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     Jacques Chirac
  Presidente de la República Francesa
 
         
   

El pasado 5 de mayo ganó por segunda vez las elecciones presidenciales francesas tras otros dos intentos fallidos. El veterano político protagonizaba así el último episodio de una trayectoria profesional iniciada ahora hace 35 años.

   
         

 Alberto Martínez
Redacción Telepolis

A la pregunta de qué opinan de su presidente, los franceses se muestran divididos. Muchos responden que Chirac es un bon gars –un buen tipo- mientras que otros prefieren utilizar el sobrenombre de Camaleón Bonaparte o La Girouette –la veleta- por sus constantes cambios de opinión y criterio.

Dejando de lado unas y otras consideraciones, lo cierto es que si Jacques Chirac ha conseguido permanecer en diversos cargos políticos durante más de 35 años es porque tiene cualidades para ello y porque sus conciudadanos no dan demasiada importancia a sus presuntos episodios de corrupción política, amiguismo y utilización de cargos públicos para sus negocios privados.

Jacques Chirac entró en la arena política en el año 1967 bajo la bandera del General De Gaulle. El partido le envió al departamento de Corrèze, un bastión indiscutible de la izquierda, para ganar su escaño. El joven Chirac no sólo ganó los comicios de ese año por esta provincia sino que consiguió ser reelegido en ocho ocasiones.

Cinco años más tarde, Chirac se sentaba por primera vez en la mesa del Consejo de Ministros. En sus manos portaba la cartera del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, un cargo que desempeñó durante dos años antes de ser nombrado primer ministro por el recién elegido presidente de la República, Valéry Giscard d’Estaing.

El corsé del partido apretaba demasiado y Chirac sabía que podía llegar muy lejos, pero sólo triunfaría si continuaba su carrera en solitario. Dicho y hecho. En 1976 dejó el cargo de primer ministro y formó su propio partido, RPR (Reagrupamiento por la República), una formación considerada ‘neogaullista’. La fuerza personal de Chirac, unido a la simpatía que generaba entre los franceses por su sonrisa y sus costumbres populares le dieron la llave del consistorio parisino. El flamante alcalde estaba pletórico. Con un solo año de vida, su partido político había ganado la confianza de los ciudadanos de la capital y además podía utilizar esta responsabilidad para aumentar su popularidad y saltar a su siguiente objetivo: recuperar el cargo de primer ministro.

Esta empresa no fue tan sencilla para Chirac como las que había superado con éxito años atrás. No en vano tardó varios años en lograrlo. Se presentó por primera vez con su propio partido en 1981 y no pasó de la primera vuelta. Lo volvió a intentar cinco años después y en esta ocasión arrasó inaugurando la experiencia de la cohabitación: un presidente, François Mitterrand, de izquierdas y un primer ministro, Chirac, de derechas.

Tras varios años repartiendo su tiempo entre la alcaldía de la capital y la jefatura del Gobierno, Chirac da el paso definitivo hacia el Elíseo en 1995, un sueño en el que ha invertido más de 18 años y que le ha llevado a uno de los cargos más influyentes de la política internacional.

Su gestión comenzó con un nuevo programa nuclear que detonó varias bombas en islas del Pacífico propiedad de la República Francesa -un activista de Greenpeace murió por la deflagración de una de las bombas- para poco después impulsar una potente agenda verde. A continuación, Chirac designó a un miembro de su partido del sector más derechista como ministro de Finanzas cuando había prometido en su campaña tender puentes con los sectores de izquierda. A partir de entonces algunos franceses pasaron a llamarle La Girouette (la veleta). Después llegaron las acusaciones de tráfico de influencias y corrupción, aunque Chirac ha sabido zafarse limpiamente de ellas.

Su lucha por la reelección, ha marcado un antes y un después en la historia política de Francia. A la primera vuelta de los comicios presidenciales de mayo de este año se presentaron tres candidatos: el socialista Lionel Jospin, el líder del Frente Nacional (FN) Jean-Marie Le Pen y el propio Chirac. El mensaje xenófobo y antieuropeo del político de extrema derecha pudo más que las desesperadas promesas socialistas y Jospin quedó apeado de la carrera hacia el Elíseo. Un escalofrío recorrió la espina dorsal de muchos ciudadanos europeos cuando comprobaron que un 16,9% de los franceses dio su voto a Le Pen. Afortunadamente, una amplísima movilización nacional unió a los votantes de izquierdas y derechas democráticas en un único bloque que impidió que este despropósito fuera a más en la segunda vuelta. Chirac consiguió un 82,2% de los votos emitidos el 5 de mayo y Europa respiró tranquila ante el batacazo del discurso radical de Le Pen.

El 16 de mayo de 2002 Jacques Chirac prestó juramento de su segundo mandato como presidente de Francia, un éxito personal que redondeó en el mes de junio con la victoria de su candidato en las legislativas.

 
 
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