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Aunque
para hacer trampas en un examen se siga empleando la tradicional
chuleta camuflada en un boli, a la hora de presentar un trabajo
de clase las formas de ahorrarse esfuerzo se han vuelto mucho más
sofisticadas. Hace
tiempo que existen en Internet páginas web dedicadas al intercambio
o a la venta de trabajos de clase que resultan fáciles de
copiar y presentar como si fueran originales. Un estudiante en apuros
no tiene más que buscar en los archivos de dichos servicios para
encontrar el tema deseado, bajarse el texto, y utilizar las partes
más aprovechables para redactar su propio trabajo. Además, muchos
profesores publican en la red las redacciones de sus mejores alumnos.
En total, son miles los trabajos ajenos disponibles
para uso propio.
Muchos estudiantes con acceso a Internet se han hecho muy adeptos
a esta técnica de "cortar y pegar". Un estudio de 1991 de la Universidad
de Rutgers, llevado a cabo en 31 universidades de los EE.UU.,
encontró que el 66% de los 16.000 alumnos encuestados había hecho
trampas en algún momento de la carrera. De hecho, el sistema funciona
tan bien que en EE.UU., donde se sospecha que el plagio en las
universidades está adquiriendo proporciones de plaga, empiezan
ahora a surgir "contrapáginas" dedicadas a delatar a los alumnos
tramposos mediante una comparación exhaustiva de todos los trabajos
disponibles en la red. Lo más curioso de estos programas es que
muchos de sus creadores no son profesores, como cabría esperar,
sino estudiantes.
En
los EEUU no hay estudiantes solidarios sino empresas especializadas.
Si los trabajos deseados por el cliente ya existen, son
9 dólares por página. Si hay que hacerlos de encargo, se
pueden cobrar 20 o 30 dólares por página. |

En
España existe desde 1.998 El Rincón del Vago, una página dedicada
al intercambio gratuito de apuntes y trabajos por Internet.
En EE.UU. este tipo de páginas ya se cuentan por acientos,
aunque a diferencia de España, no se trata tanto de servicios
gratuitos entre estudiantes solidarios, sino de empresas bien
organizadas llamadas "paper mills", auténticas fábricas dedicadas
a la oferta de trabajos reciclados o de encargo que hacen negocio
con la desesperación estudiantil. Si los trabajos deseados por
el cliente ya existen, el precio suele rondar los 9 dólares
por página. Si hay que hacerlos de encargo, las tarifas se disparan
hasta los 20 o 30 dólares por página. Los gastos de envío rápido
incrementan la cifra final en otros 15 dólares. Así pues, un
trabajo de encargo de 5 folios puede costar más de cien dólares.
En
EE.UU., donde se sospecha que el plagio en las universidades
está adquiriendo proporciones de plaga, empiezan ahora a
surgir "contrapáginas" dedicadas a delatar a los alumnos
tramposos. |
Páginas como "Phuck School" o "The Evil House of Cheat" ofrecen
miles de trabajos organizados en categorías sobre cualquier tema
imaginable, desde las obras de Shakespeare hasta la ginecología.
Otra página, "School Sucks", ofrece "la mayor colección
de trabajos gratuitos aunque, eso sí, malísimos". Para evitar
que se les acuse de fomentar el plagio, estas empresas se suelen
cubrir las espaldas mediante la publicación de advertencias avisando
de que el plagio es un delito y que ellos no se hacen responsables
del uso que se pueda hacer de sus productos. Pero la seriedad
del problema es tal que la Boston University, en un caso sin precedentes,
ya ha iniciado un juicio contra ocho "paper mills" por vender
trabajos por Internet a alumnos suyos.
Con semejante cantidad de fuentes de inspiración, hasta hace poco
a un profesor le resultaba casi imposible detectar con seguridad
las partes copiadas de un trabajo sospechoso. Pero es precisamente
el instrumento que ha facilitado el plagio masivo en las aulas-
el ordenador- el que ofrece ahora la solución al problema. Ya
está empezando a surgir una industria paralela dedicada al anti-plagio,
gracias a programas de ordenador que comparan todas las frases
de un texto con otros textos disponibles en Internet para calcular
el grado de similitud entre ellos. El pionero de esta técnica
es Plagiarism.org, un software desarrollado por un estudiante
de doctorado de la Universidad de California en Berkeley. John
Barrie, doctorando en biofísicas, decidió crear el programa al
percatarse de que varios trabajos de clase publicados en Internet
se estaban reciclando para otras clases. Así que creó un programa
que compara frases de ocho y más palabras con los textos existentes
en cientos de páginas web dedicadas al intercambio o a la venta
de trabajos. Además, los contrasta con los periódicos, enciclopedias
y demás fuentes de información disponibles en la red. En 24 horas
los resultados estadísticos ya están listos y el profesor puede
saber el porcentaje de frases sospechosas contenidas en un trabajo.
El programa funciona tan bien que la UC Berkeley, donde recientemente
pillaron a 45 alumnos con este sistema, ya quiere adoptarlo para
todas sus clases.
Ya
está empezando a surgir una industria paralela dedicada
al anti-plagio, gracias a programas de ordenador que comparan
todas las frases de un texto con otros textos disponibles
en Internet para calcular el grado de similitud entre ellos. |
"Nuestro servicio pone en manos de los profesores el mismo poder
que detentaban hasta ahora los alumnos de forma exclusiva. Además,
detiene el plagio antes de que ocurra, puesto que al darse cuenta
de que su trabajo va a ser examinado por ordenador y contrastado
con una enorme base de datos, los alumnos se lo pensarán dos veces
antes de copiar," reza la página de Plagiarism.org
Los competidores no han tardado en llegar. Otro servicio, EVE,
asegura ser mucho más rápido que Plagiarism.org e incluso permite
bajarse gratis una versión de prueba durante 15 días. Los profesores
también están contraatacando mediante páginas web que dan consejos
sobre cómo descubrir a los alumnos copiones. En una de ellas, Plagiarized.com,
un profesor comenta que en 1993, en una ocasión, recibió un trabajo
cuya bibliografía más reciente databa de 1978 y que hablaba del
presidente Carter en el tiempo presente- una señal probable de
que el trabajo estaba copiado y además de fuentes antiguas.
Aunque ya han surgido críticas en el seno de las propias universidades--muchas
personas consideran la práctica una violación de la confianza
entre alumnos y profesores-- las empresas anti-plagio aseguran
que cada vez hay más instituciones académicas interesadas en sus
servicios. "Aunque un profesor sospeche
de un alumno, a menos que encuentre la fuente exacta de información,
jamás podrá demostrar un caso de plagio," recalca Plagiarism.org.
"Y pocos profesores tienen tiempo para dedicarse a buscar el origen
real de un texto sospechoso. Los estudiantes tenían muy poco que
temer...hasta ahora."
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