Tras correr en Ford, con un Sierra Cosworth, y en Toyota, con el Celica bicampeón del Mundo, Sainz y Moya pasaron a formar parte del equipo Lancia en 1993, un año desastroso en cuanto a resultados. La temporada siguiente ficharon por Subaru y a punto estuvieron de ganar el campeonato en 1994 con la firma coreana, ya que con el Imprezza 555 fueron subcampeones en los apartados de pilotos y marcas.

En 1996 iniciaron su segunda etapa en Ford, en la que estuvieron dos temporadas compitiendo con un Escort Cosworth con el que consiguieron algunos podios y dos terceros puestos finales en el Mundial. Después de esta interesante aventura en la marca del óvalo, la pareja española quiso repetir de nuevo la experiencia de correr para Toyota, la marca que les permitió ganar dos veces el Mundial de rallyes, y emprendieron una nueva etapa en 1998.

En el equipo japonés, Sainz y Moya sufrieron la mayor decepción de su carrera deportiva al perder el título mundial a 300 metros de la meta del último rallye de la temporada. Una biela falló y el Corolla de los españoles se paró, sin que nada pudieran hacer para arrancar de nuevo el coche. Las lágrimas de impotencia que caían por los rostros enfurecidos de Sainz y Moya y el desesperado grito de "Carlos, trata de arrancarlo", proferido por el gallego, dieron la vuelta al mundo. El subcampeonato mundial no sirvió para aliviar tan duro golpe, y al año siguiente la motivación no fue la misma.

Quizá por eso, en el 2000 Sainz emprendió su tercera etapa en Ford. El madrileño rechazó un ofrecimiento para competir con un Toyota no oficial y firmó un nuevo contrato con la marca estadounidense para ser compañero de McRae, al volante de un Focus WRC. Al fin pudo vencer en un rallye, ya que en el 99, un año para olvidar, no fue primero en ninguno, completando de este modo la segunda temporada en blanco de su dilatada trayectoria deportiva, tras la del año 1993.

El año pasado, pese a ser tercero del Mundial, por delante de su compañero de equipo, Colin McRae, echó por tierra sus escasas posibilidades al título en el Rallye de Australia por un error infantil. Una parada técnica donde no debía le recordó amargas experiencias anteriores, ya que allí tiró por la borda sus opciones de ser nuevamente campeón. Sin embargo, el año 2000 devolvió al deporte de los rallyes al Sainz ganador. El español fue vencedor en Chipre y segundo en Montecarlo y Acrópolis.

Sus éxitos deportivos y su papel relevante dentro del deporte español le permitieron llevar a cabo uno de sus grandes sueños: volcar toda su experiencia en una escuela de pilotos de rallyes. En 1998 creó el Carlos Sainz Junior Team, un equipo de jóvenes promesas que participa en el Campeonato de España y con el que los aficionados a este deporte esperan que salga un digno sucesor de Sainz.

 
 
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